Un ejército de pequeños insectos camina apresurado. A simple vista parece que no tiene sentido, pero todos los integrantes de la colonia están siguiendo un rastro de feromonas intenso hasta formar un espectacular remolino de hormigas.

Todas las hormigas son ciegas, no ven ni una pizca de lo que hay frente a ellas o a su alrededor. La clave de este espectáculo natural es seguir el instinto. Cuando se separan de la parte principal de la búsqueda de alimento, pierden el rastro. Lo único que queda por hacer es seguir el olor del hormiguero y dar vueltas, hasta que todas comienzan a seguirse.

Este fenómeno es un efecto secundario de una estructura completamente organizada por las colonias de estos insectos. La tarea principal es seguir a la hormiga de enfrente, y todo funciona hasta que alguna pierde el rumbo o se cansa. No hay otra salida. El naturalista Charles William Beebe observó por primera vez en 1921 este acto de la naturaleza cuando una espiral de hormigas formó un círculo de 365 metros de longitud, al cual los insectos tardaban cerca de 2 horas en darle una vuelta.

 

Las pistas sobre el remolino de hormigas

Hasta ahora, no hay una explicación definitiva para este fenómeno. La comunidad científica apuesta porque la hormiga que comienza a girar ha perdido el rastro y necesita dar círculos para encontrar el rastro principal.

Después de que empieza a crear su propio remolino, libera suficientes feromonas que incitan a las demás a seguirla. Esto puede provocar que millones de hormigas se unan y abandonen sus tareas.

Un remolino de hormigas puede ser tan grande como el que Beebe observó, o puede ser muy pequeño. Así como puede durar horas, también pueden ser días. Incluso, algunas hormigas mueren al continuar con este acto durante días sin parar. Sin duda este es un fenómeno extraño para el ser humano, pero algo indica que, por alguna razón, las hormigas adoran hacerlo de vez en cuando.

 

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