En la Ciudad de México algo nos puede llevar al desastre (y no son los sismos ni las inundaciones)

Quienes habitamos esta ciudad corremos gran riesgo, debido a malas prácticas humanas.

Debajo de la Ciudad de México hay una enorme cuenca lacustre, cuyas aguas son en la actualidad extraídas para consumo humano, y abastecen un 70% de las necesidades de esta megalópolis.

Pero la extracción de agua subterránea en la Ciudad de México nos puede llevar a una catástrofe que raya en lo apocalíptico.

¿Por qué?

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Se trata de un problema geológico que la investigadora Dora Carreón Freyre, del Centro de Geociencias de la UNAM, junto con un nutrido grupo de expertos, ha llevado por primera vez a una instancia internacional.

La UNESCO aceptó establecer, como parte de su Programa Hidrológico, la Iniciativa Internacional de Subsidencia del Terreno, la cual buscará concientizar e incidir sobre problemas geológicos e hidrológicos que están poniendo en riesgo a varias zonas del mundo, incluida la Ciudad de México.

Gracias al esfuerzo de estos investigadores, problemas como el de la extracción de agua subterránea en la Ciudad de México –y las problemáticas geológicas que ello implica– serán parte de la agenda de políticas públicas de la UNESCO.

La Ciudad de México se hunde a un ritmo de 10 centímetros por año, lo que forma parte de los problemas geológicos que enfrenta esta urbe.

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Lo problemático de la extracción de agua de los acuíferos es que deforma el subsuelo, y una vez que ello ocurre, es imposible rellenarlo otra vez para que vuelva a su forma original. En una entrevista para la revista Proceso, Carreón Freyre comentó:

No es un material elástico, una vez que se deformó no hay manera de revertirlo.

Es probable, además, que el subsuelo no aguante el peso de la Ciudad de México y a sus 20 millones de habitantes. La construcción desmedida y sin regulación de grandes edificios también está abonando a la problemática que enfrenta la ciudad y que puede llevar a una catástrofe de magnitudes mucho mayores que las ocasionadas por cualquier fenómeno natural. 

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Aunque cabe mencionar que las últimas catástrofes naturales –como las inundaciones masivas y los sismos como el del 19 de septiembre del 2017– han probado ser mortíferas, no sólo por su fuerza intrínseca, sino por la negligencia de los gobiernos y las constructoras, las cuales han erigido una ciudad inestable e insustentable.

Por eso, es de vital importancia que estas problemáticas geológicas y de mala gestión se lleven a la arena internacional.

Las políticas públicas que la UNESCO recomiende –y que tendrían que incluir una gestión del agua responsable, pues la Ciudad de México afronta una enorme crisis hidrológica– deben ser puestas en marcha cuanto antes si queremos evitar una catástrofe humana que raye en lo apocalíptico.

De igual manera es fundamental que nosotros actuemos con congruencia, cuidando el agua y no tirando basura en la calle, de manera que nuestros hábitos no tengan un impacto negativo sobre esta urbe, la cual es Patrimonio de la Humanidad.

 

* Imágenes: 1) Getty Images, edición Ecoosfera; 2) Yuri Cortéz; 3) Álef; 4) Vision Apartments



México quiere avanzar al futuro, pero invierte 300% menos en sus estudiantes de lo que recomienda la OCDE

A su vez, es el país que más invierte en educación respecto a su presupuesto…. ¿qué está pasando?

La educación es un arma contra la incertidumbre. Es la herramienta más importante con vistas a un futuro incierto, el cual necesita de que dotemos a las nuevas generaciones con una nueva conciencia acorde a los tiempos –y a los retos.

En ese sentido, no hay nada más importante para las naciones que la educación de sus niños y jóvenes; pero en México parece que esto no ha hecho suficiente eco. Lo que se invierte para educar a las nuevas generaciones en este país está muy por debajo del promedio, según dio a conocer la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en su último informe Panorama de la Educación 2018.

Misael Valtierra

Según el estudio, México invierte sólo 29 mil dólares por estudiante a lo largo de casi 10 años de educación –es decir, entre la primaria y el bachillerato–, mientras que el promedio de los países miembro de la OCDE es de 90 mil 500 dólares, un 300% más.

México es el país que menos invierte por estudiante.

Paradójicamente es el que más invierte en educación de acuerdo a su presupuesto.

México es de los países que más invierte en la educación: 17% de su presupuesto total, mientras que el promedio en la OCDE es de 11%. Pero esta cantidad no se invierte en los alumnos, sino en gasto corriente.

85% del presupuesto se invierte en nóminas, mientras que sólo el 4% se invierte en becas.

Sin embargo, esto no significa que el sueldo de los docentes sea alto. En la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), más del 80% de maestros son de asignatura, es decir que no se les paga un salario fijo, sino que se les paga un aproximado de 90 pesos por hora trabajada, un salario francamente paupérrimo.

Así que, ¿a dónde se va el presupuesto en educación?

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Como lo ha señalado el portal SinEmbargo, de los 34 programas dirigidos a la educación, muchos no ejercieron su presupuesto, lo que significa que casi toda la inversión que debiera permear a la educación termina por diluirse en la corrupción.

Las soluciones a las paradojas de la educación en México no están en cuánto se invierta, sino en cómo y en qué se invierta, así como en asegurar la transparencia de los recursos ya asignados.

De hacerse así, podría haber un aumento significativo en la inversión por estudiante sin tener que incrementar el presupuesto, y se podría combatir el rezago de México en cuanto a calidad y promoción de la educación –ya que el egreso de secundaria representa apenas un 22% respecto al total de la población adulta.

A la par hará falta ampliar la visión de la educación en México: necesitamos un modelo educativo alternativo, construido sobre nuevas bases tanto materiales como espirituales. Dotar la educación de nuevos contenidos, de una mayor conciencia humanista, de mayor participación de los propios alumnos y, en síntesis, de una visión futurista a partir de las herramientas tecnológicas que están revolucionando el presente.

Esta nueva educación debe tomar en cuenta los problemas medioambientales –pues una educación sin conciencia ecológica tiene ya poco sentido–, y permear a las nuevas generaciones con una nueva sensibilidad. Incluso, ¿por qué no?, deberíamos proponernos como meta enseñar sobre felicidad antes que nada, como ya se hace en la India.

Alternativas hay muchas, y la inversión ya existe. Lo que se necesita, entonces, es voluntad.

 

 

 



“¡La naturaleza no nos necesita, nosotros necesitamos a la naturaleza!” El apasionado discurso de Harrison Ford sobre el cambio climático

El actor dio un memorable discurso durante la Global Climate Action Summit sobre las consecuencias de seguir negando el cambio climático.

El veterano actor de Hollywood y activista medioambiental, Harrison Ford, habló hace unos días en el Global Climate Action Summit en San Francisco, California. El papel de Ford como activista y conservacionista tal vez sea menos conocido que sus roles fílmicos como Han Solo en Star Wars o como el rostro de Indiana Jones. Sin embargo, Ford es vicepresidente de Conservation Internacional, una asociación no lucrativa con el objetivo de proteger a la naturaleza.

En otras ocasiones, Ford ha utilizado su plataforma y visibilidad pública para advertir a la gente sobre el riesgo de darle poder a individuos que, como Donald Trump y sus seguidores, se consideran “escépticos” del cambio climático, y que mediante acciones y omisiones propagan la idea de que el cambio climático es una teoría de conspiración (mientras los científicos llevan un cuarto de siglo advirtiéndonos sobre sus terribles consecuencias). En este discurso, Ford no se refiere claramente a Donald Trump, pero sin duda que, si leemos entre líneas, figuras tan ominosas como él aparecen como el verdadero peligro para la supervivencia de la especie humana en el planeta.

¡Por el amor de Dios, dejen de denigrar a la ciencia! ¡Dejen de darle poder a la gente que no cree en la ciencia, o aún peor, que pretende no creer en la ciencia por su propio interés personal! Ellos saben quiénes son, nosotros sabemos quiénes son.

Todos nosotros, ricos o pobres, poderosos o indefensos, todos sufriremos los efectos del cambio climático y la destrucción de los ecosistemas. Y nos estamos enfrentando a lo que rápidamente está convirtiéndose en la mayor crisis moral de nuestra época: que aquellos con menos responsabilidad tendrán que cargar con las mayores consecuencias.

Así que nunca olviden por quién estamos peleando. Es por los pescadores de Colombia, los pescadores de Somalia, que se preguntan de dónde vendrá su próxima pesca y se preguntan por qué el gobierno no puede protegerlos. Es la madre de las Filipinas, preocupada de que la próxima gran tormenta vaya a arrebatarle a su hijo de los brazos. Es la gente de aquí mismo, en California, la gente de la Costa Este, la gente de California que está escapando de incendios sin precedentes. La gente de la Costa Este está enfrentándose a las peores tormentas registradas en la historia. Es nuestro propio país, nuestra propia comunidad, nuestras propias familias.

Les ruego, no se olviden de la naturaleza, porque hoy, la destrucción de la naturaleza es mayor que la de todas las emisiones de autos y camiones del mundo. Podemos colocar paneles solares en cada casa, podemos hacer que todos los vehículos sean eléctricos, pero mientras Sumatra siga ardiendo, habremos fallado. Mientras que las selvas del Amazonas sean cortadas y quemadas, mientras permitamos que las tierras protegidas de los pueblos originarios, de los pueblos indígenas, sigan siendo usurpadas, nuestros objetivos climáticos seguirán siendo inalcanzables, y nosotros seremos cagados fuera del tiempo.

Esta es la única verdad de fondo: si hemos de sobrevivir en este planeta, el único hogar que cualquiera de nosotros habrá de conocer, por nuestro clima, por nuestra seguridad, por nuestro futuro, necesitamos a la naturaleza, hoy más que nunca. La naturaleza no necesita a la gente, la gente necesita a la naturaleza. Así que apaguemos nuestros teléfonos celulares, vamos a subirnos las mangas y vamos a patearle el trasero a este monstruo.

Imagen principal: Global Climate Action Summit