Muere antes de morir.

Proverbio sufí

 

La idea de la muerte nos congrega a todos en derredor de la única certeza universal, que es que todos vamos a morir, y nos hace conscientes de que nuestra existencia es un parpadeo en el tiempo del cosmos.

Quizá es por eso que, en el budismo, la muerte es sinónimo de transformación. La muerte como desaparición no existe, y sí, en cambio, un perpetuo proceso de metamorfosis de la carne y los espíritus. Así que tampoco nacemos. Es lo que se llama no-muerte y no-nacimiento en el budismo, porque, en palabras del maestro zen Eihei Dogen:

Un buda está en nacimiento y en muerte, no hay nacimiento y muerte.

En ese sentido, la muerte puede verse también como un tránsito. Así que si queremos tomar un paso crucial en nuestra vida, pero no sabemos por dónde empezar, imaginar lúcidamente nuestra muerte puede confrontarnos como ningún otro ejercicio fantasioso, y darnos pistas para diferenciar entre lo primordial y lo secundario.

Steve Jobs lo hizo. 6 años antes de morir, le dijo a alumnos graduados de Stanford que:

Recordar que pronto estaré muerto es la herramienta más importante que jamás había encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida.

Todos los sentimientos y expectaciones se vuelven fútiles: nos damos cuenta de que nuestro miedo a fallar es lo único que nos detiene. Y sólo queda, encarando a la muerte, pensar en lo que de verdad importa. Ya no se tiene miedo a perder.

Imaginar la propia muerte –con lujo de detalle– es una herramienta que nos puede ayudar a reorientar nuestra vida. Se trata de una técnica que ha cobrado popularidad entre los ejecutivos de negocios, y que muchos han puesto en práctica desde hace años, como Daniel Harkavy, CEO de Building Champions.

Este experto recomienda dividir en 4 la tarea de imaginar la muerte. Así se convierte en un ejercicio que realmente nos ayuda a estabilizar el aquí y el ahora, mientras nos despoja de miedos rumbo al futuro.

 

¿Cómo imaginar tu muerte?

1. Reserva unas horas para escribir tu propio elogio fúnebre

No debemos tomarnos este ejercicio como algo que podemos hacer entre horas de trabajo o estudio. Debemos dedicarle un espacio especial, para poder escribir sin prisas nuestro elogio fúnebre y nuestro legado personal. Harkavy recomienda agendarlo, para no posponerlo indefinidamente. Incluso puedes organizar un viaje a las afueras de la ciudad para ir a un lugar que te inspire y que ayude a hacer fluir a tus sentimientos en la dirección correcta.

 

2. Piensa que tu vida realmente terminará hoy

Al escribir tu elogio fúnebre debes pensar que realmente morirás en la noche o el día de mañana e inspirarte en los sentimientos que esa idea te produzca, así como en las imágenes que traiga a tu cabeza. Harkavy recomienda imaginar nuestro propio funeral a detalle: el servicio, los asistentes, el ataúd. Incluso puedes imaginar qué dirían tus amigos y familiares, ahí presentes, sobre ti: qué admiraban, cómo te concebían, qué no les gustaba, y por qué dicen todo eso en un momento así.

 

3. Después escribe un legado personal

¿Cómo te gustaría ser recordado? Escribe un legado personal que transmita la manera como quisieras que viviera tu memoria. Esto te permitirá ubicarte en el aquí y el ahora, mientras echas un vistazo a lo que podría ser el futuro.

 

4. Lee ambos textos en voz alta y explora lo que te producen

Si al leer tu elogio y tu legado no te producen suficiente emoción, tendrás que enfocarte un poco más. Debes sentir que te sirven como un catalizador para transformar tu presente, y que te dan lúcidos vistazos a un futuro posible que quizá tus miedos terrenales te estaban impidiendo ver. Sólo date un break y luego retoma el trabajo, con toda la honestidad y sinceridad que tengas, y manteniendo a flor de piel tus sentimientos.

 

* Fotografía: Nona Limmen