Hikikomori es un síndrome peligroso y misterioso que nos recuerda la importancia de aprender a amar nuestra soledad. Cada vez son más los casos de jóvenes japoneses que se encierran durante años en su habitación con el propósito de abstenerse de vivir cualquier situación en el exterior.

Pueden transcurrir 2, 4 o 15 años hasta que un joven o un hikikomori (como los llaman los expertos) decida salir. Aún no se sabe con precisión qué causa esta condición, pero es un hecho que al menos cerca de 300,000 jóvenes en Japón viven con este síndrome.

hikikimori-jovenes-japon-sindrome-aislamiento

También en Ecoosfera: Aprender a estar solo como remedio contra la soledad

Se trata de una pausa en la vida: algunos abandonan la escuela, otros el trabajo, otros la vida social y otros todo… excepto la comida. Si es posible, los hikikomori esperan a la media noche —como vampiros que esconden su frágil existencia— para conseguir un poco de alimento.

Esta crisis juvenil en Japón parece estarse extendiendo gravemente, mientras sus causas son aún desconocidas. Podría tratarse de violencia escolar, problemas familiares, económicos u otros, pero realmente no se sabe.

De acuerdo con investigaciones recientes, los expertos apuntan a que el 80% de los jóvenes reconocidos como hikikomori son hombres y el resto son mujeres. La juventud del país del sol naciente se desmorona frente a la reflexión sobre su futuro y las posibilidades de una vida estable.

La urgente necesidad de una desconexión de la sociedad es vital para estos chicos. Se recluyen en un espacio pequeño que les otorga seguridad, mientras la sociedad japonesa los cataloga de “flojos” y “mimados”. Pero detrás de esta afección parece existir una profunda vergüenza y miedo.

El distanciamiento social se basa en el temor que inunda el pensamiento de los hikikomori. El contacto físico les es insoportable y transitan por las noches cuando su fragilidad es apenas perceptible y casi intocable. Una habitación es ideal para ocultar su presencia.

japon-hikikomori-jovenes
Vivement Lundi!

Son fantasmas vivientes que se enfrentan a un orden social con el cual consideran que no pueden cumplir. Ir a la escuela, empezar a trabajar o incluso levantarse de la cama se vuelve una tarea inalcanzable. No hay una enfermedad mental detrás de un hikikomori, sólo un fuerte sentimiento de insuficiencia.

La fragilidad y el miedo suelen ser condiciones naturales de todos los seres vivos. Sin embargo, cada uno se caracteriza por tener distintos mecanismos para afrontar los momentos de peligro o riesgo. Los hikikomori eligen alejarse de la sociedad y quedarse en aislamiento hasta sentirse seguros.

La carencia de seguridad social parece ser la respuesta a la condición de estos jóvenes. La presión del sistema japonés marchita su esencia. Muchos se quedan estancados intentando cumplir la norma que rige uno de los dichos japoneses más populares: “el clavo que sobresale se clava”.

La forma en que los jóvenes japoneses responden a la presión social es muy distinta a la respuesta de los jóvenes en otras sociedades. En cada cultura existe una rebeldía única, y en el caso de Japón es una desobediencia silenciosa y enterrada que busca mantenerse viva en la oscuridad, el hikikomori.

 

Sigue leyendo: La gente muy inteligente es más feliz en soledad, ¿por qué?