8 cosas que haces y tu perro odia

Ciertos hábitos pueden enloquecer a tu perro. Lo malo es que no tiene cómo decírtelo.

Tu perro podría plantearse seriamente si seguir siendo tu mejor amigo, pues contrario a lo que podamos pensar, hay hábitos humanos que los perros odian. Básicamente, esto se debe a que ellos tienen su propia concepción del mundo y, por lo tanto, una comprensión particular de lo que es la convivencia.

Los perros no son seres simples, ni mucho menos; al contrario: son complejos, y tienen incluso sus propios códigos de comunicación. Requieren de los cuidados más obvios, pero también de nuestro respeto por su autonomía, sus espacios vitales y sus propios ritmos.

Dicho esto, te gustará saber cuáles son esos hábitos que pueden llevar a tu perro al borde de odiarte (por lo menos a ratos), y que sin duda puedes evitar si quieres contribuir a fortalecer los lazos con tu compañero canino, así como a su felicidad. Por cierto, no te confíes: lo más seguro es que hagas una o más de las acciones que aquí te presentamos. Así que toma nota y comienza a cambiar ya. Estas son las cosas que haces y que tu perro realmente odia:

 

1. Hablarle como si fuera humano (y no usar lenguaje corporal)

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Este es quizá el hábito odioso que más hints puede darnos sobre cuán distintos son los perros a nosotros. Mientras que a todo le buscamos palabras, los perros se sienten mucho más cómodos expresándose con el cuerpo. A veces les confunde mucho nuestro uso mixto de las palabras y el lenguaje corporal, que puede ser muy contradictorio para ellos, al punto de confundirlos.

Prueba pasar todo un día comunicándote con tu perro sólo con el cuerpo. Aprenderás mucho más de él y de su propio lenguaje que con 1 año de “pláticas”donde sólo eres tú el que habla.

 

2. Abrazarlo aparatosamente

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Amamos abrazar a nuestro perro. Pero hacerlo aparatosamente y por mucho tiempo lo desespera. Incluso, a algunas razas de perro un abrazo puedes causarles miedo, pues ven amenazada su libertad y se sienten dominados cuando los envolvemos en nuestros brazos.

Si ahora te preguntas si todo este tiempo tu perro ha odiado los abrazos que le prodigabas, prueba con ver su reacción. Pon especial atención a su lenguaje corporal: si intenta irse o pone sus orejas hacia atrás es que no lo está disfrutando.

 

3. Ruidos fuertes y olores perfumados

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Esto es bastante obvio, pero a veces no tenemos cuidado con ello. Evita llevar a tu perro a donde haya ruidos fuertes, y si vas a hacer algo muy ruidoso en casa –que implique, por ejemplo, el uso de herramientas eléctricas– trata de hacerlo lejos de él.

De igual forma, tu perro detesta los olores perfumados. No rocíes loción en los lugares donde vaya a estar, ni te pongas perfume cuando estés a su lado. De hecho, si puedes evitar usar lociones muy fuertes seguro te lo agradecerá.

 

4. Acariciarlo en la cara y la cabeza

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Todos, absolutamente todos, acariciamos a los perros en la cara y la cabeza. A veces puede gustarles (ver referencia arriba). Pero en exceso se puede volver fastidioso para ellos, ya que se sentirán invadidos. Es mejor acariciarlos en la nuca o más atrás, en el cuello o la espalda, y variar lo más posible las zonas para su mayor disfrute.

 

5. No darle estructura a su vida con reglas

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No, tu perro no es un rebelde sin causa. Es mucho mejor que haya reglas claras, lo cual le ayudará a entenderte y evitará las confusiones y el estrés que los regaños azarosos pueden ocasionar en su psique. Además, el ancestro del perro es el lobo, un ser que vive en manadas con una organización clara y cuyos miembros siguen siempre a un líder.

Evita también regañarlo por cosas que no están bajo su control ni el tuyo; por ejemplo, puede que no te importe que salte sobre ti, excepto cuando traes puesta cierta ropa. Pero si lo regañas, sólo lo estresarás innecesariamente. Sería mejor que entienda que nunca debe hacerlo, lo que sentará las bases para que tu perro y tú sean más felices.

 

6. Forzarlo a interactuar con otros perros y/o gente

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A veces nos gana más la emoción a nosotros que a nuestros perros en lo que concierne a la socialización. Solemos ser nosotros quienes queremos que interactúen con otros perros o con amigos, pero no nos damos cuenta de si nuestro perro realmente quiere hacer nuevos amigos o si, por el contrario, no está de humor.

 

7. Pasearlo sin darle oportunidad de explorar

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Una cosa es que nuestro perro sepa pasear obedientemente. Pero eso no quiere decir que camine a nuestro ritmo o que no quiera explorar, ante lo cual debemos ser comprensivos y no negarle la oportunidad de conocer a través del olfato el lugar por el que pasa. De otra manera, es como si a nosotros nos sacaran a dar un paseo con una venda sobre los ojos… No tendría mucho sentido, ¿o sí?

 

8. Ponerle ropa ridícula (y burlarte)

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Vestir a un perro no tiene quizá ningún propósito útil. Y casi a ninguno le agrada, pues realmente son capaces de sentirse avergonzados. Además, esto contribuye a algo que no es buena idea: humanizar a los perros; eso les incomoda muchísimo y los hace sentir fuera de lugar. Hay que respetar lo que son y tratarlos como parte de la “jauría” (también por eso es importante proveerlos de reglas).

 

* Edición de portada: Ecoosfera



Visita el nuevo museo del Bosque de Chapultepec

El nuevo Museo de Sitio alberga más de 500 años de historia.

A un costado del Monumento a los Niños Héroes se encuentra la entrada al antiguo Colegio Militar. Lo que por años fue un inmueble a punto de colapsar se abre hoy como el Museo de Sitio del Bosque de Chapultepec, un espacio en el que los visitantes podemos aprender sobre la historia del lugar desde la época prehispánica hasta la actualidad.

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La restauración de este inmueble, que data de finales del siglo XIX, comenzó hace 2 años bajo la dirección del arquitecto Gabriel Mérigo Basurto, quien emprendió una investigación detallada sobre el estado original de la construcción. Ahora espera que los visitantes se tomen un tiempo para admirarla, pues en sus palabras:

El museo nos invita a reconocer la historia tan rica de este país ejemplificada en un edificio pequeño, pero con mucho significado.

El interior del inmueble se encuentra dividido en dos secciones. Una está dedicada a detallar los esfuerzos de recuperación que revitalizaron el Bosque hace 15 años y sus resultados actuales, mientras que la otra nos lleva a un recorrido histórico que comienza en la época prehispánica y pasa por el porfiriato. 

Las paredes están decoradas con fotografías, parafernalia y datos sobre las especies endémicas de flora y fauna que alberga esta área.

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La museografía corrió a cargo de Sietecolores, quienes se dedican a la conceptualización de espacios públicos. Su presidenta, Marinela Servitje, espera que las familias que visiten el museo los fines de semana se empapen de la historia que ha cruzado el bosque:

Es importante que los visitantes que vengan un domingo o un sábado puedan darse cuenta del valor que tiene este bosque, este parque; que sepan que gran parte de la historia de México desde hace más de 500 años se ha dado y ha pasado por el Bosque de Chapultepec. Desde el punto de vista histórico, tiene un valor muy importante. El rey Nezahualcóyotl pasó por aquí, el emperador Moctezuma pasó por acá; aquí era el lugar de recreo de todos estos emperadores mexicas.

Además, espera que “tomemos conciencia del gran valor que tiene este espacio de la Ciudad de México y que lo cuidemos, pues es importante apreciarlo y protegerlo”.

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Tal vez por ello es que en varios apartados del museo se hallan consejos para adoptar hábitos más sustentables: no alimentar a los patos, pues ensucia el lago; poner la basura en sus respectivos contenedores y evitar a toda costa las fogatas.

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El Bosque de Chapultepec, según nos platicó el arquitecto Mario Schjetnan, cuenta con ahuehuetes que llegan hasta los 400 años de antigüedad. La gran extensión arbórea de esta zona es única en la Ciudad de México, y por ende tiene un valor de captación de agua y absorción de dióxido de carbono sumamente importante. Como nos dice: 

Lo que tiene que hacer la población en primer lugar es enterarse de lo que se ha hecho y por otro lado también gozar el bosque, vivirlo, venir con sus familias, recrearse aquí, pues es un lugar que tiene una enorme cantidad de riqueza cultural.

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En tu próxima visita a las actividades recreativas que ofrece el Bosque todos los días del año, tómate un momento para llenarte de la historia de este invaluable patrimonio de la Ciudad que forma parte de todos los que la habitan, pues como señala Servitje:

Han pasado los años y casi todas las generaciones han tenido alguna anécdota de algún familiar o de alguien querido que ha pasado por el Bosque de Chapultepec.



Sólo existe una falla con la que tienes que aprender a lidiar, según el zen

Hay únicamente una falla que podría estar provocando que no logres encontrar por dónde fluir.

Hay muchas razones por las cuales nos paralizamos ante la simple idea de fracasar y no poder lidiar con nuestras fallas. La ansiedad nos domina con sólo pensarlo. ¿Y si no se vuelve a presentar la oportunidad? ¿Qué tal que hago el ridículo? ¿Y si decepciono a alguien?

Los pensamientos persisten y se vuelven obsesivos cuando no sabemos cómo lidiar con ellos ni, por lo tanto, con las fallas. No podemos evitar intentar vislumbrar el futuro ―lo cual no es malo―, pero no lo hacemos de una manera previsora, más intuitiva, sino dando por hecho que sólo nos aguardan equivocaciones. Vamos a fallar, nos aseguramos. Nada volverá a ser igual.

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Y entonces fallamos, porque la mente ―e incluso las posturas de nuestro cuerpo― pueden precondicionarnos a ello y liberar hormonas y neurotransmisores cuyo influjo en nuestro comportamiento es realmente poderoso.

 

¿Por qué no podemos fluir sin las ataduras del fracaso?

El maestro zen más importante de Occidente, Taisen Deshimaru, pensaba que el problema reside en que buscamos la libertad en el lugar equivocado. La libertad es la meta a la que todos aspiramos, pero para el maestro Deshimaru era claro que la ambición y el deseo llevan a los individuos, en la sociedad moderna, a fetichizar la libertad: a confundirla con cuestiones como el éxito personal.

Como es imposible alcanzar la libertad a la que refiere el zen mediante ambiciones materiales, es recurrente que nos encontremos frente al fracaso.

La verdadera libertad está en la mente [… ] Incluso cuando mis proyectos fallaran, incluso si toda mi misión fracasara, todavía tendría mi kolomo (ropaje) y mi cabeza rasurada, y podría dormir a un lado del camino.

Buscar la libertad más allá de la propia psique, la cual nos conecta con los otros y con el cosmos, es lo que nos conduce a un irracional miedo al fracaso. No quiere decir que debamos aislarnos para no fallar, sino que debemos construir lo que somos en el mundo material sobre un sólido trabajo subjetivo. 

Sólo así nos podemos dar cuenta de que la única falla importante que podemos cometer es creer que podemos fallar.

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Porque, en realidad, fallar es algo tan relativo como el tiempo. Lo que percibimos como una falla, tenemos que retomarlo como una oportunidad para reflexionar. Fallar debe servirnos para fortalecer la psique, y como un momento para redireccionar nuestras intenciones.

Ray Bradbury lo sintetizó lucidamente en su libro Zen in the Arts of Writing:

No deberías ver hacia atrás para concebir el trabajo que has hecho como una falla. Fallar es rendirse. Pero estás en el medio de un proceso en movimiento. Nada falla, entonces. Todo sigue. El trabajo está hecho. Si es bueno, aprenderás de él. Si es malo, aprenderás aún más. El trabajo hecho es una lección para ser estudiada. No hay falla a menos que uno se detenga.

Las fallas no existen: son sólo una ilusión que nos sirve de barómetro, que puede ayudarnos a sobrevivir. Pero que, sobre todo, tiene que impulsarnos a seguir: a fluir.

 

* Imágenes: Anna Sudit