¿Cuáles de mis hábitos contribuyen al cambio climático? ¿Cómo no ser parte del desastre?

Aquí una pequeña guía para comprender y accionar.

Hace poco más de 1 año, un prominente grupo de científicos fue remitente de una carta con un destinatario: nosotros. En ella alertaban que teníamos 3 años para evitar que el cambio climático se volviera irreversible, y proponían objetivos globales para disminuir la emisión de gases de efecto invernadero.

Estos científicos apelaron a las conciencias individuales, pero también a los gobiernos y a las grandes empresas. Porque ellos son quienes principalmente deben poner un alto al cambio climático, ya que según la WWF:

El 68% de las emisiones globales vienen de sólo diez países, entre ellos México, contribuyendo con el 1.68%. Las principales fuentes de emisiones de los GEI en México son el transporte, la generación de electricidad y la industria.

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Robert C. Abraham

No obstante, en los tres factores que contribuyen al cambio climático existe una cosa en común: nosotros. Somos quienes usamos aquello que las industrias producen y transportan: son sus productos el objeto del deseo, pero también de la necesidad que nos hace comprarlos.

Por eso, tan sólo un habitante de Estados Unidos emite 16.22 toneladas anuales, mientras que un habitante de Guatemala emite 16.25 toneladas. Y México está entre los 26 países cuyo crecimiento demográfico los hace menos resilientes al cambio climático.

Entonces, ¿cómo no ser parte del desastre?

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Primero, hazte consciente de que estás por librar una batalla

Ser un guardián del planeta no es cualquier cosa. Modificar tus hábitos y vivir sustentablemente será difícil, así que tómatelo en serio, como si estuvieras corriendo un maratón.

 

Pero no pierdas la calma

Ve un paso a la vez: no será fácil quizá, pero debes estar consciente de que los grandes cambios toman tiempo. Quizá lo último que el planeta tiene es tiempo, pero tener paciencia es una virtud que te ayudará a no desistir.

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Luego, distingue entre necesidad y deseo

Tenemos que aprender a vivir con lo necesario, y saber decir –como si fuera un mantra ecológico– “no lo necesito”. Porque lo que más está afectando a la Tierra en su conjunto es la basura generada por gadgets –cuya materia prima se consigue a través de la minería– y otros productos “de moda”, como la ropa.

Por eso, es importante que aprendamos a reciclar la e-waste y darle una nueva vida a nuestras prendas.

Ahora sí, con estos principios firmes puedes llevar esto a la practica:

Lleva un diario por 15 días

Anota cuánta energía usas (en tiempo o en kilowatts, checando recibos de luz), cuánta agua consumes (aproximadamente), qué transporte usas y cuánta basura generas. También checa otros indicadores, como cuánto tardas en bañarte, qué cosas usas más, etcétera.

Luego usa otros 15 días para modificar algunos de los hábitos que hayas registrado, y después compara. Puedes utilizar una calculadora de huella ecológica para ello. Debes insistir en poner en práctica estos nuevos hábitos hasta hacerlos parte de tu rutina. Verás que pasado 1 mes, será más fácil.

Algunos de esos hábitos deben involucrar

Opta por el transporte más ecológico

A veces, usar el coche es inevitable. Pero casi siempre existen otras opciones que no utilizamos por “practicidad”. Si es tu caso, piensa qué es lo que te orilla a preferir el coche, y reflexiona qué cosa en tu vida debes modificar para tener el tiempo de usar transporte público, de caminar o de ir en bici. Acá hay una guía para andar en bicicleta en la ciudad que te puede ayudar. Y no olvides compartir los viajes siempre que puedas, y optar por automóviles pequeños y no por camionetas.

Si tienes que viajar, siempre pregúntate si en verdad es necesario que te desplaces. Pregúntatelo en cualquier situación, incluso cuando vayas a tomar vacaciones: ¿realmente tienes que ir a esa playa tan lejana? ¿no hay una más cerca?

 

No desperdicies comida

La producción de alimentos es una actividad sumamente contaminante. Por eso, es lógico que las 1.300 millones de toneladas que se desperdician también tengan un grave impacto sobre el planeta, pues representan más del 10% de energía que se consume para la producción de alimentos. La mayoría del desperdicio proviene del último eslabón de la cadena: nosotros. Así que hazte de esos ingeniosos hábitos para evitar el desperdicio.

Trata además de cambiar tu dieta. No comas tanta carne, pues para conseguir 1 kilo de carne se generan 3 kilos de CO2 y se gastan hasta 4,000 litros de agua.

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Transforma todo

Al año, cada persona produce más de 400 kilos de basura. Esta cifra puede ser mucho menor si aprendes a separar y reciclar. La basura orgánica se puede convertir en composta muy fácilmente. Y los envases y bolsas de plástico son algo que puedes evitar comprando a granel, utilizando frascos de vidrio y usando bolsas de tela.

 

Fabrica, produce y cultiva

Existen muchos productos que podemos fabricar con elementos naturales, y que le ahorrarán al planeta muchos químicos y envolturas innecesarias. Por ejemplo, puedes hacer tus propios productos de belleza, tus propias mascarillas naturales, o incluso puedes tener un botiquín natural como opción para evitar los fármacos. También puedes usar herbicidas caseros, y utilizar algunos productos naturales para limpiar el hogar.

También puedes cultivar tu propia comida, incluso en tu cocina.

 

Usa menos

Toma duchas más cortas, utiliza menos agua al lavar trastes o el auto, dosifica el uso de aparatos eléctricos y aprovéchalo al máximo, usa menos la luz eléctrica –y asegúrate de tener focos ahorradores–, aprende a utilizar sólo el papel de baño que necesites, y cocina con poco gas –apaga el fuego 5 minutos antes para aprovechar el calor residual–.



Toma acción contra el cambio climático con la más flamante guía de la ONU

Conviértete en un contundente agente de cambio y ayuda a frenar la catástrofe global.

Nuestra especie tiene una obsesión con dividir todo en dos. El mundo se polariza entre conflictos, mientras el ser humano se separa cada vez más de la naturaleza. Pero aunque la dualidad es inherente a la vida misma, polarizarlo todo podría estar haciéndonos tomar muy malas decisiones cada día sin darnos cuenta.

Muchos deciden no hacer nada contra el cambio climático porque éste “es culpa de las industrias”. Al polarizar así esta situación olvidan que los consumidores somos la mitad de la ecuación, y que lo que hagamos o dejemos de hacer tiene consecuencias muy concretas sobre el destino del planeta. Esto lo saben bien algunos jóvenes, quienes deciden transformar sus hábitos de consumo para aliviar un poco su impacto y contribuir así a frenar la catástrofe global.

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Y es que la ONU ya nos ha advertido este año sobre dos desoladores panoramas mundiales que se avecinan: el de un aumento extremo de la temperatura para el año 2030 y el del acelerado incremento de emisiones de CO2, que podría ocasionar daños irreversibles.

Ante esto, es urgente no relegar responsabilidades. Debemos irradiar una nueva conciencia contemporánea a partir de nuestros propios hábitos. Sólo así, siendo congruentes con lo que decimos y hacemos, podemos pensar en un activismo a mayor escala.

Por eso, la ONU pone en nuestras manos una guía
para agentes de cambio contra el cambio climático.

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La ONU lanzará una nueva campaña a través de Facebook para hacer más fácil que la gente aprenda y se involucre en acciones cotidianas contra el cambio climático. La plataforma Climate Action ActNow posibilitará a los usuarios compartir su progreso como agentes de cambio y así incentivar la acción colectiva.

Para esto, se diseñó una guía que cuenta con cuatro niveles. A través de cada nivel se proponen acciones que van sumando mayor dificultad, pero también mayor efectividad para hacer nuestra vida más sustentable.  La guía, llamada The Lazy Person’s Guide to Saving the World, puede ser consultada en la página oficial de la ONU, y cuenta con información tanto del cambio climático como de salud, equidad de género, energías limpias y pobreza.

Si quieres saber más sobre cómo poner en práctica los consejos de la ONU, nosotros tenemos algunas propuestas para empezar. Por ejemplo, esta guía de cambios que puedes hacer en todos los espacios que habites, o estas propuestas de primeros microcambios que reducirán mucho tu emisión individual de CO2.

La cuestión está en que no relegues responsabilidades y comiences tu activismo desde la primera trinchera… que eres tú mismo.



15,000 científicos nos advierten que hay que salvar al planeta ya, ¿tú cómo estás contribuyendo?

Es la segunda vez en 25 años que la comunidad científica hace este llamado y como están las cosas, esta podría ser la última. Aquí algunas sugerencias para que tú tomes acción

En 1992, 1,500 científicos de todo el mundo hicieron un llamado para salvar al planeta. Hoy, 25 años después, nos están volviendo a pedir que cambiemos nuestra forma de vida, pues estamos al borde de que sea demasiado tarde. En esta nueva carta abierta son 15,000 científicos los que concuerdan en que los daños que estamos provocando al planeta son gigantescos y prácticamente irreversibles.

Lo que más les preocupa es que la humanidad está haciendo muy poco para resarcir sus efectos sobre el medio ambiente. Esto se hace evidente al observar las “señales obvias de que vamos por un camino insostenible”, como las refieren este grupo de científicos, según el periódico El País.

 

¿Cuáles son las buenas noticias?

Afortunadamente, aunque aún se mantienen muchos de los problemas señalados en la carta de 1992, sabemos que se han realizado acciones para empezar a corregir algunos asuntos clave y que los resultados positivos ya se hacen notar. Hablamos de la prohibición de químicos que dañan la capa de ozono; la disminución en las tasas de deforestación de algunas regiones, y el descenso en la natalidad, que ha disminuido la sobrepoblación en algunas zonas. Esto nos recuerda que tenemos la capacidad de modificar las condiciones y, si todos los sectores sociales se organizan, es posible revertir los daños. Pero cada uno de nosotros tiene que comprometerse. Pues, como se dijo en la carta de 1992:

La humanidad ha empujado a los ecosistemas terrestres mucho más allá de sus capacidades para sostener la red de la vida.

¿Qué problemas señalados en 1992 aún existen?

Todos los problemas que preocupan a la comunidad científica son de alta gravedad y es necesario comprenden que se ligan entre sí, de manera que hay que abordarlos simultáneamente. Haber ignorado las advertencias ha agravado algunas problemáticas ecológicas. Entre ellas están el cambio climático, la deforestación, la falta de acceso a agua dulce, la extinción de especies y la sobrepoblación. Los efectos negativos descritos por los científicos en 1992 han superado sus especulaciones. Tenemos que actuar ya.

 

¿Cuáles son las soluciones?

En este segundo llamado, se sugieren 13 áreas de acción; pero lo más importante es que los ciudadanos comiencen a involucrarse, no sólo modificando sus hábitos en favor del medio ambiente, también presionando a sus líderes y gobiernos, para que implementen políticas verdes.

Estas son algunas de las soluciones que sugieren… ¿Cuál crees que sea la más urgente?

 

 

Hay algunas cosas que deberías empezar a pensar más seriamente, porque con un giro en tus hábitos cotidianos puedes hacer la diferencia. Puedes apoyar la disminución de la deforestación desmedida si compras productos de madera certificada y alimentos producidos de forma local y sustentable. También procura no alimentarte de especies en peligro de extinción, como el atún. Es una forma de cuidar nuestra biodiversidad. Otra cosa que puedes hacer es evitar el desperdicio de comida: esta es una forma muy grave de contaminación. Aunque no te puedas volver ni vegetariano, procurar sustituir mucha de la carne que comes con verduras ayudará a disminuir la emisión de gases de efecto invernadero. Otra cosa que puedes hacer al respecto es cambiar tu coche por la bicicleta o transporte público. Una acción súper importante es procurar dejar de usar plástico. Es innecesario y muy contaminante.

 

Recuerda que la solución está en cada uno de nosotros y en nuestra capacidad de ejercer participación ciudadana y cambiar los hábitos personales.