Ciudades tristes: la gentrificación aumenta casos de ansiedad, depresión y trastornos mentales

La voracidad inmobiliaria eleva el valor de ciertas propiedades a costa de la pobreza y el sufrimiento emocional de sus habitantes originales.

Como parte de la expansión de las grandes metrópolis urbanas, existen zonas que se ponen de moda casi de la noche a la mañana, lo que trae consigo la construcción de grandes edificios, la segmentación de las colonias, el encarecimiento de las viviendas y el eventual desplazamiento de las personas. El objetivo de este proceso es aumentar el valor inmobiliario de dichas zonas, pero al hacerlo, se rompe el tejido comunitario, lo que afecta gravemente la salud mental de quienes se ven desplazados.

Hay un nombre para semejante proceso, recurrente en los análisis urbanos contemporáneos, pero ‘gentrificación’ (por gentry, burgués) parece un término insuficiente para la magnitud del problema: no hablamos sólo de la transformación puntual de zonas descapitalizadas de la ciudad, sino de la exclusión, la fragmentación y la pauperización voluntaria de otras.

De acuerdo con Guillermo García, las ciudades tienen sus propios estados de ánimo, pero no porque sean seres con independencia emocional, sino porque dicho estados de ánimo están íntimamente ligados a los de quienes las habitan.

 

Ciudades tristes

La gentrificación no solamente modifica el paisaje urbano, sino que también altera el estado emocional de sus espacios. De acuerdo con una investigación realizada en el estado de Nueva York, los procesos de gentrificación en dicha ciudad tienen fuertes implicaciones potenciales en la salud pública. Los resultados sugieren que el desplazamiento de las personas se relaciona con el incremento de las hospitalizaciones por salud mental.

Un estudio realizado por Sungwoo Lim y Pui Ying Chan, del Departamento de Salud e Higiene Mental de la Ciudad de Nueva York, tenía el objetivo de mostrar el impacto que tienen los cambios en la urbe sobre los individuos, y los investigadores se encontraron con que los índices de hospitalización, en el caso de individuos con enfermedades mentales, son dos veces más altos en las personas que han sido desplazadas que en quienes continúan viviendo en sus barrios.

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Los resultados mostraron que en los centros de salud y las salas de urgencias se recibe cada vez más a dichas personas debido a cinco causas principales:

  1. consumo excesivo de alcohol y drogas
  2. esquizofrenia
  3. otros trastornos psicóticos
  4. desórdenes del estado anímico
  5. ansiedad

En ese sentido, la investigación de Sungwoo Lim y Pui Ying Chan revela datos importantes para tomar en cuenta en cuanto a la explotación demográfica. Estas modificaciones al paisaje urbano devienen en altos costos no ya solamente para los individuos, sino para toda la urbe, pues tienen un impacto en un sinnúmero de situaciones: sistemas nacionales de salud, seguridad pública, abastecimiento de servicios, etcétera.

A la luz de estos descubrimientos, vale la pena reflexionar sobre la forma en la que construimos las ciudades: no podemos oponernos sin más a los cambios, pero beneficiar a ciertos sectores de la población a costa de la pobreza y el dolor emocional de otros, no es una forma de progresar. Apostar por reconstruir los espacios y las comunidades que los habitan impedirá que la gentrificación devore a las ciudades y sus habitantes.



Corazón de geoda (una escultura que ofrenda lo más sagrado)

Arte para ejercitar nuestro asombro: un “corazón fantasma” con interior de cristales.

Junto a la cabeza, el corazón es uno de los fragmentos más importantes del cuerpo humano. Exuda y circula a través de nuestras venas y arterias la sangre, que a su vez da vitalidad y nutre cada parte de nuestro ser físico. Algunas culturas religiosas creen que este órgano es una suerte de cavidad que atesora, en un tamaño atómico, el alma de cada ser vivo. De ahí que culturalmente, y en muchas partes de la orbe, exista una clara importancia en las desiciones que tomamos, en el transcurso de nuestras vidas, “con el corazón”.

El corazón tiene la forma de una pirámide inclinada y, cuando está drenado, es de color pálido, muy blanco. En esta condición nuestro órgano ha sido nombrado inevitablemente corazón fantasma

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La escultora y aficionada de la magia, Debra Baxter se fascinó cuando escuchó por vez primera este término. Concretamente, se trata de un procedimiento médico donde se limpia el corazón de todas sus células sanguíneas y luego se inyecta con cientos de millones de nuevas células que hacen que comience a latir nuevamente. Algo parecido hace Baxter con sus esculturas de corazón, pero en lugar de células, ella incrusta minerales de muchos tipos. Sus piezas realmente únicas poseen cascarones de oro, plata o bronce, con interiores de amatista o cristales blancos.

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Nuestro favorito es este, una geoda atrapada en un cascarón de corazón fantasma:

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El corazón y la Tierra. Dos entes atestados de símbolos y sabiduría inmortal, tan vieja como la magia y la naturaleza misma. Materia poética para ejercitar el asombro. 

 

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La gentrificación en Berlín provoca avistamiento de fantasmas callejeros (increíble exposición)

La instalación “Los desahuciados” del colectivo Reflektor busca crear empatía con las historias de quienes fueron desalojados por la gentrificación.

Fatma es una inmigrante turca que vivía en el distrito de Neukölln, un barrio obrero de Berlín, que en los últimos años se ha puesto muy de moda. Cuando su esposo Ali no pudo pagar el alquiler de la casa donde vivían, tuvieron que mudarse con sus suegros, donde Fatma tiene que ocuparse de todas las labores.

Historias como esta son las que el colectivo de arte callejero Reflektor intenta recuperar a través de la instalación Los desahuciados.

Se trata de muñecos fantasmales dejados en distintos puntos del barrio que buscan romper con la inercia de la ciudad ideal, y recordar que antes de que llegaran las galerías y los cafés de moda, Neukölln era un barrio residencial cuyos habitantes fueron expulsados paulatinamente debido al encarecimiento de la vivienda y la voracidad inmobiliaria.

La gentrificación ocurre cuando una zona se pone de moda, por lo que los precios de la vivienda y los servicios aumentan. Estudios recientes indican que estos movimientos en la organización de las ciudades podrían llevar a un aumento en casos de depresión y ansiedad clínica, entre otros padecimientos mentales.

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Los desahucios en la zona han aumentado dramáticamente durante los últimos años (Imagen: Eva Maria Stotz)

Según Matthias Holland-Moritz de Reflektor, las esculturas representan historias ficticias basadas en hechos reales. “Se trata de la estigmatización, de estar ahí afuera, socialmente muertos”.

Desde hace unos años, la zona se volvió blanco de grupos inmobiliarios internacionales que han abierto bares, restaurantes y cafés, lo que provocó el desalojo masivo de mucha gente que solía vivir ahí.

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Las esculturas de todas las edades tienen un globo de texto en el que los transeúntes pueden leer sus historias, así como visitar el sitio web del proyecto para concientizarse sobre las condiciones de los antiguos habitantes del barrio.

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Las esculturas buscan romper la inercia de los nuevos inquilinos y turistas (Imagen: Eva Maria Stotz)

Además de ser un interesante proyecto artístico, Los desahuciados busca prevenirnos mediante un ejercicio de empatía de que cualquiera de nosotros puede encontrarse en algún polo de la lógica de la gentrificación: apropiándose del espacio de alguien que solía vivir ahí, o siendo desalojado al no ser capaz de pagar lo que los administradores inmobiliarios exigen.

 

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