Tener una postura sin caer en fanatismos, un consejo de George Orwell

No hay duda de que nos hace falta una sinergia con otras ideas para complementarnos, como individuos y como humanidad.

Una cosa es defender férreamente lo que pensamos y sentimos, o tener una postura política clara, y otra es tener ideas como tótems: tan monolíticas que nada puede cambiarlas, y que nos hacen polarizar cada conflicto, sea “personal” o político.

Las ideas que se mantienen de esta manera muchas veces terminan siendo obsoletas al punto de lo anacrónico, pues no están sujetas al sano flujo que proporciona la retroalimentación. Además, ocurre con frecuencia que nos sujetamos fuertemente a nuestras posturas porque nuestra identidad está basada en ellas, y no tanto porque de verdad creamos en lo que con tanto ahínco defendemos.

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Lo malo es que, cuando no podemos analizar fríamente nada ni nutrirnos de nuevas fuentes, es más probable que nos subordinemos ante cualquier postura que empate con la nuestra, lo que nos hace presas fáciles incluso de las fake news. O también, nos hace susceptibles de lo que George Orwell llamó atinadamente doublethinking, o “doble pensar”, que es básicamente un engaño consciente.

El doublethinking era, en la famosa novela 1984, un neologismo usado por los propios partidarios del sistema: una forma de alterar su psique para estar siempre en paz con sus ideas, sin dejar que nada –ni la realidad objetiva– pudiese cambiarlas. Sin duda Orwell fue un vidente, pues el doublethinking es lo que parece estar predominando como programática social en la actualidad.

 

Los fanatismos de la era digital

Un estudio que analizó 2.7 billones de tweets entre el 2009 y el 2016 encontró que los usuarios de Twitter están expuestos, en general, a opiniones políticas que concuerdan con la suya, lo que sin duda es una paradoja de nuestros tiempos hipercomunicados. En éstos, los algoritmos de internet nos aíslan en nuestras propias burbujas ideológicas y en una suerte de confort moral.

Así, cultivamos un doublethinking y sacamos de la ecuación todo pensamiento crítico o que no se apegue a nuestras creencias. Para Orwell, tal concepción del mundo constituía la anatomía de todo fanatismo y totalitarismo (o lo que él llamaba el “odio organizado”).

La ortodoxia significa no pensar –no tener que pensar–. Ortodoxia es inconsciencia.

Dejar ir nuestras posturas monolíticas no significa que renunciemos a lo que creemos, ni que no podamos conformar pensamientos colectivos sintonizados; en realidad, es mucho más sano en términos de cultivarnos a nosotros y a los demás. Pero la cuestión está en cuáles problemas ponemos antes y cuáles después, así como en a cuáles ideas estamos dispuestos a no renunciar, frente a otras que podemos modificar sin perder lo esencial.

Entre otras cosas, cultivar un pensamiento libre de fanatismos requiere de que seamos mejores interlocutores: saber escuchar es un arte venido a menos en los últimos tiempos, lo cual es poco menos que paradójico si pensamos que las redes sociales podrían ser el fermento de las más ricas discusiones colectivas.

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Sin duda, es importante también saber analizar y no dejarse llevar sólo por los sentimientos (lo cual incluye a la moral). Un justo medio entre nuestras creencias y lo que podemos dejar ir implica que nos abramos a los datos que nos arroja la realidad (que, por lo demás, es bastante plástica y nunca tan rígida como nuestros pensamientos) y que nos cuidemos de no querer imponerle nuestras teorías, sino que busquemos entender la realidad a partir de nuestro bagaje teórico pero con una actitud flexible.

Todas estas son cosas que el propio Orwell cultivó, no sólo con su crítica a los apegos devocionales a ciertas normas e ideas preestablecidas, sino porque realmente condujo su vida como alguien que no quiere caer en las garras del fanatismo (así lo demuestra su participación en la guerra civil española).

Me parece que uno sólo puede derrotar el fanatismo precisamente no siendo un fanático, y al contrario, usando la propia inteligencia.

Esa suerte de “desapego orwelliano” es quizá lo que necesitamos para superar todo fanatismo sin renunciar a nuestra identidad, y poder plantear soluciones colectivas a los problemas que más nos apremian.

Porque evitar que el mundo sea una pesadilla depende de nosotros, según el Orwell de ficción del brillante documental de la BBC, Orwell: A Life in Pictures.

 

* Imágenes: 1) Julian Makey; 2) AP

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.


Esta isla de Noruega va a eliminar el tiempo

¿Imaginas la radiante libertad de un mundo sin tiempo lineal? En esta isla de Noruega ya es una realidad durante el verano.

Entre el cuento de hadas, la rebeldía ontológica y la física avanzada, recién nos enteramos que los habitantes de Sommarøy (isla de verano), en Noruega, decretaron eliminar el tiempo. Sus poco más de 300 habitantes acordaron en una asamblea abolir el tiempo y reemplazar los relojes por hilados de flores.

Ubicada cerca del Círculo Polar, en Sommarøy no se pone el sol durante más de dos meses (del 18 de mayo al 26 de julio). Proporcionalmente, pero en sentido inverso, durante el periodo invernal y parte del otoño, las noches son eternas. Por eso, en la temporada veraniega todos quieren aprovechar al máximo sus días, y el reloj se vuelve completamente ajeno a la vida cotidiana.

Uno de sus habitantes, Kjell Ove Hveding, compartió en un comunicado: 

Hay luz del día constantemente y actuamos en consecuencia. En medio de la noche, lo que la gente de la ciudad podría llamar ‘2 am’, puedes ver a niños jugando al fútbol, gente pintando sus casas o cortando el césped y adolescentes nadando”. 

El acuerdo entre los habitantes ya fue enviado al parlamento noruego para ser oficializado. Pero lo cierto es que esta abolición del tiempo ya ocurre, en la práctica, en la vida diaria de la isla:

Para muchos de nosotros, obtener esto por escrito simplemente significaría formalizar algo que hemos estado practicando durante generaciones.

En caso de confirmarse la autorización, Sommarøy se convertiría en la primera zona del mundo en ser libre de tiempo –lo cual nosotros en Ecoosfera celebramos, por que nos recuerda que el tiempo lineas es, hasta cierto punto, una arbitrariedad cultural–. 



Oakland descriminaliza los “hongos mágicos” y otras sustancias psicodélicas naturales

Después de Denver, Oakland se convierte en la segunda ciudad de Estados Unidos en descriminalizar la posesión de “plantas de poder”.

Las autoridades del condado de Oakland, en California, votaron a favor de una nueva ley que instruye a las fuerzas de policía a tomar como su “menor prioridad” los arrestos por posesión de sustancias alucinógenas, como los “hongos mágicos”, el peyote o la ayahuasca.

Aunque la ley no apoya abiertamente el uso de estas sustancias, la idea es que su disponibilidad ocurra de la mano de una campaña de prevención de daños. Uno de los mayores impulsores de la reforma es el grupo Decriminalize Nature Oakland, que reunió el apoyo suficiente a través de información sobre el uso potencial de los alucinógenos como tratamiento de padecimientos psiquiátricos.

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Lo que establece la ley es que el uso de “plantas enteógenas” no es motivo de persecución criminal en Oakland (aunque sí lo es a nivel federal). La votación favoreció la enmienda gracias al testimonio de más de 30 personas, quienes hablaron del potencial de estas sustancias como tratamiento para la depresión, el estrés postraumático y el control de adicciones, además de los usos espirituales de algunas culturas nativas americanas.

Otras voces durante la votación también solicitaron añadir a la ley la obligación de ofrecer una guía de uso a los usuarios, además de recomendaciones como la de consultar a su médico antes de autoprescribirse un tratamiento con plantas enteógenas, así como empezar con dosis suaves para conocer las reacciones que pueden diferir enormemente entre pacientes con los mismos diagnósticos.

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En países como Holanda y Portugal, la descriminalización ha dejado históricas lecciones (AP Photo/Peter Dejong)

También en Ecoosfera: La filosofía de los alucinógenos: ¿un tratamiento espiritual contra la depresión de nuestra era?

El médico Michael Clarendon señaló que, a pesar de que muchos pueblos han usado consistentemente este tipo de plantas durante miles de años, esto se hacía dentro de un contexto ritual. Para los occidentales modernos, asegura, las “plantas de poder” no son más que placebos recreativos que se añaden a la ya de por sí preocupante población adicta a opioides, drogas legales y medicamentos de prescripción.

La venta y comercio sigue siendo ilegal, y el uso de enteógenos sintéticos como el LSD y el MDMA permanece sin cambios. En otras palabras, todo tipo de sustancias enteógenas permanecen en la clasificación 1 según las leyes federales, donde están las que supuestamente provocan mayores abusos y peligro de adicción.

Sin embargo, lo que ocurre cuando una ciudad descriminaliza las sustancias enteógenas es que se abre paso no sólo a nuevas posibilidades para la salud mental que no atraviesen el dispositivo psiquiátrico-hospitalario: se trata también de generar contextos donde la búsqueda de la salud, así como los casos de abuso de sustancias, sean tratados con el mismo cuidado y atención que un grave problema de salud por parte de las autoridades. Descriminalizar la posesión de pequeñas cantidades no incentiva el consumo sino que evita aumentar los casos de brutalidad policíaca, presupone un incremento del presupuesto de defensa contra los consumidores (muchas veces de bajos recursos y racializados) y evita el encarcelamiento de jóvenes por crímenes menores. A nivel social, representa una segunda oportunidad para muchos.

La investigación científica también se ve beneficiada con este tipo de medidas, porque no existe otra forma de conocer los efectos de estas sustancias –que la gente de cualquier manera sigue utilizando– para construir tratamientos efectivos, así como esquemas de información y prevención de daños.

 

* Imagen principal: Dancing-Astronaut

 

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