Cada vez hay menos insectos en el mundo (y esto podría ocasionar un colapso planetario)

La extinción de insectos en las selvas es dramática: tan sólo en una reserva en México, la población se redujo en un 80% en menos de medio siglo.

Rachel Carson, una de las primeras ecologistas, hizo en su libro Silent Spring una funesta predicción: que si no se dejaban de usar indiscriminadamente los pesticidas industriales, un día amaneceríamos para presenciar una “primavera silenciosa”. Esto porque la extinción de insectos llevaría también a la extinción de los pájaros.

La extinción de insectos es uno de los grandes problemas que trae consigo la crisis ambiental. Y podría ocasionar un auténtico colapso planetario.

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La guacamaya y la mariposa monarca tienen algo en común: ambas están en peligro de extinción. Pero el peligro para la primera tiene mucho que ver con la paulatina desaparición de la segunda, ya que la mariposa, como otros insectos, es esencial para la cadena trófica. Se encarga de polinizar, pero también es alimento de las aves, los reptiles y hasta de los murciélagos –otros polinizadores en peligro de extinción–.

En un estudio que duró 27 años y que consistía en atrapar insectos en 63 áreas protegidas de Alemania, se comprobó que las predicciones de Carson podrían volverse realidad. De 1989 a 2016, la biomasa de insectos declinó un 76%.

 

Esto está pasando también en Puerto Rico y México

Recientemente, el profesor de biología Brad Lister, del Rensselaer Polytechnic Institute, regresó a la selva puertorriqueña de Luquillo después de 35 años de ausencia. Ahí encontró que la población de insectos había disminuido en un increíble 98%. La primera pista sobre esta situación se la dieron los pájaros. Porque su canto ya no se oía a través de la selva.

La biomasa de insectos en Puerto Rico ha caído entre 10 y 60 veces.
Lagartijas, ranas y pájaros han desaparecido a un ritmo parecido.

Para Lister, el culpable de esta situación es el cambio climático, al cual contribuye la transformación de las prácticas de la agricultura, que se volvieron mucho más industriales –y dependientes de pesticidas industriales–. No obstante, para los bosques tropicales uno de los factores de riesgo es el aumento de la temperatura, el cual ha llegado a niveles alarmantes en los últimos años y amenaza con aumentar.

Según Lister, las zonas selváticas con temperaturas arriba de los 29 grados se han incrementado dramáticamente. Esto ha llevado a lo que este biólogo llama la “reestructuración de la cadena alimenticia de la selva”, y lo lleva a plantear una hipótesis radical:

Si esto se comprueba mediante nuevas investigaciones, el impacto del cambio climático en los ecosistemas tropicales podría ser mucho mayor de lo que se anticipó.

Y es que Lister y su colega Andrés García encontraron la misma situación en la Reserva de la Biósfera Chamela-Cuixmala, en México. Ahí, el número de insectos decreció en un 80%, y la temperatura tuvo un aumento de 2.4 grados de 1981 a 2014.

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Roberto Salazar Aragón

¿Te imaginas? Quizá en el futuro las selvas estén despobladas de insectos, así como de pájaros, lagartos y anfibios. Quizá en el futuro tengamos que polinizar manualmente. ¿Será que las maquinas nos salvarán? Creemos que no.

Por eso es fundamental contribuir: aunque no parezca nada, es importante que nuestros hábitos también combatan el cambio climático, ya que éste se compone de toda una pequeña cadena de acciones. También es importante consumir los cultivos que hayan sido crecidos de forma orgánica, para los cuales se hayan usado pesticidas naturales –como pueden ser algunas especies de flores–. Y si tienes cultivos, no alejes a los insectos con productos industriales. Mejor usa algunas flores y plantas que los ahuyentan naturalmente.

Nada será demasiado esfuerzo para salvar a los insectos: un tesoro biológico de gran importancia social y cultural del cual dependemos para sobrevivir, y que debemos proteger.



Esta isla de Noruega va a eliminar el tiempo

¿Imaginas la radiante libertad de un mundo sin tiempo lineal? En esta isla de Noruega ya es una realidad durante el verano.

Entre el cuento de hadas, la rebeldía ontológica y la física avanzada, recién nos enteramos que los habitantes de Sommarøy (isla de verano), en Noruega, decretaron eliminar el tiempo. Sus poco más de 300 habitantes acordaron en una asamblea abolir el tiempo y reemplazar los relojes por hilados de flores.

Ubicada cerca del Círculo Polar, en Sommarøy no se pone el sol durante más de dos meses (del 18 de mayo al 26 de julio). Proporcionalmente, pero en sentido inverso, durante el periodo invernal y parte del otoño, las noches son eternas. Por eso, en la temporada veraniega todos quieren aprovechar al máximo sus días, y el reloj se vuelve completamente ajeno a la vida cotidiana.

Uno de sus habitantes, Kjell Ove Hveding, compartió en un comunicado: 

Hay luz del día constantemente y actuamos en consecuencia. En medio de la noche, lo que la gente de la ciudad podría llamar ‘2 am’, puedes ver a niños jugando al fútbol, gente pintando sus casas o cortando el césped y adolescentes nadando”. 

El acuerdo entre los habitantes ya fue enviado al parlamento noruego para ser oficializado. Pero lo cierto es que esta abolición del tiempo ya ocurre, en la práctica, en la vida diaria de la isla:

Para muchos de nosotros, obtener esto por escrito simplemente significaría formalizar algo que hemos estado practicando durante generaciones.

En caso de confirmarse la autorización, Sommarøy se convertiría en la primera zona del mundo en ser libre de tiempo –lo cual nosotros en Ecoosfera celebramos, por que nos recuerda que el tiempo lineas es, hasta cierto punto, una arbitrariedad cultural–. 



Oakland descriminaliza los “hongos mágicos” y otras sustancias psicodélicas naturales

Después de Denver, Oakland se convierte en la segunda ciudad de Estados Unidos en descriminalizar la posesión de “plantas de poder”.

Las autoridades del condado de Oakland, en California, votaron a favor de una nueva ley que instruye a las fuerzas de policía a tomar como su “menor prioridad” los arrestos por posesión de sustancias alucinógenas, como los “hongos mágicos”, el peyote o la ayahuasca.

Aunque la ley no apoya abiertamente el uso de estas sustancias, la idea es que su disponibilidad ocurra de la mano de una campaña de prevención de daños. Uno de los mayores impulsores de la reforma es el grupo Decriminalize Nature Oakland, que reunió el apoyo suficiente a través de información sobre el uso potencial de los alucinógenos como tratamiento de padecimientos psiquiátricos.

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Lo que establece la ley es que el uso de “plantas enteógenas” no es motivo de persecución criminal en Oakland (aunque sí lo es a nivel federal). La votación favoreció la enmienda gracias al testimonio de más de 30 personas, quienes hablaron del potencial de estas sustancias como tratamiento para la depresión, el estrés postraumático y el control de adicciones, además de los usos espirituales de algunas culturas nativas americanas.

Otras voces durante la votación también solicitaron añadir a la ley la obligación de ofrecer una guía de uso a los usuarios, además de recomendaciones como la de consultar a su médico antes de autoprescribirse un tratamiento con plantas enteógenas, así como empezar con dosis suaves para conocer las reacciones que pueden diferir enormemente entre pacientes con los mismos diagnósticos.

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En países como Holanda y Portugal, la descriminalización ha dejado históricas lecciones (AP Photo/Peter Dejong)

También en Ecoosfera: La filosofía de los alucinógenos: ¿un tratamiento espiritual contra la depresión de nuestra era?

El médico Michael Clarendon señaló que, a pesar de que muchos pueblos han usado consistentemente este tipo de plantas durante miles de años, esto se hacía dentro de un contexto ritual. Para los occidentales modernos, asegura, las “plantas de poder” no son más que placebos recreativos que se añaden a la ya de por sí preocupante población adicta a opioides, drogas legales y medicamentos de prescripción.

La venta y comercio sigue siendo ilegal, y el uso de enteógenos sintéticos como el LSD y el MDMA permanece sin cambios. En otras palabras, todo tipo de sustancias enteógenas permanecen en la clasificación 1 según las leyes federales, donde están las que supuestamente provocan mayores abusos y peligro de adicción.

Sin embargo, lo que ocurre cuando una ciudad descriminaliza las sustancias enteógenas es que se abre paso no sólo a nuevas posibilidades para la salud mental que no atraviesen el dispositivo psiquiátrico-hospitalario: se trata también de generar contextos donde la búsqueda de la salud, así como los casos de abuso de sustancias, sean tratados con el mismo cuidado y atención que un grave problema de salud por parte de las autoridades. Descriminalizar la posesión de pequeñas cantidades no incentiva el consumo sino que evita aumentar los casos de brutalidad policíaca, presupone un incremento del presupuesto de defensa contra los consumidores (muchas veces de bajos recursos y racializados) y evita el encarcelamiento de jóvenes por crímenes menores. A nivel social, representa una segunda oportunidad para muchos.

La investigación científica también se ve beneficiada con este tipo de medidas, porque no existe otra forma de conocer los efectos de estas sustancias –que la gente de cualquier manera sigue utilizando– para construir tratamientos efectivos, así como esquemas de información y prevención de daños.

 

* Imagen principal: Dancing-Astronaut

 

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