Aplicaciones como Uber y AirBnB han transformado radicalmente la forma en que nos transportamos y cómo viajamos. Sin duda son opciones de autoempleo valiosas para muchas personas, pero el impacto de estos cambios económicos en las comunidades a menudo refleja los problemas profundos de cada comunidad.

Un grupo de emprendedores italianos lanzó un programa piloto llamado FairBnb en enero de 2019, con el objetivo de proponer una alternativa ética dentro del mercado de rentas temporales para turistas. La idea se extendió a ciudades como Sevilla, Barcelona y Amsterdam, y esperan convertirse en la nueva alternativa global de la industria turística.

No se trata de buenas intenciones, sino de retribuir a las comunidades por los efectos negativos del turismo como la gentrificación y el encarecimiento de la vida para los habitantes locales. En entrevista, Emanuele Dal Carlo, uno de los fundadores de FairBnB, explica que: 

No solo queríamos protestar o probar un punto, queríamos demostrar que es posible operar en el mercado turístico a gran escala y, al mismo tiempo, ser socialmente responsables.

 

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La gentrificación es un proceso gradual que encarece la vida de las comunidades en favor del mercado (imagen: protesta en Oakland contra AirBnB)

 

Hospedaje cooperativo en vez de corporativo

A partir de la idea del couch surfing, muchos jóvenes han viajado y se han organizado para ir más lejos, apoyándose unos a otros en el camino. La inclusión de la tecnología dio como resultado AirBnB en el seno de una industria turística obligada a reinventarse. La plataforma concentra un 20% del ingreso por hospedaje en los Estados Unidos, superando a cadenas hoteleras de larga tradición, como la cadena Hilton.

Sin embargo, las ciudades y barrios turísticos se encuentran en una dura encrucijada. Mientras algunos se benefician por la afluencia de turistas que buscan hospedaje local a menor precio que un hotel (y a menudo por más tiempo), los habitantes locales ven aumentar el costo de la vida. Existen estudios que muestran incluso que los casos de ansiedad, depresión y dependencia a sustancias también aumentan entre los pobladores de zonas altamente gentrificadas.

Protestas masivas e instalaciones artísticas han aparecido en ciudades como Berlín y Nueva York, pero nadie ha querido meter las manos en el espinoso tema de la regulación estatal en los negocios de aplicaciones entre particulares, una zona gris de la legalidad. Por ello, FairBnB opera con una estricta serie de reglas:

 

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Cuando viajes, considera el impacto que tiene tu consumo sobre la comunidad: cuando tu llegas, otros se ven forzados a irse.

 

¿Qué ofrece de nuevo FairBnB?

  1. La plataforma tiene la política de aceptar solamente una propiedad por cada propietario. Esto tiene como objetivo que un mismo propietario no saque demasiadas propiedades del mercado inmobiliario para ofrecerlas al turismo.
  2. Los usuarios que ofrezcan sus propiedades deben demostrar que pagan impuestos a sus gobiernos locales.
  3. 50% de la cuota de la plataforma se reinvierte en proyectos locales.
  4. FairBnB opera bajo el modelo de cooperativa con topes salariales y plataformas operadas cotidianamente por sus mismos fundadores.
  5. Esta forma de retribuir directamente a las comunidades también está disponible para que las organizaciones la utilicen como plataforma de crowdsourcing para fondear proyectos comunitarios.

Esta perspectiva de negocio regula un poco mejor a quienes ofrecen sus propiedades, ¿pero qué hay de los turistas? Según Dal Carlo, FairBnB les cobra una comisión por reservación, pero les da la posibilidad de elegir a qué proyecto u organización local desean donar el 50% de dicha comisión.

Según esta idea, cada vez que alguien reserva una habitación en FairBnB, la comunidad se beneficia. Si tomamos en cuenta que en menos de 10 años AirBnB acumuló un valor de mercado de más de $2,000 millones de dólares, ¿qué hubiera pasado si la mitad de ese dinero se hubiera reinvertido en las comunidades y barrios?

La diferencia de apps como FairBnB es que colocan el servicio por encima de la ganancia, una valiosa lección de responsabilidad social que otras empresas deberían aplicar y que nosotros, como usuarios, deberíamos exigir.