Borra tu huella de Google (aquí te decimos cómo)

Si quieres borrar tu paso por este servidor y evitar que sepan todo de ti, sólo tienes que hacer esto.

Sabemos que Google se queda nuestra información y tiene la capacidad de encontrarnos, estemos donde estemos. Cada segundo se realizan 40,000 búsquedas en su servidor, las cuales viajan a un centro de datos en el cual trabajan 1,000 computadoras para elaborar datos y enviarlos de vuelta. Mientras ocurre esta peripecia informática, Google crea un perfil personalizado de cada persona que realice una búsqueda, por inocente que ésta sea.

Con lo alarmante que esto resulta, es válido preguntarnos: ¿podemos dejar de usar el buscador de Google y todos los demás servicios que ofrece esta industria tech? Parece improbable. Más bien, si queremos evitar que Google sepa todo de nosotros, debemos saber borrar nuestras huellas cuando usamos sus servicios. Pero lo bueno es que eso se puede hacer sabiendo usar las propias herramientas que Google provee.

 

Lo primero que tienes que saber es… qué sabe Google de ti

El “panel de control”, al que puedes acceder desde “cuenta” en el botón del lado derecho de la página principal, te permite administrar y conocer toda la data en tu cuenta de Google.

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Desde ahí podrás acceder a “datos y personalización” y conocer tu historia de navegación; lo más importante aquí es que veas tu actividad –ya que Google registra en Maps los lugares que has visitado en la vida real, y no sólo tu actividad en el mundo virtual–. En esta opción podrás ver todo tu historial. 

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Luego, debes modificarlo todo

Obviamente, Google tiene todo configurado a su conveniencia. Pero tú puedes modificarlo. Sólo que tomará un tiempo.

Antes que nada, debes entrar a tu perfil para editar tu información personal. Lo mejor será que borres tus datos –como fecha de cumpleaños o nombre completo– o que introduzcas datos falsos.

En el “panel de control”, deberás entrar a “configuración de anuncios” para desactivar la personalización de publicidad. Esto no bloqueará los anuncios, pero hará que Google ya no use tu información para adivinar qué publicidad es más acorde a tu perfil.

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Después, modifica otras configuraciones en la opción de “verificación de privacidad”, como por ejemplo:

  • Historial de ubicaciones
  • Actividad de voz y audio
  • Historial de reproducciones de YouTube

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Todas estas son aplicaciones de las cuales Google obtiene información. En el caso de la voz, por ejemplo, Google puede usarla para mejorar su reconocimiento de voz, además de que en cada clip que hayas hecho o mandado se registra en dónde fue grabado y con que app. Escalofriante, ¿no? Pero puedes limitar todo esto de manera manual.

 

Y por último, debes descargar tu información

Puedes descargar todos tus datos, desde fotografías hasta contactos y archivos en las diversas apps de Chrome, lo cual podrás hacer también desde la pestaña “datos y personalización”, deslizando la ventana hasta abajo hasta llegar a la opción “descargar o borrar tus datos”.

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Crear este nuevo archivo puede tomar un tiempo, pero valdrá la pena. Así podrás tenerlo a tu disposición sin necesidad de Google, y borrar todo lo que quieras mantener a salvo. Quizá sea un archivo algo pesado, así que un disco duro externo podría servirte para guardar toda tu data sin que tu computadora lo resienta. O puedes transportarlo a una nube que asegure la privacidad de tus archivos, como UWP de Mega, la cual es de servicio cifrado.

Después de hacer todo esto, querrás mantener a raya toda posible intervención de Google en tu vida privada. Para ello es recomendable que busques alternativas a los servicios de Google: otros navegadores –como Safari o Firefox–, otros buscadores –como DuckDuckGo– u otras apps. Incluso puedes navegar en redes sociales alternativas.

Aunque lo más probable es que no puedas escapar del todo de Google. Por eso es importante que no olvides realizar de vez en cuando una limpieza como esta, para volver a quitar de manos de esta industria tech cualquier información personal.



Una pareja reforestó todo un bosque como proyecto de vida (este fue el resultado) 🌲

Y ahora es refugio para cientos de animales en peligro de extinción.

La vida en pareja es indisociable de los proyectos a mediano y largo plazo. Toda relación requiere de que se forme un proyecto de vida en común que dé sentido a la existencia compartida.

Pero existen muy pocos casos donde un compromiso de amor muto se vea nutrido por una labor tan noble como la realizada por Léila y Sebastião Salgado, una pareja que en 20 años reforestó un bosque tropical en Minas Gerais, al sureste de Brasil.

Ahí había vivido Sebastião durante su infancia y juventud. En la preparatoria conoció a Léila, y ambos llegaron a vivir en París y en Londres, ya que su país pasaba por tiempos convulsos. Durante ese tiempo Sebastião estudió economía y estuvo a punto de trabajar para el Banco Mundial. Pero intempestivamente decidió que lo suyo era la fotografía, y su trabajo como fotoperiodista lo llevó a África, donde documentó el terrible genocidio de Ruanda.

Cuando por fin la pareja pudo volver a Brasil tras el fin de la dictadura, y desgastado de tanto documentar el sufrimiento humano, Sebastião se encontró con que en su antiguo hogar también había ocurrido un genocidio. Sólo que éste fue perpetrado contra la naturaleza: ya no había bosque en Valle del Río Doce. Quedaba un yermo territorio sin vida animal a la vista.

Pero cuando todo parecía perdido, Léila le propuso a su compañero hacer de la reforestación de Valle del Río Doce su proyecto de vida. Y así fue como dieron inicio, en 1998, a un proyecto que implicó la creación de una organización ambiental, llamada Instituto Terra, la cual ha fomentado, desde entonces, el desarrollo sustentable de esta zona.

Antes y después del bosque en Valle del Río Doce:

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Casi 3 millones de árboles fueron plantados.

Ahora, este santuario es hogar de cientos de especies en peligro de extinción, entre ellas aves, mamíferos, anfibios y reptiles, además de casi 300 árboles distintos. Pero nadie los llevó ahí: ellos simplemente regresaron al bosque que les había sido arrebatado debido a la deforestación masiva y otras intromisiones humanas.

La labor de esta pareja se ha extendido más allá de los confines de Valle del Río Doce y Minas Gerais, y ha permeado hasta otros estados de Brasil que comparten este gran territorio natural que es el bosque atlántico, y que se extiende hasta Paraguay y Argentina. Además, desde el año 2002 cuentan con una escuela medioambiental, y hasta diciembre de 2012 se desarrollaron más de 700 proyectos de desarrollo sustentable, conservación y restauración.

En el siguiente corto documental puedes ver más de este proyecto, que sin duda es un hermoso ejemplo de cómo dar sentido a la existencia compartida. Si quieres saber más de la labor fotográfica de Sebastião Salgado –y en caso de que no lo hayas visto–, puedes ver el maravilloso documental La Sal de la Tierra, hecho por su hijo, Juliano Ribeiro Salgado.

 

*Imágenes: 1) Luiz Maximiano; 2) Instituto Terra



¿Sabes cómo Google rastrea tu información?

El motor de búsqueda se ha convertido en un vigilante omnipresente. Pero, ¿cómo lo hace?

El Internet se ha convertido en una especie de dimensión alternativa. Aunque se trate de un entorno virtual, lo cierto es que tiene mucho mayor impacto en la vida real de lo que podríamos creer: ha trastocado no sólo a la economía sino a la psique colectiva, que ha desarrollado una férrea adicción por el Internet, misma que los científicos ya avizoraban desde 1998 y que en la actualidad se ha vuelto un masivo desorden clínico.

Pero Internet también ha modificado profundamente la vida privada sin que ni siquiera nos demos cuenta. Ahora nunca estamos solos, porque las grandes industrias tech nos vigilan sin intermitencias y saben todo de nosotros. Lejos quedó el tiempo en el cual la información personal era privada y sólo podía usurparse mediante micrófonos o cámaras.

Nuestra intimidad se ha convertido en datos, y los datos –junto con los clicsse han convertido en un mercado explotable. Pero, ¿cómo sucedió esto?

Cada segundo se realizan 40,000 búsquedas en Google, es decir, 1.2 trillones por año.

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Estas búsquedas viajan a un centro de datos en el cual trabajan 1,000 computadoras para elaborar los datos y enviarlos de vuelta; esto ocurre en 1/5 de segundo, lo que hace de Google el mayor productor de CO2 después de Estados Unidos, China y la India.

Mientras esto sucede, Google está creando perfiles personalizados de cada usuario que utiliza su motor de búsqueda.

Gracias a esto es que los primeros resultados de la búsqueda son anuncios pagados, lo cual no sucedía en los albores de Google. Pero muy pronto se dieron cuenta de que estaban desperdiciando un mercado explotable, que estaba creciendo conforme más personas tenían acceso a un celular. Esto quiere decir que ha habido un refinamiento en los métodos a partir de los cuales las industrias tech logran extraer nuestra información. ¿Por qué? Porque cada vez que damos clic sobre un anuncio, nuestra información pasa a los comercializadores de los motores de búsqueda y se almacena en una masiva cuenta de AdWords.

Todo esto tiene un objetivo: hacernos consumir más. Y ya que los viejos trucos publicitarios estaban haciéndose obsoletos, era necesario introducir nuevas tecnologías para hacernos compradores compulsivos, ahora mediante compras en línea.

 

¿Qué sabe Google de ti?

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Google –y otros motores de búsqueda– saben, gracias a esto, tu edad, tu género, cuánto ganas, si estás casado o eres soltero, e incluso qué gadget usas. También saben tu ubicación exacta, tu grado de estudios, los idiomas que hablas, el contenido de tu bandeja de entrada y, claro: qué productos compras.

Los perfiles que Google crea de cada persona contienen su historial de voz, todas las búsquedas realizadas hasta el momento, los lugares en los que ha estado en el último año, las imágenes que ha guardado y los anuncios a los que ha dado clic.

Es así que este emporio digital y sus Google Ads se ha convertido, a decir de Hal Roberts, investigador de Harvard, en un vigilante omnipresente, pero inadvertido. Así, las industrias del Internet se han infiltrado más en nuestras vidas que cualquier ficción orwelliana. Esto, junto a los métodos de vigilancia que imponen a sus empleados los emporios como Amazon y el escándalo de los datos que Facebook vendió para fines políticos, apunta a que vivimos en una sociedad mucho más peligrosa que una en donde la vigilancia se realizara sin tapujos.

Es nuestra ignorancia al respecto lo que le da mayor poder a estos emporios para violar nuestra intimidad. Esta situación nos pone en riesgos constantes que no debemos normalizar. Sin embargo, no todo está perdido: podemos informarnos más al respecto, buscar alternativas para navegar seguros por Internet, y saber que siempre podemos dejar el Internet sin dejar rastro. Siempre podemos, además, no dejarnos seducir por el consumismo, e intentar tener una vida más orgánica y sin tanto desperdicio. En gran medida, todo depende de nosotros.

 

* Imágenes: 1) Nicholas Blechman; 2) PC; 3) CC