Estas son las 11 virtudes que recomienda Aristóteles para lograr la felicidad; ¿tú cuáles practicas?

A través de las virtudes, el punto medio entre el exceso y la carencia, Aristóteles buscaba encauzar los deseos hacia la felicidad.

Nadie tiene duda de que alcanzar la felicidad se logra con una vida virtuosa. Pero, para la mayoría de nosotros, la felicidad consiste en los placeres que el mundo material nos comparte, aun sabiendo que cualquier ser humano sabio la busca en el ejercicio de la vida intangible. 

Esto último, según Aristóteles, no excluye el gozo equilibrado de placeres sensibles, pues la felicidad se trata, en esencia, de vivir y obrar el bien; es decir, de llevar una vida rica en virtudes.

 

Practicar virtudes para alcanzar la felicidad

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La filosofía y ética griegas estaban dirigidas a la formación del carácter. Uno de los filósofos que más aportó a este tema fue Aristóteles, cuya definición de virtud buscaba no eliminar los deseos, sino encauzarlos hacia ese fin que es la felicidad.

Existen tres grandes obras sobre ética atribuidas a Aristóteles: la Ética nicomáquea, que consta de diez libros; la Ética eudemia, que consta de siete libros; y la Magna Moralia, de la cual se duda si fue escrita por él o por un recopilador.

Sobre esta base Aristóteles, que junto con Sócrates y Platón simboliza la búsqueda filosófica occidental, define el concepto de virtud. La virtud como el justo medio. El filósofo veía las virtudes como rasgos del carácter y tendencias para actuar de una manera particular.

Cada virtud es el punto medio entre el exceso y la carencia. Aplicado en términos prácticos esto significa, por ejemplo, que una persona virtuosa sabrá cuánto puede beber sin que sea demasiado y sin abstenerse completamente.

Para Aristóteles, nos volvemos moderados practicando la moderación y valientes al practicar el coraje, entre otras afirmaciones por el estilo, lo que lleva a que la virtud se convierta en hábito.

 

¿Cuáles son las virtudes según Aristóteles?

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Coraje: el punto medio entre la cobardía y la imprudencia. La persona valiente es consciente del peligro, pero va de cualquier manera.

Templanza: la virtud entre el exceso de indulgencia y la insensibilidad. Aristóteles juzgaría a la persona que nunca bebe tan severamente como a la que bebe demasiado.

Generosidad: la virtud de la caridad, este es el medio dorado entre la mezquindad y dar más de lo que puedes pagar.

Magnificencia: la virtud de vivir extravagantemente. Descansa entre la mezquindad y la vulgaridad. Aristóteles no ve razón para ser ascético, pero también advierte contra ser llamativo.

Magnanimidad: la virtud relacionada con el orgullo; es el punto medio entre no darse suficiente crédito y tener delirios de grandeza. Es un hecho que también debes actuar en este sentido de autoestima y luchar por la grandeza.

Paciencia: esta es la virtud que controla tu temperamento. La persona paciente no debe enojarse demasiado, ni dejar de enojarse cuando debería.

Verdad: la virtud de la honestidad. Aristóteles la sitúa entre los vicios de la mentira habitual y el hecho de no tener tacto o jactancia.

Astucia: es el punto medio entre bufonería y grosería; esta es la virtud de tener un buen sentido del humor.

Simpatía: aunque ser amistoso podría no parecer una virtud moral, Aristóteles afirma que la amistad es una parte vital de una vida bien vivida. Esta virtud está en el justo medio entre no ser amable en absoluto y ser demasiado amigable con demasiadas personas.

Vergüenza: el punto medio entre ser demasiado tímido y ser desvergonzado. La persona que tenga la cantidad correcta de vergüenza entenderá cuando haya cometido un error social o moral, pero no tendrá miedo de arriesgarse.

Justicia: la virtud de tratar justamente a los demás. Está a la mitad entre el egoísmo y el desinterés. Esta virtud también se puede aplicar en diferentes situaciones y Aristóteles tiene un capítulo completo dedicado a las diversas formas que puede tomar.

 

Fotografía principal: Sanja Marusic



Las legendarias ideas de Albert Camus sobre la felicidad

Las ideas de Camus invitan a repensar el significado de la felicidad.

Contra la injusticia eterna, el hombre debe hacer justicia, y para protestar contra el universo del dolor, debe crear felicidad.
Albert Camus

 

El filósofo y escritor Albert Camus vivió una época difícil. Sus mejores obras de literatura exploran el lado más oscuro de la conciencia humana después de las guerras mundiales. Su vida personal fue igual de tumultuosa, marcada por el exilio y la muerte.

Ante esto, se entiende por qué el ganador del Premio Nobel de Literatura afirmó que la felicidad era un crimen. En un mundo azotado por la masacre, había cierto escepticismo en torno a esta emoción. ¿Por qué, y para qué, ser felices?

La sociedad que hoy nos acoge, ha puesto la felicidad a nuestro alcance. Para algunas personas ésta se encuentra en las posesiones materiales y el éxito económico. Para otras, el mundo sigue siendo tremendamente desigual.

En este sentido, la felicidad también podría verse como una acción egoísta. ¿Cómo estar contentos cuando no todos son libres de serlo? Aunque esta visión puede parecer pesimista, en realidad es todo lo contrario.

La felicidad que Camus rechaza es la superficial, la obligada, la que se antepone a todas las demás emociones. Él comprendía que el dolor es un sentimiento necesario para alcanzar una vida con propósito.

A pesar de reconocer el absurdo de la vida en sí misma, Camus fue un firme creyente de la libertad de vivir. Como dijo en su magistral obra El mito de Sísifo:

El acto más importante que realizamos cada día es tomar la decisión de no suicidarnos.

Ante un mundo absurdo y sin sentido, en el que rendirse sería sencillo, la voluntad de seguir vivos es lo más preciado. Pero esta voluntad no debe centrarse en la búsqueda de una felicidad egoísta, sino en la conciencia de que estamos vivos, de que podemos ser libres y tenemos el derecho a rebelarnos.

Este metafórico “rechazo a la felicidad” también aboga por no excluir otras emociones. No hay por qué sentir humillación ante la tristeza, la frustración y el enojo, pues forman parte de la complejidad de la vida. Es más: son la vida misma, y nos permiten enfrentarnos a las dificultades.

En fin, la felicidad va más allá de los placeres hedonistas. Su búsqueda es un crimen sólo cuando la vemos como una obligación. En un universo absurdo, no hay una única manera de vivir una vida excelente.

Para este gran escritor, determinar nuestra propia manera de sentir la plenitud, procurar la felicidad de los demás y no escapar de la melancolía son los pasos hacia una vida llena de significado.