Tegaldowo, así se le reconoce a esta tierra de ricos suelos, verdes arrozales, bosques de teca y espectaculares montañas. Una zona tranquila en la superficie, pero inquieta en sus entrañas. Entre sus colinas están las mujeres de Kendeng, aquellas que residen en las montañas del North Kendeng en Indonesia, un laberinto diverso.

El karst, una formación de piedra que yace en las montañas de Kendeng es conocida como Ibu Bumi, su madre tierra. Esta región les permite cultivar y alimentarse, así como nutrir el ambiente que los rodea. 

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Leo Plunkett

Mientras trabajan en la tierra, las integrantes de Kendeng cantan: “La Madre Tierra ha dado, la Madre Tierra ha sido herida, la Madre Tierra buscará justicia”. Este es el himno de las “Kartinis of Kendeng”, las mujeres que lideran la resistencia contra el avance minero en las montañas de Indonesia.

Su canción está repleta de significado, de aquellas historias de injusticia social y medioambiental que enfrentan las comunidades indígenas de la zona. El movimiento activista comenzó cuando estas mujeres plantaron sus pies en el territorio en el que pretendían construir una fábrica de cemento.

Una demostración visceral de protesta que representó la desesperación de las comunidades y se convirtió en el primer posicionamiento de lucha ante los grandes inversores. 

La lucha de las mujeres de Kendeng en Indonesia

El archipiélago es el hogar de cientos de grupos étnicos. Aquí se hablan distintas lenguas y aún se practica la conexión con la naturaleza. Sin embargo, entre todo un simbolismo de unión a la Tierra, las mujeres se levantan como las verdaderas líderes y protectoras de la naturaleza.

Enfrentando intimidación, violencia e incluso la prisión, las mujeres de Kendeng defienden la cultura y los medios de vida de su gente y el planeta. Desafiando a la burocracia corrupta y a las fuerzas represivas, luchan por el reconocimiento de su existencia y el de la naturaleza.

Hace algunos años, la vida era tranquila en las montañas de Indonesia. Las mujeres y hombres trabajaban en los campos, recolectaban maíz y arroz y vivían en completa armonía con los recursos.

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A partir del 2014 las cosas comenzaron a agitarse. La primera empresa de propiedad estatal se acercaba a la zona para extraer el karst. Sin ningún aviso, la comunidad se veía desplazada por una empresa que justificaba la explotación a través de una licencia ambiental.

La piedra caliza del karst es el ingrediente clave del cemento y también lo es para la purificación del agua. Poco a poco las comunidades veían en las empresas una sed inmensa de extraer el material y, de igual manera, acabar con el equilibrio de los recursos en Kendeng.

No obstante, mientras la empresa Semen Indonesia se preparaba ese mismo año para comenzar la construcción de la fábrica, mujeres de la comunidad decidieron que estarían allí para oponerse.

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Leo Plunkett

“Para luchar por el medioambiente, no es necesario ser un hombre”- Sukinah, mujer de Kendeng.

Una vez que llegó el día para iniciar los trabajos, cerca de 100 mujeres se reunieron en el camino hacia la construcción. “Aunque hubo violencia de las autoridades, de los matones, nunca nos dimos por vencidas. Seguimos adelante. Porque esto es para nuestros hijos y nietos. Si la montaña está dañada, será nuestra responsabilidad”, agrega Sukinah, mujer líder de Kendeng.

Aunque es difícil de parar la sed del capitalismo, las mujeres se oponen porque creen firmemente que la tierra, el agua y los bosques son propiedad común. Desde este sentido, nadie debe tener control propio sobre los recursos naturales.

El lento despojo de los recursos en Kendeng 

Después del primer episodio de activismo indígena, las mujeres continuaron ejerciendo protestas regulares hasta por dos años. Las líderes viajaban desde sus hogares rurales hasta la construcción (ambos separados por unos 500km).

Diariamente estuvieron ahí, pero fue hasta que las nueve Kartinis de Kendeng plantaron sus pies en cemento que la protesta fue escuchada. Los medios de comunicación poco a poco llegaron a conocer la lucha de las mujeres de Kendeng en Indonesia, ayudando a que el gobierno congelara la construcción.

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Nadiyah Rizki

Sin embargo, poco después el gobierno abriría nuevamente las puertas del karst a la minería. Por más de tres años la comunidad continúa en lucha. La fábrica ahora trabaja y lentamente pulveriza las montañas de Indonesia.

Pero las mujeres de Kendeng no pierden la esperanza y continúan cantando el mismo himno. Al mismo tiempo, celebran a la madre tierra, recorren las colinas y rodean los pozos. Aunque la minería avance a través de la corrupción y la ignorancia política, Kendeng se mantiene en lo alto y ahora con un propósito más fuerte: proteger las montañas. 

Historia original de Mongabay y The Gecko Project

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