¿Qué dice tu foto de perfil de ti, según la ciencia?

¿Sonríes tímidamente o te lanzas del bungee? ¿A color o blanco y negro? ¿Muchos filtros o baja resolución? Una foto de perfil dice más que mil palabras.

No hace falta un doctorado en psicología para darse una primera impresión de la personalidad de alguien en sus redes sociales con sólo un breve vistazo a su perfil.

Sin embargo, un nuevo estudio ha detallado qué rasgos estéticos de nuestras fotos de perfil pueden asociarse a los cinco grandes rasgos de personalidad del modelo de cinco factores (o “Big Five”). Cabe mencionar que los rasgos de este modelo no son mutuamente excluyentes, y que la personalidad individual se construye con rasgos de uno o varios factores.

Los autores del estudio (publicado en AAAI DIGITAL LIBRARY) compararon un análisis detallado de la personalidad de miles de participantes con sus fotos de perfil de redes sociales. Estos fueron los resultados: 

 

Responsabilidad

La gente más responsable utiliza fotografías más naturales, coloridas y brillantes. De todos los factores de personalidad, son las que expresan mayores emociones positivas.

 

Extroversión

Estas personas hablan de sí mismas a través de lo que las rodea: un grupo de amigos y muchos colores a su alrededor, además de presentar una sonrisa directa a la cámara.

 

Amabilidad

Son las fotografías menos cuidadas y editadas de todos los rasgos de personalidad, pero probablemente salen sonriendo o presentando emociones positivas a través de su expresión facial.

 

Inestabilidad

Expresiones neutras, rostros medio escondidos por sombreros, bufandas, manos, y menor colorido en general.

 

Apertura a nuevas experiencias

El tipo de personalidad más creativo (y probablemente con las mejores cámaras), donde se presentan los ángulos más artísticos e inusuales. El rostro ocupa la mayor parte del cuadro.

 

A decir de los investigadores, las diferencias entre los tipos de personalidad se relacionan directamente con la calidad estética de las fotos: mayor calidad en los de gran apertura, y menor en los inestables. Los responsables, los amables y los extrovertidos prefieren mostrar al menos un rostro, y los dos últimos, con un énfasis especial en el color.

¿Cuál es tu tipo de personalidad según esta tipología? ¿Te identificaste con más de una? Cuéntanos en los comentarios.

 



Lo más oscuro de la naturaleza humana: 5 hallazgos de la psicología

Aún estamos repletos de instintos, pero no todos son positivos.

No hay cuestión que haya causado mayores dudas, ni que haya justificado tantas acciones individuales y colectivas, como la concepción de la “naturaleza humana. Algunas corrientes filosóficas o religiosas han afirmado que la maldad es nuestra característica intrínseca, mientras que otras aseguran que nuestro rasgo primigenio es la bondad.

Pero nuestras características naturales se diluyen con aquellas que surgen de la culturización y de nuestras capacidades racionales, hasta que se vuelve imposible distinguir qué nos hace lo que somos.

Para sortear estos laberintos, valdría la pena reflexionar la naturaleza humana a partir de un principio: nosotros también somos producto de la naturaleza. Quizá somos la más excéntrica de sus creaciones, pero lo somos a fin de cuentas. Por eso también tenemos tantos rasgos positivos, como por ejemplo, ser juguetones

Sin embargo, escuchar lo que la psicología tiene que decir sobre lo más desagradable de la naturaleza humana contemporánea es esclarecedor. El neurocientífico y escritor de ciencia Christian Jarret reunió algunas de estas características, las cuales han sido confirmadas por la psicología.

Estos son 5 hallazgos que revelan
lo más oscuro de la naturaleza humana

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Por naturaleza… vemos a las minorías como menos que humanos

Esta deshumanización rampante fue comprobada por un estudio que usó tecnología para escanear el cerebro. Dos psicólogas observaron la actividad cerebral de alumnos de la Princeton University mientras veían fotos de gente de diversos estratos sociales y grupos. Ver a los de mayor “estatus” activaba la corteza prefrontal media –asociada a las conexiones emocionales con otros–, mientas que las fotos de gente sin hogar o drogadictos no la activaba.

Otros estudios han demostrado que la gente considera a personas ­–como los migrantes o habitantes de países menos desarrollados– como “menos evolucionados”, lo que incluso le sucede a niños que ven niños de otro género.

Por naturaleza… somos dogmáticos

Si tuviésemos otra naturaleza, quizá sabríamos demostrar nuestro desacuerdo con buenos argumentos. Lo cierto es que estudios clásicos han demostrado cómo la gente que cree firmemente en algo tiende a ignorar por completo los elementos que determinan su posición. Al parecer esto tiene que ver con un resguardo instintivo de nuestro sentido de permanencia.

Por naturaleza… preferimos hacernos daño que pasar tiempo con nuestros pensamientos

Un peculiar estudio del 2014 comprobó que las personas ya no podemos sólo pensar o desconectarnos. En la prueba, 67% de los hombres y 25% de las mujeres prefirieron darse toques eléctricos antes que pasar 15 minutos en contemplación pacífica.

Por naturaleza… somos hipócritas morales

Cuando no somos nosotros quienes hacemos algo egoísta –como optar por la tarea más fácil y relegar la más difícil a otro– y somos, en cambio, a quienes les hacen la jugarreta, nos indignamos como si nosotros “no hubiésemos sido capaces de hacerlo”. Eso lo comprobó un estudio reciente. También tendemos a justificar lo que hacemos por las condiciones que vivimos, pero a lo que hacen otras personas somos incapaces de medir con el mismo barómetro.

Por naturaleza… nos atraen las personas con rasgos de personalidad sombríos

La evidencia sugiere que tanto hombres como mujeres se sienten atraídas por narcisistas, psicópatas e individuos maquiavélicos –incluso con aquellos que tienen esos tres rasgos de manera simultánea–. Es probable que esto tenga que ver con la supervivencia, pues dichos rasgos muestran la confianza y fortaleza del otro.

 

*Imágenes: 1) Creative Commons; 2) Marcus Selmer



Minimalismo digital: simplifica tu vida digital y recupera la realidad

Las tecnologías digitales son herramientas que nos conectan con el mundo, pero su uso compulsivo puede ser nocivo.

Conforme la tecnología avanza, parece que los usuarios nos convertimos en meros operadores de pantallas y administradores de notificaciones: siempre pendientes de los sonidos que vienen de nuestros teléfonos inteligentes, de los mensajes de las redes sociales, de las invitaciones a eventos a los que pretendemos ir pero no vamos. Y esta relación con la tecnología no sólo es agotadora, también ha sido estudiada como una enfermedad.

Y es que si has sentido que las mejores horas de tu día se van por el caño navegando entre redes sociales y mirando la vida virtual de los demás, tal vez no eres el único. En un estudio longitudinal de la Universidad de Yale y la de San Diego (publicado en la Revista Americana de Epidemiología) se analizó el uso de Facebook entre 5,200 personas.

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Brian Stauffer

Se encontró que el promedio de uso es de 9 horas al día, lo que se correlaciona con una mayor tasa de depresión entre los participantes de la investigación. La conclusión de los científicos es, por lo menos, alarmante: “Mucho de este deterioro tiene su origen en sus teléfonos”.

Si los teléfonos digitales, las tablets y las computadoras nos acercaron y conectaron, también fomentaron nuestro alejamiento del mundo. ¿Pero es justo culpar a las herramientas de lo que las personas hacen con ellas? Después de todo, un cuchillo puede servir para cortar una naranja o para… bueno, entiendes la idea. ¿Cómo hacer, pues, un mejor uso de nuestras herramientas?

 

Qué es el minimalismo digital

El profesor de ciencias computacionales Cal Newport no es alguien que esté en contra del avance tecnológico, especialmente de la tecnología digital: se trata de alguien que, precisamente por su experiencia en la materia (desarrollando dichas tecnologías), está en posición de proponer soluciones tajantes y necesarias para la adicción a redes sociales que experimentan muchos jóvenes.

Su solución se engloba en lo que llama “minimalismo digital”, que define como “una filosofía del uso de la tecnología donde concentras tu tiempo en línea en un pequeño número de actividades óptima y cuidadosamente seleccionadas, que respalden las cosas que valoras, y luego te desentiendas felizmente de todo lo demás”.

El FOMO (acrónimo en inglés de fear of missing out, o miedo de perderte algo importante que estaría pasando en tus redes sociales justo cuando no las revisas) es bastante real, y ha establecido una dinámica tóxica para nuestra atención y el uso de nuestro tiempo en línea. Lo que hay que entender sobre el minimalismo digital es que no está contra la tecnología, sino a favor de hacer un uso más consciente de las herramientas tecnológicas.

Existen usos críticos y necesarios de los dispositivos (como para trabajar o comunicarse), pero siendo honestos, pasamos la mayor parte del tiempo utilizándolos para entretenernos o postergar el trabajo y nuestras relaciones.

Para cambiar nuestra relación con la tecnología, debemos establecer una serie de parámetros y procedimientos de operación: poner horarios en los cuales nos prohibamos entrar a redes sociales para concentrarnos en el trabajo, y horarios en los que nos permitamos navegar en la red simplemente por diversión.

Si tienes FOMO, acércate a tus amigos, o recupera esa vieja práctica del siglo XX: llámalos por teléfono o queda con ellos para charlar (con el teléfono en modo silencio, claro). Deshacerte de hábitos tecnológicos compulsivos es posible, y una buena manera de comenzar es:

 

1. Diferencia entre tecnología necesaria y tecnología opcional

Revisar tu mail de trabajo es necesario; navegar en redes sociales es opcional. Usar apps de mensajería para comunicarte con tu familia es necesario; inundarlos de memes es un uso opcional. ¿Entiendes la idea?

 

2. Pasa 30 días sin utilizar tecnología opcional

Nada de redes sociales, nada de navegar hasta la madrugada en página tras página que no recordarás al día siguiente. Utiliza ese tiempo en hacer algo que valores: acércate a los amigos que hace meses que no ves, retoma un hobby divertido, inscríbete en alguna clase o taller, etcétera.

 

3. Es posible que tengas pequeñas recaídas en ese lapso

Después de todo, muchos nos comportamos como verdaderos adictos a la tecnología. No te culpes por ello, pero trata de distanciarte conscientemente de esas prácticas, y sustituirlas por cosas que realmente valores y te hagan sentir bien.

 

4. Luego de los 30 días, puedes admitir poco a poco nuevamente las tecnologías opcionales,

pero siempre bajo un horario y parámetros estrictos de uso. Por ejemplo, 1 o 2 horas de redes sociales al final de tu jornada laboral, Instagram y podcasts solamente en los trayectos, etcétera.

 

5. Para admitir una tecnología opcional de vuelta en tu vida,

asegúrate de que cumpla una función positiva y benéfica. No, quitarte el aburrimiento no es una “función benéfica”.

El mantra de este periodo de minimalismo digital será ver la tecnología como herramienta para respaldar las cosas que valoras, no como fuente de valor en sí misma. Tu atención es un territorio que la tecnología te ha arrebatado y capitalizado, a costa, muchas veces, de tu salud mental y de tus relaciones en el universo 1.0. El minimalismo digital es sólo una buena idea para recuperar tu atención y aprovechar las grandes ventajas de la era digital sin sacrificar tu paz mental.