Existen muchas formas inmediatas y en fast track para alcanzar la felicidad momentánea. La filosofía diría que se trata más bien de hedonismo, pues según las grandes mentes de la historia, la felicidad verdadera reside en sostener principios como la prosperidad, la virtud, la excelencia y la reputación. La psicología, en cambio, dirá que la felicidad es un estado mental de bienestar, relacionado con un sentido de pertenencia y satisfacción con la propia vida; ya sea que se sienta como algo momentáneo, o ligero y fugaz, se trata de un estado del ser. 

Y aunque nadie tiene la certeza de qué es la felicidad o si de verdad existe, hay quienes han optado por darse, literalmente, descargas de felicidad para lograr la plenitud.

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Y no, no estamos hablando de drogas, sino de un tratamiento que consiste en implantar electrodos en el cerebro para estimular sus reacciones. Este novedoso método de la neurociencia está siendo utilizado principalmente para tratar enfermedades como el Parkinson; sin embargo, estudios recientes han probado que es una opción para quienes padecen depresión crónica. 

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En nuestra época, la depresión se ha convertido en una realidad global. Mientras que algunas personas han decidido tratarla con medicamentos y terapias, otras han optado por elegir tratamientos naturales para la psique, como los remedios naturales, los baños de bosque, o incluso la meditación. Hoy, sumado a estas grandes alternativas, está la estimulación cerebral profunda.

 

¿Estimulación cerebral para ser feliz?

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Actualmente existe un procedimiento que genera felicidad, o al menos aumenta la sensación de euforia sin fármacos. La estimulación cerebral profunda es una práctica que ha probado su eficacia para tratar trastornos psiquiátricos secundarios, como la depresión y el trastorno obsesivo-compulsivo.

El procedimiento consiste en colocar electrodos en el cerebro que mandan señales al sistema de recompensa, lo cual puede aumentar o disminuir la sensación de euforia.

“Los pacientes saben que no les he dado nada, pero que han eliminado algo que los molestaba”, dijo Helen Mayberg, la creadora del método; “es como tener un pie en el acelerador y un pie en el freno al mismo tiempo y, luego, levantar el pie del freno. Ahora puedes moverte”.

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El desafío que el procedimiento ha generado es saber la cantidad de voltios necesarios para cada paciente, ya que se ha encontrado que puede causar adicción. Y tener un exceso de euforia puede resultar en lo mismo que estar deprimido, pues se elevan los niveles de ansiedad. Esto, además, plantea un dilema ético:

¿Quién decide cuál debería ser el nivel: los doctores o la persona cuyo cerebro está a prueba?

Imagina que llevas deprimido 30 años. Comienzas el tratamiento y de repente te interesa todo, vuelves a tu vida. Los síntomas desaparecen y cambias mucho en muy poco tiempo. En general, este cambio es tan radical que puede producir una sensación de amenaza. Daamian Denys, investigador de la Universidad de Ámsterdam, afirma: 

La estimulación ha de ser continua y así el ánimo de la persona se mantiene perfectamente. Si se detiene, el paciente recae en la enfermedad.

Quizás la ciencia ofrece una opción más para ayudar a los pacientes con depresión, pero como ya se sabe, la depresión no es algo que se pueda resolver de la noche a la mañana. Es una actitud; es como el problema del sentido de la vida al que te enfrentas continuamente.

¿Cómo nutres tu actitud ante la vida?