Drones “bombardearán” Australia con 100 mil árboles diarios (y ahora son la envidia de todo el planeta 🌏)

La reforestación para aliviar al planeta… Estos drones utilizarán inteligencia artificial para determinar la profundidad a la cual deben disparar una semilla germinada según las condiciones del suelo.

La Tierra pierde cerca de 15 mil millones de árboles cada año a causa de la deforestación. Este proceso ha sido necesario para desarrollar el pastoreo y los sembradíos, pero en la escala actual, la deforestación es un tema político, que incluso ha generado polémicas consecuencias a nivel social.

Dicho de otra forma, el cambio climático se ha convertido en una preocupación suficientemente urgente como para que la ciencia esté buscando cómo hacer frente a sus avances, a diferencia de los políticos profesionales, que se han convertido en meros guardianes de los intereses del capital financiero global. La explotación de minas a cielo abierto, el fracking, y por supuesto, la deforestación, juegan un papel vital en el desarrollo de la producción a gran escala. 

Esto, a su vez, está provocando consecuencias imprevisibles a largo plazo, como el aumento de la temperatura de los mares en el hemisferio sur, la destrucción de la gran barrera de coral, y una de las primaveras más calurosas que se recuerden en Australia.

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¿La reforestación para enfriar el planeta?

Existe una legislación internacional que certifica científicamente ciertos pasos que los países deben tomar para aminorar los efectos previsibles de este cambio geológico a escala humana. Algunas de sus recomendaciones son la “inversión del 2.5% del PIB mundial durante 2 décadas, para mitigar el cambio climático” y “que una extensión de tierra del tamaño de Australia se dedique a la producción de energías limpias“.

En lugares como la India se han ensayado campañas de voluntarios para plantar millones de árboles, pero a pesar de las cifras esperanzadoras, muchas naciones están lejos de alcanzar sus metas de reforestación para el nuevo milenio.

Bajo esta consigna, la doctora australiana Susan Graham ha contribuido a diseñar un dron que permite sembrar 9 millones de árboles al año. Sin embargo, no han sido suficientes.

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Jack Sturmer/ABC News

¿Cómo escalar la capacidad de reforestación? A la fecha, Graham trabaja en el desarrollo de una nueva tecnología capaz de disparar una semilla germinada por segundo desde las alturas. Los drones son capaces de calibrar de manera no supervisada la profundidad y condiciones del terreno ideales para plantar una semilla. Con 60 flotillas de este tipo, se pretende llegar a una capacidad de reforestación de 100 mil árboles diarios.

 

Reforestar el mundo desde el cielo

Por ahora, su equipo trabaja únicamente en Australia, pero la doctora Graham pretende que sus acciones se repliquen en el resto del mundo. Utilizando sus prototipos, se podrían llegar a sembrar hasta 1,000 millones de árboles en un solo año. Las consecuencias positivas para el planeta serían contundentes. 

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Jack Sturmer/ABC News

Además, la tecnología desarrollada por BioCarbon Engineering, la empresa que financia el proyecto de Graham, permitirá llegar a los terrenos más remotos y escarpados, donde la reforestación manual sería imposible, e incluso podría ser útil para rehabilitar los terrenos arrasados por la minería.

 

* Fotografía principal: Orangutan Foundation International Australia



No podemos depender del petróleo, pero tampoco de la carne

Meta-investigación de 7,000 publicaciones científicas recomienda la transición paulatina hacia una dieta balanceada a base de alimentos de origen vegetal.

La información disponible es concluyente: las acciones de esta generación serán determinantes para las condiciones futuras de nuestros descendientes. Así lo plantea un nuevo reporte emitido por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, presentado con las palabras:

La tierra es donde vivimos.

La tierra está sometida a presiones humanas cada vez mayores.

La tierra es parte de la solución.

Pero la tierra no puede hacerlo sola.

 

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Las condición que establecen los Acuerdos de París (limitar el calentamiento a nivel global a no más de 1.5 grados por encima de la media actual) parecen bastante radicales porque, de hecho, lo son: debemos eliminar nuestra dependencia de la carne y el petróleo.

Esta no es solo la opinión de un grupo de personas, sino el resultado de una meta-investigación acerca de un corpus interdisciplinario de 7,000 investigaciones distintas. Los datos en conjunto demuestran que el 72% de la superficie de la tierra libre de hielo se utiliza para actividades humanas, como la producción de alimentos y la obtención de recursos naturales. Estas actividades son responsables del 23% de las emisiones de efecto invernadero, responsables, a su vez, del aumento en la temperatura de la atmósfera, la desertificación de la tierra y la muerte de arrecifes de coral en los mares.

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Es preciso ganar todas las batallas

Aunque escuchemos hablar del cambio climático como un fenómeno homogéneo y bien diferenciado, lo cierto es que se compone de una serie de problemas concretos, cada uno con su particular nivel de dificultad. Este nivel de problemas no puede solucionarse a nivel individual: es preciso la cooperación y organización de todos los países en conjunto. Continuar con nuestros actuales hábitos de consumo constituye el peor camino posible.

Para Will Turner, vicepresidente de Conservation International, una organización no sin fines de lucro,

Este reporte realmente subraya la importancia y urgencia de las tierras. Lo que hagamos en esta generación para proteger y restaurar la tierra es lo que va a determinar si nuestros hijos, y aquellos con quienes compartimos el planeta, habrán de sufrir… Podemos detener las emisiones de combustible fósil mañana mismo y aún fallar si el Amazonas es arrasado o [la selva tropical de] Sumatra se quema.

Esto quiere decir que el futuro de las condiciones de vida del planeta depende de que los países del mundo logren organizar su producción de manera sostenible, y actúen como una sola especie, más allá de nuestras diferencias políticas.

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El 72% de la superficie terrestre se destina a actividades de consumo humano (Patrick Hendry)

Probablemente necesitamos más árboles que máquinas que conviertan el dióxido de carbono en combustible. Nuestra dependencia de las máquinas fue lo que nos trajo hasta aquí en primer lugar. Sin embargo, los esfuerzos internacionales para reforestar enormes áreas y proteger otras en peligro, rinden resultados virtualmente inmediatos.

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Nuestra alimentación es la enfermedad y la medicina

Por otra parte, el estudio señala que los gases de efecto invernadero también son el resultado de la dependencia internacional de dietas basadas en ganado de pastoreo. La transición a dietas vegetarianas o veganas no será una opción solamente ética y personal, sino una prioridad colectiva, pues nuestra dependencia a la carne se paga con un gran coste medioambiental, que impacta en igual medida a las poblaciones que dependen de estas industrias.

Según el propio reporte,

es necesaria la diversificación en el sistema alimentario, y sugiere dietas balanceadas a base de alimentos de origen vegetal, como los cereales, legumbres, frutas y vegetales, nueces y semillas, y alimentos de origen animal producidos bajo sistemas resilientes, sustentables y bajos en emisiones de gases de efecto invernadero.

Los obstáculos para conseguir esta meta no son solamente los hábitos de consumo de carne, sino la dependencia de muchas poblaciones locales involucradas en su producción, las cuales enfrentan “barreras técnicas y financieras asociadas a los estilos de vida y hábitos culturales”.

En realidad, los países más ricos (y que más consumen carne y combustibles fósiles) son los que producen mayor parte de los gases de invernadero. Afortunadamente, también en muchos de estos países la resistencia de jóvenes estudiantes está encendiendo la conciencia de una nueva relación con el planeta.

El reporte no habla de predicciones ni sucesos por verificar; señala claramente que los campesinos del llamado tercer tundo ya están resintiendo los efectos de las sequías, olas de calor e inundaciones, que amenazan con agudizar las ya de por sí apremiantes condiciones de pobreza.

El futuro de las políticas públicas en lo que refiere a seguridad alimentaria, manejo sustentable de la tierra, desertificación y flujo de gases de efecto invernadero debe ser la prioridad de los gobiernos de hoy en adelante. Aunque suene duro, satanizar el uso de popotes de plástico en tanto acción individual de consumo es un pálido simulacro de la revolución que sería curarnos, como especie, de nuestra fatal dependencia al petróleo, la carne, y a todas las actividades relacionadas a su extracción y producción, respectivamente. La transición a energías limpias y a dietas basadas en el uso conciente de la tierra son la clave para la continuidad de la vida humana como la conocemos.

Cuéntanos, ¿estarías dispuestx a disminuir tu consumo de carne si esto lograra un impacto determinante en la temperatura de la Tierra?



Ola de calor en Australia alcanza temperaturas históricas de 49.1°C

La sequía y el calor intenso han afectado el suministro eléctrico en Victoria, mientras miles de animales buscan agua desesperadamente.

Enero suele ser el mes más caluroso en el verano austral, pero 2019 marca un nuevo máximo en la historia del gran continente australiano, al registrar temperaturas superiores a los 49°C debido a la más reciente ola de calor.

Una ola de calor ocurre, según el Bureau of Meteorology de Australia, cuando las temperaturas máximas y mínimas permanecen muy por encima del promedio de años anteriores. 

Algunas zonas del sur, como Marble Bar y Pannawonica, registraron máximos alarmantes desde diciembre de 2018. El calor se está extendiendo también hacia el centro, donde se encuentran Victoria, Nueva Gales del Sur y partes del centro de Queensland.

En Adelaide y Tasmania, las autoridades han advertido sobre la posibilidad de incendios forestales luego de registrar un máximo local de 46.2 grados.

Los vientos de alta temperatura, así como el calentamiento de las aguas tropicales del Pacífico (fenómeno conocido como “El Niño”), sólo hacen que el futuro para Australia se prevea todavía más inclemente.

Las autoridades declararon que la ola de calor es una amenaza para la seguridad pública, y el número de emergencias atendidas a causa del clima aumentó drásticamente durante la semana pasada.

Además, el uso continuo del aire acondicionado provocó que la central energética de Victoria se quedara sin capacidad y dejara sin electricidad a 200,000 personas.

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Las autoridades han emitido alertas a la población para mantenerse hidratada

 

Animales afectados por el calor

Pero los humanos no son los únicos afectados por la ola de calor. En Central Land, más de 200 caballos salvajes dependían de reservas de agua que se han secado. Los granjeros han matado a más de 2,500 camellos para evitar que se beban las reservas de agua para pastoreo, lo que ha despertado indignación en la comunidad. 

Las colonias de murciélagos y los bancos de peces también han sido afectados por las intensas temperaturas.

“El gobierno federal que tenemos actualmente es liderado por un puñado de negacionistas del cambio climático”, afirma la investigadora Elizabeth Hanna, del Instituto para el Cambio Climático de la Universidad Nacional Australiana. Hanna también recordó el discurso del primer ministro, Scott Morrison, con ciertos matices religiosos, donde este afirmó:

Rezo por la lluvia en todas partes del país. Sí, rezo por la lluvia. Y aliento a todos los que crean en el poder de la oración a que recen por la lluvia y recen por nuestros granjeros. Por favor, háganlo.