Rachel Carson, una de las primeras ecologistas, hizo en su libro Silent Spring una funesta predicción: que si no se dejaban de usar indiscriminadamente los pesticidas industriales, un día amaneceríamos para presenciar una “primavera silenciosa”. Esto porque la extinción de insectos llevaría también a la extinción de los pájaros.

La extinción de insectos es uno de los grandes problemas que trae consigo la crisis ambiental. Y podría ocasionar un auténtico colapso planetario.

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La guacamaya y la mariposa monarca tienen algo en común: ambas están en peligro de extinción. Pero el peligro para la primera tiene mucho que ver con la paulatina desaparición de la segunda, ya que la mariposa, como otros insectos, es esencial para la cadena trófica. Se encarga de polinizar, pero también es alimento de las aves, los reptiles y hasta de los murciélagos –otros polinizadores en peligro de extinción–.

En un estudio que duró 27 años y que consistía en atrapar insectos en 63 áreas protegidas de Alemania, se comprobó que las predicciones de Carson podrían volverse realidad. De 1989 a 2016, la biomasa de insectos declinó un 76%.

 

Esto está pasando también en Puerto Rico y México

Recientemente, el profesor de biología Brad Lister, del Rensselaer Polytechnic Institute, regresó a la selva puertorriqueña de Luquillo después de 35 años de ausencia. Ahí encontró que la población de insectos había disminuido en un increíble 98%. La primera pista sobre esta situación se la dieron los pájaros. Porque su canto ya no se oía a través de la selva.

La biomasa de insectos en Puerto Rico ha caído entre 10 y 60 veces.
Lagartijas, ranas y pájaros han desaparecido a un ritmo parecido.

Para Lister, el culpable de esta situación es el cambio climático, al cual contribuye la transformación de las prácticas de la agricultura, que se volvieron mucho más industriales –y dependientes de pesticidas industriales–. No obstante, para los bosques tropicales uno de los factores de riesgo es el aumento de la temperatura, el cual ha llegado a niveles alarmantes en los últimos años y amenaza con aumentar.

Según Lister, las zonas selváticas con temperaturas arriba de los 29 grados se han incrementado dramáticamente. Esto ha llevado a lo que este biólogo llama la “reestructuración de la cadena alimenticia de la selva”, y lo lleva a plantear una hipótesis radical:

Si esto se comprueba mediante nuevas investigaciones, el impacto del cambio climático en los ecosistemas tropicales podría ser mucho mayor de lo que se anticipó.

Y es que Lister y su colega Andrés García encontraron la misma situación en la Reserva de la Biósfera Chamela-Cuixmala, en México. Ahí, el número de insectos decreció en un 80%, y la temperatura tuvo un aumento de 2.4 grados de 1981 a 2014.

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Roberto Salazar Aragón

¿Te imaginas? Quizá en el futuro las selvas estén despobladas de insectos, así como de pájaros, lagartos y anfibios. Quizá en el futuro tengamos que polinizar manualmente. ¿Será que las maquinas nos salvarán? Creemos que no.

Por eso es fundamental contribuir: aunque no parezca nada, es importante que nuestros hábitos también combatan el cambio climático, ya que éste se compone de toda una pequeña cadena de acciones. También es importante consumir los cultivos que hayan sido crecidos de forma orgánica, para los cuales se hayan usado pesticidas naturales –como pueden ser algunas especies de flores–. Y si tienes cultivos, no alejes a los insectos con productos industriales. Mejor usa algunas flores y plantas que los ahuyentan naturalmente.

Nada será demasiado esfuerzo para salvar a los insectos: un tesoro biológico de gran importancia social y cultural del cual dependemos para sobrevivir, y que debemos proteger.