Menos es más: editar la vida para ser feliz con lo indispensable

Menos cosas, menos espacio y menos estrés. Más ahorro, más versatilidad y más conciencia ambiental.

¿Poseer es realmente lo que se necesita para tener una buena calidad de vida? La frugalidad es un concepto (y potencialmente, una filosofía de vida) que sugiere que se puede ser más feliz con menos. Menos es más.

Se ha puesto de moda mejorar la calidad de vida bajo la falsa creencia de que hay que ‘equiparse’ de objetos, outfits, accesorios y gadgets que contribuyan a mantener esa calidad de vida. 

Sin embargo, la frugalidad apunta a que reevalúes lo que tienes, dones lo que no usas, tires lo que no sirve, y guardes únicamente lo que es fundamental y magnífico. Lo que te durará años.

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Jeremy Lapak

De qué hablamos cuando hablamos de frugalidad

Tal vez no conocías el término, pero seguro has vivido la frugalidad: al acampar en la nada llevando sólo lo básico, al viajar y hospedarte en un hostal, o tal vez cruzando el mar en una lancha.

¿Te dio más libertad? ¿Sentiste que te rendía el tiempo? La fórmula es sencilla: menos cosas = menos espacio y por lo tanto menos estrés, menos daños al ambiente, más ahorro y más versatilidad en la vida.

La vida editada. La frugalidad te permite ver cuánto eres capaz de acumular en contraste con lo que realmente posees, y te podría ayudar a encontrar el equilibrio, que se traduce en comprar menos, pedir más prestado y, en general, apreciar lo que tienes.

Si has viajado con él, te has mudado con él y lo llevas a cualquier parte del mundo, probablemente tienes un objeto valioso.

Uno vale, pero ¿qué pasa cuando son muchos? ¿y cuando entre esos muchos, hay unos que ya ni recuerdas? Ahí ya no tienes un objeto valioso ni magnífico; tienes un problema.

 

Consumir menos: una tendencia hacia el futuro

Según un estudio de Euromonitor International, una de las megatendencias -de cambio a largo plazo- que moldearán a los consumidores y las industrias para el 2030 es la frugalidad (y ojalá que tengan razón):

Un aspecto es la ‘frugalidad glorificada’, que ve al consumidor de clase media celebrar el bajo precio de las cosas, al mismo tiempo que reduce el desperdicio. Para ganarse a los ‘frugales’, las compañías deben diseñar para la longevidad, enfatizando la buena calidad, reutilización, fácil mantenimiento y buscar ‘ganancias de valor revolucionarias.

Sarah Boumphrey, directora de investigación de Economías y Consumidores en Euromonitor International, señaló:

Una tendencia que empezó a abrise paso, por ejemplo, con Ingvar Kamprad, el fundador de IKEA, que fue una de las 10 personas más ricas del mundo.

En el camino hacia el crecimiento de su imperio, Kamprad publicó La Biblia de IKEA, que incluye máximas como “malgastar recursos es un pecado mortal”.

A lo largo de su vida, el empresario mostró poco interés en los lujos de la riqueza. Volaba en clase económica y durante 2 décadas manejó un Volvo. También se alojaba en hoteles baratos y compraba en los supermercados locales.

Según Kamprad, deberíamos dividir nuestras vidas en unidades de 10 minutos y sacrificar la menor cantidad posible de ellas en actividades sin sentido.

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Nordwood Themes

Frugalidad paso a paso

Entonces, tómate un día para limpiar tu guardarropa, el armario debajo de las escaleras, la habitación de invitados, tu desván o sótano, y analiza:

  • ¿Cuál fue el pensamiento detrás de esa compra?
  • ¿Querías estar al día con esa prenda?
  • ¿Darte un gusto después de un día difícil?
  • ¿Era una ganga demasiado buena para dejarla?
  • ¿Realmente valió la pena?
  • ¿Es superfluo?

Pienso, luego consumo. ¿Esto me hará realmente feliz? El escritor y diseñador Graham Hill propone editar sin piedad:

Limpia las arterias de tu vida. ¿Qué haces con la camisa que no has usado en años? Es hora de dejarla partir.

Otra máxima de Hill es que lo pequeño es sexy: espacios eficientes y multifuncionales, como un comedor que se convierta en cama, u objetos de diseño como una estufa con tres quemadores (en lugar de seis).

El diseñador textil y artista británico William Morris escribió:

No tengas nada en tu casa que no sepas que es útil o creas que es hermoso.

Es un mantra que puedes intentar vivir ahora.

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Ron McClenny


Para no pagar renta, este hombre se construyó un castillo de arena en la playa

Este brasileño ha creado su propio microrreino, mucho más cerca de la fantasía que del sistema (y su castillo de arena es la prueba).

Entre la fantasía y la contracultura, ahí cultiva Marcio Mizael Matolias su vida cotidiana (lo cual, por cierto, es un sueño de millones alrededor del mundo). Este brasileño no paga renta ni cuentas mensuales de servicios, simplemente optó por construir su propia morada antisistémica en una playa de Río de Janeiro. 

Mientras millones de personas luchamos cada mes por pagar nuestro alquiler, al tiempo que nos vemos asediados por otros pagos múltiples, Marcio escogió una ruta alterna y hoy vive en su pequeño palacio de arena, libre de las preocupaciones que nos acosan al resto.

Yo crecí en la Bahía de Guanabara. Siempre he vivido en la playa. Y mientras la gente paga rentas exorbitantes para vivir frente al mar, yo no tengo ninguna cuenta que pagar y aquí tengo una buena vida. 

Marcio Mizael-Matolias

Si bien es ingenuo pensar que la vida de este brasileño es perfecta, ya que seguramente enfrenta sus propios problemas, su iniciativa también es absolutamente inspiradora. Y aunque para muchos de nosotros no sea viable algo así, lo cierto es que todos tenemos a nuestra disposición recursos para explorar formas distintas de vida, incluso sin llegar a extremos fantásticos como el de Marcio. 

En todo caso, recordemos que mientras algunos estamos sumidos en las exigencias, muchas de ellas absurdas, de una realidad determinada, otros ejercen la poesía existencial, viven dentro de castillos de arena y son reyes de sus propios reinos. 



Ma (間): el corazón del minimalismo japonés

Irradiar espaciosidad es la perspectiva de abundancia que existe en Japón.

El espacio negativoel vacío puro entre todas las cosas– es algo que la cultura japonesa ha practicado hasta volverlo una estética en sí mismo. El amor por el vacío es un afecto que la cultura del sol naciente explica bajo el ideograma (間) ; un concepto llamado Ma (que fonéticamente suena como <maah>).

Ma es el espacio para celebrar el lugar sin ornamentos, es decir, un espacio minimalista. 

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Coco Chanel, la popular diseñadora de modas de principios del siglo XX, casi se acercaba a esta idea de Oriente cuando decía: “Antes de salir de tu casa mírate en el espejo, luego quítate algo de lo que traes puesto”.

Quitar para sumar, ganar, adquirir algo, aunque sea imperceptible. Retirar, por ejemplo, una mascada, por ejemplo, da lugar a que sobresalgan los accesorios. De alguna manera eso es lo que Ma busca como estética en un espacio habitable. Si en la casa hay demasiadas cosas, nada destaca; si sólo hay unas pocas, conscientemente seleccionadas, permiten enfocar la mirada en ciertos objetos singulares y expanden la atmósfera de un diseño de interiores.

El espacio vacío es “una promesa por cumplirse”, un lugar por ocuparse, una pausa antes de una emoción que va a expresarse. Porque el vacío es potencia, no anulación.

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En esta idea oriental importa de igual manera lo que está y lo que todavía no toma cuerpo, como los claroscuros en la pintura o en el dibujo. Los objetos, las palabras, incluso la música, no existirían por sí solos si detrás no hubiese un vacío o Ma

Este es un bello concepto de refinamiento que refleja cómo nos relacionamos con los lugares donde vivimos y trabajamos. No es una idea de abundancia a tope, saturada, en donde se pierde el valor de lo singular. Además, está implícito que los lugares en los que permanecemos buena parte de nuestras vidas influyen en nuestro comportamiento e impactan, a veces, en nuestra salud mental. En este sentido, algunos creen que una vez que alguien ha comprendido el concepto de Ma, le será más fácil alcanzar la tranquilidad mental (heijoshin, en japonés).

A veces el amor por el vacío irradia espaciosidad y, de forma paralela, amor por la abundancia; pero sobre todo, muestra amor por la apreciación.

El problema en Occidente no es que haya demasiadas cosas, es que tiene que existir suficiente Ma, para que haya equilibrio.