En el inmenso mundo de la experimentación psicodélica, la ciencia ha encontrado una indudable filosofía que vale la pena rescatar: los hongos psicodélicos como el camino a otro tipo de conciencia. Avancemos sin prejuicios y atentos a lo que estamos por descubrir; después de todo, la ciencia va a la cabeza de la exploración psicodélica.

Durante miles de años los seres humanos han utilizado tanto plantas como alimentos alucinógenos de forma terapéutica, medicinal y religiosa. Hoy en día los usos de los alucinógenos son tan comunes como la ingesta de alcohol o tabaco, la única diferencia es que los alucinógenos (en especial los hongos psicodélicos) tienen un impacto distinto en la mente.

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El uso de los hongos muchas veces implica el contacto de circuitos neuronales que no suelen comunicarse normalmente. En sí, la experiencia química con lo psicodélico se convierte en una serie sorprendente de perspectivas y visiones tanto placenteras como aterradoras, pero siempre únicas.

La realidad es que el mundo científico está viendo el renacimiento de lo psicodélico. Con el fin de revolucionar la comprensión de la conciencia humana, numerosos estudios han revelado cómo los psicodélicos afectan el cerebro.

Desde el tratamiento de enfermedades mentales hasta otros fines terapéuticos, los hongos psicodélicos parecen ser la medicina natural que la sociedad necesita. Para ser precisos, el componente activo de los llamados “hongos mágicos” es la clave: la psilocibina.

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¿Cuáles son los beneficios del componente de los hongos psicodélicos?

La psilocibina es un compuesto natural que pertenece a los psicodélicos serotoninérgicos. Este elemento funciona como un disparador de los receptores de serotonina del cerebro. Saber esto ayuda a determinar qué zonas del cerebro y estados de conciencia se activan con los psicodélicos. Un estudio del neurocientífico cognitivo Frederick Barrett, del Centro Johns Hopkins de Investigación Psicodélica y de la Conciencia, resalta que la psilocibina afecta la actividad neuronal del claustrum.

El claustrum es una región del cerebro rica en receptores de serotonina que se encargan de organizar la actividad cerebral. Tras realizar distintos escáneres cerebrales en tiempo real, Barrett demostró quela psilocibina reduce la actividad del claustrum en un 30%. Este porcentaje coincidió con una disminución de sentimientos subjetivos como el ego.

Cuanto menos activo se encuentra el claustrum, más fuertes son las experiencias místicas y emocionales. Se reduce el yo y aumenta el sentido colectivo. Asimismo, en el claustrum también se observa una capa de neuronas muy delgada que envía señales hacia otras regiones del cerebro. Esta evidencia se traduce como el rompimiento de la organización de la conciencia.

En pocas palabras, bajo los efectos de los hongos psicodélicos (o más específicamente, la psilocibina) el claustrum pierde su organización restringida. Para los neurocientíficos Robin Carhart-Harris y Karl Friston, dicha desincronización permite la conexión entre otras regiones del cerebro hasta producir un cambio de conciencia. Es decir, los hongos trabajan como destructores de la conciencia estipulada. Nos invitan a descubrir los millones de conexiones que puede concretar el cerebro y avanzar hacia un nivel de conciencia distinto.

Hasta ahora, no sabemos si los hongos psicodélicos sean la medicina que la humanidad requiere (habrá que hacer más estudios para garantizarlo). Sin embargo, la comprobación de sus beneficios a nivel mental está en proceso. Después de todo, lo que se requiere para reconstruir nuestra relación con el planeta y la vida es un cambio de conciencia.

 

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