Meteoróloga explica las razones de la “inusual” granizada en Guadalajara (y no es por el cambio climático)

El fenómeno no es inusual en la zona conocida como “corredor del granizo”. Una especialista llama a no atribuirlo al cambio climático (en referencia a la frase de un político local).

Uno de los efectos secundarios de vivir en una época de reproducción masiva de información es que cualquier fenómeno adquiere rápidamente una escala mundial, para bien y para mal. Y es que luego de una inusual granizada de más de metro y medio registrada en Jalisco, el gobernador Enrique Alfaro informó sobre los trabajos de restauración pública, que no causaron pérdidas humanas pero sí afectaciones materiales. En ese contexto, sugirió una relación entre el granizo y el cambio climático:

El granizo a más de 1 metro de altura y luego nos preguntamos si el cambio climático existe.

Probablemente muchos de nosotros pensamos lo mismo cuando las imágenes de las calles y plazas cubiertas de hielo comenzaron a circular en las redes sociales.

Sin embargo, según la meteoróloga Elizabeth Ramos del Servicio Meteorológico Nacional, “En estos momentos asociarlo con eso [el cambio climático] sería un error“.

El granizo tomó esas proporciones a causa de diversos factores, entre ellos la orografía de la zona serrana de Jalisco y al menos dos movimientos atmosféricos importantes: el choque de una cuña de baja presión con una masa de aire cálido y húmedo proveniente del golfo de México.

 

¿Por qué sería “un error” culpar al cambio climático?

En una entrevista con BBC Mundo, la doctora Ramos explicó que la zona donde se concentraron las nubes lo suficientemente altas como para contener núcleos de hielo se conoce como “corredor del granizo”, y abarca parte de Jalisco y Michoacán, “cruza todo el país por el eje volcánico y llega hasta la sierra de Veracruz y al menos cinco veces al año se producen granizadas”. Aunque las nubes de este domingo alcanzaron los 18 kilómetros de altura, esto no se considera fuera de lo normal.

La última vez que el granizo alcanzó una altura superior al metro de altura en fecha reciente fue en la Ciudad de México, durante el verano de 2014. En Jalisco, la última vez que ocurrió fue hace al menos 20 años. A pesar de ello, en términos históricos, no se trata de una anomalía.

Fue un suceso muy local y hay que revisar las estadísticas para hablar de cambio climático, irse cientos de años atrás, revisar también las estadísticas de otros lugares…

Así pues, un poco de información puede ayudarnos a comprender en un nivel menos alarmista cómo se ve realmente el calentamiento global. En el caso de la granizada de Guadalajara, diversos factores meteorológicos recurrentes en la historia reciente de la zona se dieron cita. Esto no niega la existencia de alteraciones climáticas importantes: la ola de calor que golpeó a Australia en enero de este año corresponde con la época del verano en el hemisferio sur, pero precisamente dentro de esa recurrencia las temperaturas fueron inusualmente altas, rebasando los 49.1º C

El cambio climático y sus implicaciones para el planeta son algo que ha alcanzado un nivel generalizado de acuerdo e importancia pública, lo que es bueno para promover iniciativas de energía renovable y cambios en la forma de vida. Pero achacarle cualquier fenómeno meteorológico al cambio climático, por inusual que parezca en un principio, es caer en una paranoia paralizante que justo tiene el efecto inverso en el discurso público, como si ya no hubiera nada que hacer y las noticias se convirtieran en anuncios de colosales calamidades.

El discurso y la cobertura sobre el cambio climático deben darse siempre en un contexto de información y respaldado por investigaciones científicas bien acreditadas. Por desgracia, en una cuestión tan importante, los políticos no son una buena fuente de información.

 

* Fotografía principal: ULISES RUIZ/AFP/GETTY



Luna de trueno y eclipse parcial hoy: transmisión en vivo y todo lo que debes saber

Se trata del último eclipse lunar del año y los espíritus del “rayo” se apoderan de esta enigmática luna llena…

Mucho de las tradiciones nativas americanas circula en torno a la conexión entre los astros y la tierra. De ahí que según algunos de sus mitos, ciertas lunas llenas se encuentran relacionadas con la tierra, especialmente con las cosechas, aunque también con el clima y las estaciones del año. Según la tradición nativa americana, se le llama luna del rayo o luna de trueno a la luna llena que aparece durante el mes de julio. Su nombre, como puede ser obvio, se relaciona con la temporada donde ocurren las tormentas más fuertes. También se le conoce como la luna del ciervo, pues es en esta temporada cuando los cuernos de este animal brotan de su aterciopelada piel. 

En esta ocasión, la luna del rayo o luna de trueno viene acompañada de un suceso especial: el último eclipse lunar de 2019. Si bien este eclipse será parcial, podrá alcanzarse a notar si miras en el horario indicado. 

Aproximadamente 7 minutos antes del pico de la luna llena, nuestro astro favorito comenzará a sumergirse en la sombra de la Tierra, iniciando el último eclipse lunar del año. Mientras tanto, Saturno estará acercándose a la luna en el cielo nocturno.

La luna no se pondrá roja durante el eclipse, pero sí podrá verse una parte de ella que comenzará a lucir gradualmente más oscura a partir de las 22 horas (tiempo de la Ciudad de México) y volverá a su estado inicial a la 01 hora del 17 de julio.

Este eclipse tendrá una magnitud máxima de 0.65, lo que significa que el 65% del diámetro de la luna estará cubierto por la sombra de la Tierra, por lo que diversos medios de divulgación científica le han llamado “eclipse de media sangre”.

La luna de trueno y el eclipse parcial serán visible en casi todo el mundo. Si en tu ciudad no puedes verlo, no te preocupes, aquí te proporcionamos el video de la transmisión en vivo



Tu vida sexual y tu salario están íntimamente relacionados, mira por qué

El estudio no sugiere tener sexo en la oficina, sino que existe una correlación entre el salario y la frecuencia de la actividad sexual.

El salud, el dinero y el amor (o la vida sexual, si se prefiere) son, sin duda, las mayores preocupaciones de cualquier trabajador en esta época. Un triángulo frágil que, sin embargo, muestra una firme interdependencia según un estudio publicado en la Revista Internacional de la Fuerza de Trabajo.

En dicho estudio, el doctor Nick Drydakis, de la Universidad Anglia Ruskin, afirma que los trabajadores que tienen actividad sexual dos o tres veces por semana ganan en promedio 4.5% más que los trabajadores que tienen sexo con menor frecuencia. 

Se entrevistó a más de 7,000 trabajadores y trabajadoras de distintas edades y orientaciones sexo-afectivas, además de utilizar metodologías que dieran cuenta de la posible información falsa que la gente compartiera (porque no es ciencia que la gente suele mentir sobre su cuenta bancaria y su vida sexual).

Se propone que la actividad sexual es un indicador de salud física y mental que debe considerarse como parte de la serie de rasgos productivos de una persona, en este caso, de trabajadores y trabajadoras.

Según Drydakis, es difícil saber qué lleva a qué: si la falta de sexo a ingresos bajos o los sueldos altos a mayor frecuencia de relaciones. Se sabe, sin embargo, que “el celibato resulta en menores salarios, así como los menores salarios conllevan menos sexo. Es decir, tenemos argumentos socioeconómicos, de salud y de salud mental para respaldar ambos efectos”.

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No queda claro si a más sexo mayor salario, o viceversa, pero la relación se sostiene estadísticamente

 

¿Riqueza sexual?

El estudio no señala diferencias salariales entre trabajadores heterosexuales y homosexuales: la orientación no parece ser el factor determinante del mayor salario, sino la frecuencia de actividad sexual.

Esta misma relación directa fue incluso más alta en la franja de edad entre 26 y 50 años. De igual forma, el sueldo de individuos con capacidades diferentes sexualmente activos resulta mayor que el de los no activos.

Para los investigadores, la actividad sexual no se desarrolla solamente en el terreno de lo íntimo, sino que debe tomarse en cuenta como “barómetro para la salud, la calidad de vida, el bienestar y la felicidad”.

La hipótesis de Drydakis es que el sexo tiene un impacto emocional importante sobre otras áreas de la vida, como el trabajo. Igualmente, señala que otras formas de cuidados que no involucren relaciones sexuales (el contacto, la vida social), son importantes para el equilibrio de la salud mental.

Padecimientos como la ansiedad y la depresión tienen un impacto económico importante. No se trata de decir que estos pacientes deberían tener “más sexo” para estar más sanos y trabajar mejor, sino de entender que cuidar de nosotros mismos y de los demás (incluyendo el ámbito sexual) impacta positivamente en el resto de nuestra vida emocional.