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EVOLUCIÓN

Mary Shelley y el último sobreviviente de una plaga mundial (porque la realidad supera a la ficción)

La tercera novela de la escritora británica Mary Shelley aborda una teoría que alguna vez creímos obsoleta: una plaga mundial que permanece en el aire. Con el paso del tiempo, el avance en tecnología y ciencia nos hizo creer que los seres humanos éramos cada vez más invencibles.

Sin embargo, la naturaleza nuevamente nos ha dado una cátedra sobre la fragilidad de la vida. La pandemia del nuevo coronavirus arrasó con los sistemas de salud, económicos y sociales. Pero esta no es la primera vez que la humanidad vive una plaga mundial.

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La historia parece repetirse e indica que no hemos aprendido mucho del pasado. Desde tiempos antiguos el ser humano ha atravesado por difíciles pandemias, como la gripe española o el (hasta hoy existente) Ébola. Pero lejos de la realidad y la vivencia, desviando nuestra visión hacia un mundo más literario, encontramos grandes enseñanzas sobre las pandemias en los libros. El mundo vive a través de estas historias el pasado, el futuro y otros tiempos alternos.

En ellos imaginamos tanto como podemos y queremos, pero muchas veces no nos damos cuenta de que funcionan como verdaderos diarios históricos o evolutivos. Un buen ejemplo es la novela de Mary Shelley El último hombre, la cual narra la historia de una plaga mundial que acaba casi con toda la humanidad.

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También en Ecoosfera: La contaminación del aire, un riesgo más ante el nuevo coronavirus

 

Viviendo la plaga mundial a través de Mary Shelley

Con un largo historial de enfermedades, la novelista británica vivió de primera mano el impacto de las pandemias. No era de extrañar que esta joven escribiera una novela apocalíptica sobre una plaga mundial después de perder a gran parte de su familia a causa de diversas enfermedades contagiosas.

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Shelley se identificaba como miasmática, es decir, como una fiel creyente de que el aire estancado y apestoso era una fuente de enfermedades infecciosas. Esto lo sabemos porque en su tercera obra se hace un constante hincapié en que las medidas de aislamiento y encierro de las personas enfermas eran inútiles.

Por supuesto, esta idea no era acorde a las nociones contemporáneas de transmisión de enfermedades. Sin embargo, a pesar de que Shelley negaba el funcionamiento de las medidas para evitar el contagio directo, algunos expertos creyeron pertinente rescatar una de las teorías principales del libro.

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La transmisión de la infección por el aire tendría que recibir tanta atención como el lavado de manos o el encierro. En este sentido, tanto la teoría miasmática como la de contagios por fluidos corporales entran dentro del panorama de una plaga mundial.

Pero no estamos esperando que alguna novela dictamine exactamente lo que hay que hacer o no con una pandemia. El fin es tratarlo casi como Mary Shelley lo hizo, como una metáfora irónica gracias a la cual podemos burlarnos (hasta cierto punto) de las acciones en contra de una plaga mundial.

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Aceptamos con cierta derrota el avance de estos virus y a su paso sólo nos queda evaluar las posibilidades de cuidado y protección. Recordemos que la enfermedad debemos enfrentarla como mejor nos funcione, porque a fin de cuentas… tendremos que enfrentarla.

 

Sigue leyendo: Alterar la identidad: ¿por qué nos enmascaramos para interactuar?

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