La Gran Depresión fue uno de los momentos más duros en la historia de Estados Unidos. Miles de familias perdieron todas sus posesiones o cayeron en pobreza alimentaria. La delincuencia aumentó más de un 60% y el panorama mundial general de entreguerras era desolador.

Durante ese período, las loterías fueron prohibidas en todo Estados Unidos, lo cual abrió paso a un enorme mercado de juegos y rifas ilegales. En ese contexto surgieron los sweepstakes, un tipo particular de rifa que se volvió popular muy rápidamente a lo largo y ancho del país.

Una serie de entrevistas con los ganadores de estos juegos, realizadas en 1934 en la ciudad de Nueva York, nos abre la puerta a los sueños, esperanzas y emociones de la clase trabajadora de la época. La mayoría declaran que jamás pensaron que podrían retirarse, tener una casa propia o tomar unas vacaciones; algunos incluso afirman que usarán el dinero para pagarse una comida abundante o ayudar a sus familiares enfermos.

Ninguno menciona lujos o gastos exóticos. Todos desean simplemente llevar una vida digna y sin carencias.

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Lo que consideramos como buena suerte cambia radicalmente de acuerdo a nuestras circunstancias

La historia del mundo siguió su curso y Estados Unidos se convirtió en el epicentro del consumismo y el libre mercado, creando un sistema mundial de enormes divisiones e inequidades. En todo el mundo, nuestra actual idea de ganar la lotería proviene de un imaginario muy distinto al de aquellos hombres y mujeres que jamás se plantearon la posibilidad del consumo desmedido o el despilfarro. 

La moraleja agridulce de esta historia diría que, a diferencia del capitalismo tardío en el que vivimos hoy, esas personas aún podían ser felices con lo más mínimo, aunque para acceder a ese tipo de “felicidad” hubieran tenido que ganarse la lotería. Una felicidad que muchos de nosotros damos por sentada.