Podríamos tener un sexto sentido magnético (nuestro cuerpo como una brújula)

Ya existe la primera prueba neurocientífica de que podemos sentir los campos magnéticos.

Mucho antes de que se inventaran las brújulas, es probable que los primeros humanos se orientaran a partir de una especie de sexto sentido magnético. Por lo menos a eso apuntan algunas investigaciones, la más reciente de ellas con evidencia neurocientífica. Más aún, es probable que todavía tengamos vestigios de un sentido que antes quizá estuvo más desarrollado, como también lo estuvieron otros primigenios sentidos ligados a la intuición que aún poseemos. 

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Podría sonar a ciencia ficción, pero este poder podría no ser sino parte de nuestra evolución como seres vivos. Ello no nos haría únicos: más de 50 animales, desde abejas hasta perros, tienen este “superpoder” llamado magnetorrecepción. De hecho, las aves no sólo tienen esta capacidad alojada en el cuerpo, sino en sus ojos, ya que, al parecer, una proteína en su retina les permite detectar campos magnéticos con la mirada.

 

¿Por qué y cómo nosotros tendríamos este poder?

El primer experimento que se realizó para saber si los seres humanos también somos una brújula andante lo hizo el geofísico Joe Kirschvink. Este científico hizo pasar campos magnéticos rotativos a través de algunos voluntarios, mientras medía su actividad cerebral. Para sorpresa de Kirschvink, cuando el campo magnético giraba en sentido contrario a las agujas del reloj ciertas neuronas actuaban de manera irregular, lo cual generaba un aumento en la actividad eléctrica del cerebro.

No obstante, todavía no se sabía si esta actividad era nada más que una reacción. Para que nuestro cuerpo fuese una brújula, tendría que procesarse cierta información que sirviera para la navegación, aunque fuese de manera intuitiva. Además necesitaríamos de células que funcionaran como magnetorreceptores, como en el caso de la proteína Cry4 que se aloja en la retina de las aves.

 

La cuestión es: ¿tenemos magnetorreceptores?

Las hipótesis de Kirschvink han sido lo suficientemente sólidas como para atribuírseles un campo de estudio propio. Y es que, de encontrarse que tenemos un sentido magnético, podríamos saber más sobre cómo la superficie de la Tierra influenció nuestra evolución. Asimismo, podríamos hacer más y mejores hipótesis sobre las condiciones geológicas de hace millones de años.

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Muestra 3D de la cámara de pruebas de magnetorrecepción del Caltech

Por eso, Kirschvink formó un grupo de investigación conformado por él mismo, además de un neurocientífico y un neuroingeniero. Este equipo colocó a más de 30 voluntario al interior de una cámara especial en la cual se pueden manipular los campos magnéticos a voluntad. Ahí llevaron a cabo diversas pruebas para registrar la actividad del cerebro a través de electroenefalografías. Los investigadores encontraron que los campos magnéticos en cierto ángulo promovían una respuesta fuerte en el mismo ángulo del cerebro, lo que sugiere un mecanismo biológico estimulable, según escribió el propio Kirschvink para The Conversation.

Esto es ni más ni menos que la primera evidencia neurocientífica de que tenemos un sentido magnético. Si éste no se encuentra alojado en una zona en específico sino que varía según las condiciones, quiere decir que tiene una función, y que de alguna forma debe de traducirse en información orgánica útil para la navegación

Quizá este sexto sentido magnético fue más fuerte en el pasado, pero tal vez lo podamos estimular e incluso evolucionar. Las preguntas –y las posibilidades– siguen abiertas.

 

* Imágenes: 1 y 2) Public Domain Review



“Vive para tus últimos tres minutos de vida” y otros 5 consejos vitales del gran Guillermo del Toro

El cineasta mexicano es un ejemplo de humildad y dedicación, y en esta conversación compartió algunas de sus ideas sobre lo que el cine le ha enseñado para la vida.

Se trata de un consenso más o menos general que el director de cine y ganador del Oscar, Guillermo del Toro, no solo es un genio cinematográfico, sino también un gran tipo. El director de La forma del agua, El laberinto del fauno o Hellboy, por mencionar algunos, no es ajeno a otras problemáticas sociales y vitales, y con gran sensibilidad ha mostrado caminos de cooperación y solidaridad.

Como cuando pagó los boletos de avión de un equipo infantil de matemáticas:

O cuando pagó la biopsia de una mujer que solo le pedía dar RT a un tweet:

Sus esfuerzos por apoyar causas y organizaciones  dan cuenta de que Del Toro tiene una ética que va más allá del trabajo cinematográfico, pero que parten de ahí, y que vale la pena conocer.

Vive sabiendo que eres mortal

El año pasado, cuando le concedieron un premio en el festival de cine de Málaga, Guillermo del Toro compartió con los asistentes algunas pautas que lo han impulsado en su vida y en su obra, y que pueden sintetizarse en esta extraordinaria cita: 

“Uno vive para los últimos tres minutos de su vida. No sé si habéis visto a alguien fallecer, pero la gente muere con absoluto terror o absoluta paz. Porque entonces ven su vida con absoluta desnudez y con la claridad completa de que se están yendo. Por eso piensa en tus decisiones, porque eso es lo que verás en ese momento. Porque todo lo que hagas volverá, y será en esos tres minutos. Yo a veces hago algo y pienso: ‘Para esos tres minutos”.

El cine es magia… o mejor dicho, alquimia

Estas palabras parecen más propias de un místico o un guía espiritual que de un cineasta. Aunque la comparación pueda ser chocante para algunos, otro director de cine y gurú de tiempo completo, Alejandro Jodorowsky, también tiene una veta espiritual que atrae más allá de sus películas.

Y es que, en palabras de Del Toro, “El cine no es química, es alquimia, es una multiplicación de símbolos”.

El símbolo (ya sea el monstruo, la doncella, el héroe o el villano) siempre desborda lo que esperamos de él. Es una intención artística pero también un reflejo del espectador. Del Toro tomó géneros “menores” en el cine, como el terror, y los utilizó como filtros para mostrar conflictos humanos muy profundos, como el odio racial y el peligro del autoritarismo. Ese es el tipo de alquimia al que se refiere: cuando logramos convertir el plomo en oro, o transformar una mentira en una verdad.

“El director recoge cosas inútiles para contar historias. Usamos mentiras para hacer una realidad.”

O como dice en el tráiler de su nuevo proyecto, Scary Stories to Tell in the Dark (2019), “Algunas personas creen que, si repetimos las historias lo suficiente, se vuelven realidad.”

El dinero es un estado mental

Y aunque el cine, comparado con artes como la poesía o la pintura, es un pasatiempo caro, el director mexicano también considera que el presupuesto de una película “es un estado mental: el dinero lo ves de manera distinta según tu estado de ánimo o tu edad. El cine con absoluto no existe: no existe el absoluto dinero ni la absoluta libertad. Dentro de lo que tienes, no te quedes quejándote de lo que tienes, sácale partido estructurando buen claro lo que necesitas. El instinto importa más que el dinero.

Aprender a fracasar

Sin embargo, no todo ha sido miel sobre hojuelas. El estado mental del presupuesto a veces supone una carga real que puede ahogar proyectos incipientes. Pero también del ahogo podemos extraer valiosas lecciones:

“Yo he escrito 11 guiones que no he filmado. Pero a todos los cineastas les pasa. De un fracaso aprendes un montón, de un éxito aprendes bien poquito. Tienes que hacer las paces con el fracaso. Lo único que tienes que ofrecerle al mundo son tus defectos y tus virtudes, y son importantes ambos.”

El accidente es un camino por explorar

Los directores de cine tienen que tener la cabeza en muchas cosas a la vez, y a pesar de sus esfuerzos sobrehumanos tampoco están exentos de los muy humanos errores. Pero entre la teoría y la práctica hay lugar para la experimentación y la sorpresa:

“En el guion tienes que tener claro hasta los movimientos de cámara porque debes haber preparado el decorado con ello. En todo caso hay que estar listo para que cuando ocurra una sorpresa puedas agarrarla. El accidente está ahí para que lo tomes como oportunidad.”

¿Qué te parecen estos consejos vitales de Guillermo del Toro? ¿Cuáles aplicarías en tu propia vida? Nos encantaría conocer tu opinión en los comentarios.

 

*Imagen principal: Gage Skidmore



Los pájaros tienen brújulas en los ojos (y pueden ver los campos magnéticos)

Por fin, la respuesta a una pregunta que no había tenido respuesta: ¿cómo se orientan las aves?

Las aves son seres que nos han fascinado durante siglos. No sólo por esa sublime estética de apabullantes colores, formas y sonidos que las caracteriza, sino porque ellas pueden hacer algo que nosotros no: volar.

Esa capacidad –y la grácil manera como la realizan– nos ha inspirado a hacer todo tipo de artefactos para poder conquistar los cielos. Porque los desplazamientos y trayectorias que los pájaros constituyen una maravilla natural de milimétrica perfección. Su anatomía y plumaje es lo que los dota de la aerodinámica esencial –algo a lo que Charles Darwin dedicó horas de estudio– que, desde hace mucho tiempo, hemos buscado imitar.

Pero existe un misterio en torno a la habilidad de volar de estos seres, que es quizá el elemento más importante: ¿cómo se orientan?

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Hasta hace poco, se sabía que algunos pájaros –entre ellos, las palomas mensajeras– podían sentir los campos magnéticos de la tierra, es decir, tenían cierto grado de magnetorrecepción, que sin es duda mayor al nuestro.

La magnetorrecepción, se intuía, era posible en los pájaros debido a los cristales de magnetita –una suerte de imanes microscópicos– que debían de estar alojados en el citoplasma de las células. Esto parece ser así en otros animales, como las abejas. Pero una nueva investigación develó que el caso de los pájaros podría ser diferente al de cualquier otra especie.

Al parecer, los pájaros tienen brújulas en los ojos: pueden ver los campos magnéticos.

Según los nuevos hallazgos, esto podría deberse a una proteína llamada Cry4, alojada en la retina.

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Los hallazgos fueron realizados durante el desarrollo de dos estudios distintos. En uno se analizó al mirlo, y en otro al diamante cebra. La proteína ocular Cry 4 encontrada en sus ojos es parte de una clase de partículas fotorreceptoras y sensibles a la luz azul, que se encuentra tanto en plantas como en animales. Es parte de una clase proteica esencial que regula los ritmos circadianos.

Con esta proteína, los pájaros pueden detectar los campos magnéticos (verlos, en sentido metafórico). Así es como pueden orientarse a la hora de surcar los cielos.

Ya antes se había comprobado que la luz azul está relacionada con el sentido de orientación de los mirlos, lo que confirma que este sentido primordial proviene de la visión y, concretamente, es posibilitada por la proteína Cry4. Porque además, de acuerdo con los biólogos, esta proteína se mantiene estable, lo que la hace tener capacidades magnetorreceptivas, a diferencia de otras de su clase.

Adicionalmente se encontró que la proteína ocular se incrementa en los mirlos durante la migración, lo cual es una señal más de que este hallazgo de la biología podría ser la respuesta a cómo se orientan los pájaros, que apunta a que estos seres alados tienen, literalmente, brújulas en los ojos.