Hay mucha comida en el mundo… pero el hambre va al alza por tercer año consecutivo

Explicarnos esta paradoja es clave si queremos hacer algo al respecto.

Si existe una prueba irrefutable de nuestra involución como especie, esta sin duda tiene que ver con la cuestión de la alimentación a nivel mundial. Porque pocas cosas hay más asombrosas –y tristes– que esa extraña correlación entre hambruna y obesidad, o entre producción y desperdicio, que se ha vuelto tan común en el vital ámbito de la alimentación humana.

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Algunos datos bastan para confirmarlo de manera contundente: cada año se producen miles de millones de toneladas de comida, de la cual poco más de mil millones se desperdicia.

La comida que se desperdicia podría alimentar a 2 mil millones de personas.

Al mismo tiempo, el hambre aumenta exponencialmente en regiones del mundo como África y Sudamérica –desde el 2015, ha habido un incremento constante de la hambruna en estos países– y la obesidad se vuelve una epidemia en otros países, como México, Estados Unidos y Nueva Zelanda.

Según el último reporte de la FAO, The State of Food Security and Nutrition in the World:

821 millones de personas –es decir, 1 de cada 9– padecen hambre.
673 millones de adultos –es decir, 1 de cada 8– tienen obesidad.

Esta situación parece ser una de las mayores paradojas de nuestro tiempo. No parece que ninguno de estos problemas alimentarios vayan a poder ser resueltos en el mediano plazo, aunque una de las metas de las Naciones Unidas es erradicar el hambre para el 2030.

 

Pero, ¿por qué sucede esto?

El diagnóstico de la FAO sobre la hambruna indica que esta paradoja alimentaria se debe, por un lado, a los conflictos violentos en algunas partes del mundo, y por el otro, al cambio climático. Se hace énfasis en las condiciones de cada nación, que incluyen qué tan sofisticados o anticuados son los sistemas de agricultura y cuánto se puede promover el cultivo de alimentos pese a las extremas condiciones climáticas.

No obstante, existe algo más importante a tomar en cuenta: las malas prácticas de países como Estados Unidos. En este país se producen tantas cosas –comida incluida– que si todos viviéramos como un estadounidense promedio harían falta cinco planetas que sustentaran tal despilfarre de recursos. Además, aunque Estados Unidos también está enfrentando una severa crisis, sigue siendo el país donde más comida se desperdicia: 150 mil toneladas al año.

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La paradoja, así, se vuelve aún más paradójica –si cabe–, ya que el hambre no es sólo consecuencia de no poder cultivar por las condiciones de violencia que imperan en algunos países o por cómo les afecta el cambio climático, y ni siquiera se debe a una “mala distribución” de la comida.

En realidad, la hambruna sólo podría ser erradicada si no se desperdiciara más del 40% de la comida a nivel mundial, como nos hizo saber Anthony Bourdain en una de sus últimas denuncias audiovisuales.

 

El problema es que esto no sólo depende de nosotros…

Desperdiciar comida es algo que podemos evitar, pero eso significa sólo una pequeña contribución individual a un problema que nos rebasa. Y es que lo realmente importante es que los alimentos dejen de verse como una mercancía. En ese sentido es urgente transformar las prácticas de las grandes empresas, así como los esquemas de producción y distribución de los alimentos.

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Porque el desperdicio en los hogares es sólo el último eslabón en una cadena de pérdidas que comienza desde el campo mismo, y que continúa en los almacenes, en los centros de embalaje y en los supermercados, hasta llegar a los restaurantes y a las alacenas de nuestras casas. Durante todo el proceso el desperdicio está implícito, y esto se debe a la dinámica que han impuesto los monopolios de los alimentos.

Por eso es importante propulsar la creación de economías locales donde se instaure una dinámica en pequeño que haga del proceso de producción, distribución y consumo de alimentos algo mucho menos complejo. Algo así es lo que propone el movimiento Slow Food, que marca la pauta hacia la cultura alimentaria del futuro.

Al mismo tiempo debe promoverse una ruralidad moderna y sostenible que haga atractivo para las nuevas generaciones regresar al campo, para así restablecer la soberanía alimentaria de las naciones –y que ya no dependan de Estados Unidos–.

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¿Y en las ciudades? Sin duda, podemos contribuir cultivando nuestra propia comida y no desperdiciando nada de nuestro plato –y cuando decimos nada, es nada: puedes hacer composta con cualquier resto de origen vegetal–. Además, es importante reducir el consumo de carne, pues con el mismo alimento que se engorda al ganado se podría alimentar a millones de personas, y la producción de carne implica un gasto monumental de recursos vitales que puede evitarse.

Sólo así será realista plantear la erradicación de la hambruna.

…quizá no para el 2030, como propone la FAO, pero sí lo antes posible. ¿O tú qué opinas?



El video que muestra, más claro que nunca, que tirar la comida es desperdiciar dinero

Cocinar dinero (valor), de algún modo, eso es exactamente lo que hacemos diariamente.

En este mundo capitalista pareciera que todo debiera medirse en dinero para entender su importancia. Los ecologistas, por ejemplo, han debido convertir en dólares las pérdidas por el cambio climático, en un desesperado intento porque los economistas y financieros del mundo entiendan su peligrosidad…

Es muy burdo, poco elegante, y superficial, pero en ocasiones convertir los problemas a dinero hace que estos llamen más la atención, y por ello, encuentre probablemente más prontas soluciones.

Sabemos que todos los días es producida en el mundo el doble de comida de la que es consumida, y simultáneamente, unos 805 millones de personas en el planeta carecen de lo suficiente para comer y llevar una vida sana.

Hace poco fue anunciado que en Francia, por ejemplo, los supermercados deberán donar la comida no vendida antes de que caduque para evitar su desperdicio, en Inglaterra está sucediendo algo parecido. Lo cierto es que cada vez más crece la consciencia sobre el sinsentido del desperdicio en un mundo, que además, pronto tendrá hasta 9 mil millones de bocas para alimentar.

Este video producido por algunas organizaciones como BeGreen o Stop Food Waste.ie nos confronta con imágenes el valor desperdiciado con cada bocado no aprovechado.



¿Te falta apetito? Estos productos naturales te ayudarán

Para potencializar y ayudar a nuestro organismo a recuperarse, necesitamos una buena alimentación

Alguna vez en nuestra vida hemos experimentado lo que es el hambre, aquella sensación de vacío estomacal que, al no prestarle la debida atención, nos libera otras experiencias dolorosas, tales como dolor de estómago y cabeza, enojo o simple molestia, debilitamiento físico e incluso sensaciones de depresión.
Estos síntomas son sólo un llamado de nuestro organismo para recuperar el nivel de la línea basal, aquella homeostasis que nos ofrece una sensación de bienestar y comodidad. A través de los alimentos podemos obtener la energía necesaria para el óptimo funcionamiento fisiológico, cognitivo, conductual y hasta emocional.
Es vano mencionar entonces la importancia de los alimentos en nuestro cuerpo. No obstante, no siempre gozamos de un buen apetito, debido las presiones académicas o profesionales, las complicaciones relacionales o los estragos de alguna enfermedad. Por ello, para potencializar y ayudar a nuestro organismo a recuperarse, necesitamos una buena alimentación. Estos son algunos ingredientes que abrirán el apetito:

– Cardamomo

– Cúrcuma

– Lima

– Canela

– Azafrán

– Hinojo

Fotografía principal: Vicente Villamón