Una metáfora cuántica para entender el amor de nuestros tiempos

Amar a alguien es un acto tan violento como lo fue la creación del cosmos.

El universo emergió cuando el vacío fue perturbado.

Según las teorías de la cuántica de campos, el “falso vacío” es una zona en el espacio que está “vacía” y cuyo estado de energía está en el punto cero, es decir: el nivel de energía más bajo que puede existir.  No obstante, el vacío nunca puede estar del todo desprovisto de materia. Según la cuántica, en su interior contiene formas de energía; fluctuaciones cuánticas.

Podría decirse, entonces, que un vacío es al universo lo que el corazón al cuerpo humano. El corazón nunca puede estar del todo desprovisto de fluctuaciones emocionales.

El “falso vacío” cuántico contiene energía cuántica: ondas electromagnéticas que fluctúan de manera permanente, así como partículas que saltan dentro y fuera de él. Se trata de un estado peculiar en el espacio cargado positivamente y sumamente inestable. Cuando es perturbado por un desbalance, el vacío se desintegra, dando lugar a la creación del cosmos.

El vacío deja de ser vacío y da paso a la expansión de la materia.

De esta forma, para la física cuántica la creación es producto de un desbalance cósmico: del azar y las circunstancias cuánticas. ¿Acaso no lo es también el amor? Por lo menos eso es lo que plantea Slavoj Žižek.

Quizá no hemos entendido lo que el filósofo esloveno quiere decir –no sería raro–. Pero probablemente su punto sea este: que lo primordial surge del azar y del caos. De las grandes explosiones.

El corazón humano –como eufemismo del amor– es inestable, pero jamás puede estar vacío. Cuando sucede un choque circunstancial y azaroso con otro ser, cuando un encuentro inesperado se convierte en una relación amorosa que transforma la vida de las dos personas implicadas, es cuando podemos decir que el amor es como un fenómeno cuántico.

El amor surge de un desbalance cósmico: de una perturbación.

En ese sentido, el amor tiene siempre algo de violento, como el propio cosmos. Amar es un riesgo latente, un miedo constante. La extinción de la pasión es inminente, como la de un astro, y cuando muere se produce una masiva supernova que deja restos estelares.

Pero tal y como, pese a todo, el universo se empecinó en existir… nosotros insistimos en amar.

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Quizá el problema del amor en nuestros tiempos es que vemos esto como un problema. Ya no nos atrevemos a aceptar que el amor es entregarse, afirmarse, comprometerse, al tiempo que implica aceptar que todo lo que conocemos pueda desaparecer de un momento a otro. Tememos tanto que algo perturbe nuestro sagrado vacío –en realidad inexistente–, que ya no dejamos fluir en él la energía ni a las azarosas partículas cuánticas.

Estamos deteniendo el proceso de creación caótica que desata el verdadero amor. Y eso puede tener graves consecuencias para la existencia, a niveles cósmicos.

Pero el propio universo y la física cuántica nos demuestran que el vacío no está en realidad vacío, y que el amor no es sólo amar, en abstracto. En ese sentido, debemos volver a atrevernos a amar, pese –e incluso debido a– los riesgos y la violencia implícita. Como dice Žižek, el amor es malvado.

 

* Imágenes: 1) Imgur; 3) Plástica, graphic artist / øjeRum

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.


Por primera vez científicos crean luz líquida a temperatura ambiente

Los físicos lograron por primera vez producir luz líquida a temperatura ambiente, haciendo que esta extraña forma de materia sea más accesible que nunca.

Desde hace siglos sabemos que la luz se compone de ondas, pero recientemente los científicos descubrieron que puede comportarse como un líquido y además rodear objetos.

Esta materia, que es a la vez un superfluido, tiene cero fricción y viscosidad, y un tipo de condensado de Bose-Einstein, a veces descrito como el quinto estado de la materia, que permite que la luz fluya alrededor de los objetos y las esquinas.

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En un reciente experimento se concluyó que aunque regularmente se comporta como una onda, en condiciones extremas la luz también puede actuar como un líquido y, de hecho, fluir alrededor de los objetos. Los condensados ​​de Bose-Einstein son interesantes para los físicos porque en este estado las reglas cambian de la física clásica a la cuántica, y la materia comienza a tener más propiedades ondulatorias.

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Es así como se forman a temperaturas cercanas al cero absoluto y existen sólo por fracciones de segundo, pero en este estudio, los investigadores fabricaron un condensado de Bose-Einstein a temperatura ambiente mediante una mezcla de luz y materia. Daniele Sanvitto, del Instituto de Nanotecnología de Italia, dijo:

Hemos demostrado que la superfluidez también puede ocurrir a temperatura ambiente, bajo condiciones ambientales, utilizando partículas de materia ligera llamadas polaritones.

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Además, los resultados del experimento abren el camino no sólo a nuevas investigaciones de hidrodinámica cuántica, sino también a dispositivos de polaritón a temperatura ambiente para futura tecnología avanzada, como la producción de materiales superconductores para dispositivos como LEDs, paneles solares y láseres.



La expansión del universo fue recreada en escala atómica

Gracias a un hallazgo reciente, podríamos saber más de cómo fue la expansión temprana del universo.

Del universo no sabemos mucho, pero sabemos que no es estático: las galaxias están en un proceso de constante expansión y, según se cree, a velocidades cada vez mayores. Es decir que existe una fuerza que abre cada vez más espacio entre cúmulos de galaxias, y que haría más largo cualquier hipotético viaje intergaláctico.

Este extraño fenómeno cósmico, que puede ser de magnitudes tan bellas como francamente tétricas, podría llegar a entenderse mejor llevado a una escala atómica. Científicos que estudiaban un estado peculiar de la materia descubrieron que éste se comportaba de manera similar a como se cree que pudo ser la expansión temprana del universo.

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Se trata de un gas diluido en partículas que fue enfriado hasta casi llegar al cero absoluto, al interior de un condensador Boise-Einstein. El equipo buscaba observar la expansión de dicho estado de materia ralentizado, expandiendo sobre él una nube de átomos en forma de dona. Esta acción fue tan veloz que dejó al gas vibrando en lo que los científicos llaman un “zumbido”. Algo así ocurrió en las primeras etapas del universo: un zumbido o vibración de partículas que se expandieron durante el Big Bang.

El equipo de científicos ya ha hecho otros experimentos donde buscan recrear la génesis del universo en el laboratorio, utilizando el mismo gas y el condensador Bose-Einstein. Pero hasta ahora no ha quedado energía remanente en el gas que logre transformarse en materia y luz, lo que es parte esencial de la inflación cósmica que creó el universo. Así que, hasta ahora, se tiene sólo una parte del fenómeno.

Lo que es sorprendente es cómo la teoría cosmológica se conecta con este tipo de experimentos atómicos, lo que apunta hacia una mayor comprensión del universo si se le estudia desde las que podrían ser sus bases, es decir, las leyes de la física cuántica.

Así, a pequeña escala, podríamos llegar a conocer mejor las leyes astronómicas del universo.