El espacio digital, para algunas personas, es una extensión del espacio material. Para otras, es un lugar con reglas propias que no necesariamente dialoga con la vida del trabajo, el estudio e, incluso, su aspecto social; la identidad personal se desenvuelve de formas inesperadas. Las personas crean perfiles de alter egos para explorar aspectos de su ser que no tienen cabida en su día a día. A veces, esas curiosidades encuentran una resolución en el mundo animal y en el lenguaje de la naturaleza. En la inmensidad acotada del universo de Facebook existe una comunidad de más de 1 millón de personas que pretenden ser una colonia de hormigas. 

Como cualquier comunidad, este grupo tiene un marco operativo de reglas, y éstas son muy claras; cualquiera que quiera formar parte del grupo debe seguirlas al pie de la letra. De entrada, el terreno común es la amabilidad. Sin duda se fomentan los debates, que son saludables, pero sólo si parten de un intercambio respetuoso. En esa misma línea, no se acepta ningún tipo de discurso de odio que fomente comentarios degradantes sobre temas como raza, religión, cultura, orientación sexual o identidad de género. 

“Colonia, ¿qué hacemos?”

 

¡Viva la reina hormiga!

Una de nuestras reglas favoritas es el trato que se le da a la reina de la colonia (que es una figura y no un usuario). La jerarquía de esta hormiga se señala con mayúsculas: The Queen (La Reina). Cualquier persona que no siga esta o alguna de las demás reglas es desterrada de la colonia; esto se hace explícito a la hora de leer y aceptar todas las condiciones para formar parte del grupo. 

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Tu identidad personal se respeta, pero sólo de forma colectiva. Previo a tu nombre debes escribir la palabra hormiga (ant), por ejemplo, Ant-Marina o Ant-José. Después están las reglas implícitas que nacen de la interacción. Normalmente alguien comparte una imagen o un video con una pregunta, comentario o encomienda. Las personas en seguida contestan usando una palabra y la repiten. Por ejemplo, alguien sube una imagen de unas hormigas tratando de cargar camarones en el borde de una puerta y el usuario escribe: “Hormigas, estos camarones están muy pesados, necesitamos ayuda”. Entonces, en la sección de comentarios, las hormigas responden: “LEVANTEN, LEVANTEN CON FUERZA, LEVANTEN”. 

“¡Colegas, necesitamos ayuda aquí arriba! Estos camarones están pesados”

A través del lenguaje, se hace un símil con la lógica orgánica con la que se comunican las hormigas. En el mundo natural, estos insectos se comunican entre sí mediante feromonas, sonidos y tacto. El uso de feromonas como señales químicas está más desarrollado en algunas hormigas (como la cosechadora roja) que en otros grupos de himenópteros. Sin embargo, este grupo no tiene definido un tipo particular de hormigas, pero sigue la lógica general de este insecto increíblemente organizado. 

En tiempos actuales, una de las fallas del sistema que podríamos señalar es el quiebre del sentido de comunidad o la posibilidad de articularse desde esa lógica. Como en cualquier dinámica, entre más personas haya, más difícil es organizarse. Pensemos en los inquilinos de un edificio: está la persona que siempre paga todo de forma puntual, la que siempre debe, la que quiere implementar cosas que escapan a la viabilidad, la que en la junta de vecinos no escucha, o la conciliadora. Si en un espacio como ese es difícil coincidir en cosas tan sencillas como de qué color pintar la pared, imaginémonos la complejidad de resolver asuntos en un país entero. 

“Encontramos un helado. Ayúdennos a levantarlo”

 

¿Qué nos enseñan estas hormigas?

Para algunas personas, un grupo en Facebook que pretende ser una colonia de hormigas podría sonar a algo completamente absurdo. Pero, si lo pensamos con cuidado, en realidad es un espacio bastante revolucionario. En medio de una dinámica que te bombardea de noticias angustiantes sobre el mundo, aquí hay un grupo de personas que, sin ningún tipo de pretensión, deciden dedicar parte de su tiempo a hacer comunidad. Este gesto aparentemente inocuo ofrece un paréntesis que acoge algunos valores (destilados), que se han diluido en los espacios, especialmente en los citadinos. 

Los intercambios juguetones del grupo manifiestan acciones que no hemos podido sostener. ¿Cómo se traduce exactamente esta dinámica virtual a la “real”? La verdad, no lo sabemos. Pero sí podemos afirmar y cuestionar una serie de cosas. Este grupo es una pequeña ventana creativa para reflexionar sobre cómo usamos el Internet y de qué forma podemos apropiarnos de ese espacio. ¿Cómo sería el Internet si lo llenáramos de glitches inocentes y aparentemente sin sentido o contexto alguno? Tal vez el siguiente paso sería reflexionar sobre el puente (o quizá paralelismo) que hay entre el mundo virtual y el “real”. ¿Qué aprendizajes podríamos trasladar de un lugar a otro, en pos de un orden de colectividades?

 

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