A menudo decimos que los niños y niñas “tienen integrado el chip digital“, o frases similares. Intentamos explicarnos el hecho de que, por primera vez en la historia, la educación de toda una nueva generación ocurriese en un mundo transformado por la revolución digital.

Pero el libro de papel, ese dispositivo analógico de lectura utilizado durante cientos de años, no desapareción con esa revolución: incluso parece que su importancia se ha fortalecido.

La frase “nativo digital” fue acuñada por Marc Prensky en el año 2001. Prensky, un reconocido educador, sugirió esa etiqueta para caracterizar a los individuos con alta eficiencia en la práctica de una serie nueva de habilidades, inéditas hasta entonces, que involucraban el uso de pantallas y dispositivos electrónicos.

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Por extensión, poco a poco se asumió que los niños eran “nativos digitales”, mientras que Prensky se refería más bien a un proceso de aprendizaje que podía darse también en adultos.

El error se volvió vox populi, a pesar de que no existen estudios que respalden esa creencia. 

Sin embargo, sí existen estudios que sugieren maneras de acercar a los niños a la lectura.

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Buscar lugares donde los niños se sientan cómodos y no se distraigan es tan importante como encontrar los libros adecuados.

La investigadora Margaret Merga ha notado que los niños en edad escolar responden muy bien a los programas de lectura guiada. Su trabajo de los últimos años ha sido preguntarle a miles de estudiantes qué es lo que necesitan para leer con más frecuencia. Asombrosamente, no se trata de más tablets. Estas son sus sugerencias para hacer que los niños y jóvenes lean con más frecuencia.

 

1. Encontrar libros que los atrapen 

Probablemente puedes encontrar cientos de páginas web y bibliotecas digitales con libros para niños y jóvenes, ¿pero por dónde empezar? Una forma de evitar que la tecnología nos ponga el pie, es visitar directamente los lugares donde están los libros. Muchas librerías tienen áreas infantiles, y las bibliotecas públicas suelen ofrecer programas dirigidos a esta población, por lo que encontrar orientación será más sencillo.

 

2. Buscar libros de la misma serie/personaje/saga

La lectura “serializada” potencia que los niños sepan qué buscar cuando se encuentran en una biblioteca o librería. Por un lado, esto crea un mercado de lectores; por otro, fomenta en los niños la habilidad de buscar información por sí mismos.

 

3. Sensación de reto 

Si una actividad es muy sencilla, nos aburre; si es muy difícil, nos frustra. Con los libros ocurre igual. Cada lector necesita su propia motivación: ¿es curiosidad, necesidad de aprender, placer? Sea cual sea, recordemos que Borges recomendaba jamás leer un libro por obligación.

 

4. Un cuarto propio (o al menos un buen rincón de lectura)

Más importante que el soporte de lectura (sea digital o analógico) parece ser un espacio adecuado, ya sea en casa o en la escuela. Una habitación con demasiadas distracciones o una iluminación inadecuada puede ser suficiente para inhibir una sesión de lectura. Proveer estos espacios para los chicos, involucrándolos en su conservación, es tan importante como acercarlos a los libros. 

5. Hablar de libros

Tal vez esto sea lo más difícil de lograr, pero también es el primer paso más lógico: si queremos que los niños y adolescentes lean, debemos ser lectores nosotros. Según esta hipótesis (que parece de sentido común), si los niños ven a los adultos leer, ellos desarrollarán interés en un rango más amplio de libros conforme crezcan.

No se trata solamente de los padres o los maestros: todos tenemos sobrinos, primos o niños a nuestro alrededor, ávidos de escuchar historias. 

Cabe señalar que los estudios se centran únicamente en los dispositivos como soporte de lectura, sin tomar en consideración otro tipo de usos (educativos o de entretenimiento). Es decir, no toman en cuenta que, en la práctica, los niños (especialmente los de familias de ingresos bajos y medios) pasan entre 4 y 8 horas conectados.

Si en este artículo insistimos en los libros de papel como soporte de lectura no es por nostalgia del formato, ni mucho menos: existen buenas razones para creer que los dispositivos digitales ofrecen demasiadas oportunidades para distraerse de la lectura. Esto no quiere decir que los chicos no necesiten aprender a buscar archivos o bibliotecas enteras en Internet, sino que hay que entender que la lectura es una forma de usar nuestra atención que, en estos días, es de por sí escasa. La lectura en formatos electrónicos y analógicos no debe ser excluyente.

Pero incluso cuando los niños y adolescentes ya pueden leer por sí solos, cuando necesitan leer para realizar tareas escolares o por gusto, la mayoría elige libros de papel. Algunas investigaciones indican que leer de esta forma incrementa la retención y la comprensión lectora.