El miedo evoluciona, es una emoción viva que se adapta a partir de experiencias y aprendizajes. Debajo de muchos de nuestros estados de ánimo, especialmente cuando hay estrés o mal humor, hay una corriente oculta de ansiedad o miedo y junto con eso hay una resistencia a sentirlos: no queremos que el miedo esté ahí.

Así que la aversión al miedo es universal. El miedo está diseñado para que no nos guste y que eso nos provoque tomar acción ante su origen. Es una parte absolutamente necesaria e intrínseca del despertar humano. Es una respuesta vital al peligro físico y emocional: si no lo sentimos, no podríamos protegernos de las amenazasLos traumas o malas experiencias pueden desencadenar una respuesta de miedo y lo interesante es que, según la ciencia, algunos miedos son aprendidos, otros son heredados y existen otros que debemos aprender.

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Myles Pedlar

 

La evolución del miedo

Teóricamente, en la época contemporánea deberíamos estar aterrados de los autos y preocuparnos menos por las serpientes y las arañas. Pero como las amenazas de las fobias han sido letales para los humanos y nuestros antepasados ​​homínidos y mamíferos durante millones de años, todavía nacemos con la propensión evolucionada a adquirir fácilmente el miedo a tales animales.

El miedo a la oscuridad también es una prueba del temor que alguna vez le sirvió a nuestros ancestros y que en la actualidad tiene una menor importancia, o al menos así lo afirma el profesor Mathias Clasen para Nautilus:

Las personas en el mundo industrializado ya no pueden enfrentar la amenaza de la depredación por parte de los carnívoros, y es posible que ya no corramos ningún peligro real frente a las arañas y serpientes venenosas, pero estos animales viven como fantasmas en el sistema nervioso central humano.

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Myles Pedlar

Así, Clasen define que hay tres tipos de miedos: universales, preparados y locales. Los universales o miedos más básicos, genéticamente heredados, son los temores a ruidos repentinos y fuertes y a objetos que se avecinan.

Esos objetos causan una respuesta de sobresalto involuntario en los seres humanos y en muchas otras especies también. En particular, los videojuegos y las películas de terror explotan este miedo innato cuando recurren a los sustos que ‘provocan saltos’.

 

Los miedos según la edad y etapa de la vida

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Maya Beano

Por otro lado, hay miedos temporales o que están en constante transformación. Desde pequeños, los niños y niñas evolucionan para desarrollar miedos específicos de la fase en la que están.

Alrededor de los 4-6 años, a medida que los niños comienzan a explorar su entorno se obsesionan con la muerte, le temen a los monstruos que acechan en la oscuridad y se preocupan por animales peligrosos como leones y tigres.

En la infancia media surgen temores de lesiones, accidentes y contagio, y en la adolescencia temprana, las amenazas sociales les afectan: tienden a estar muy ansiosos por perder el estatus, perder amigos, ser marginados, etcétera.

Esos miedos que son casi universales se conocen como ‘miedos preparados’. Son innatos en el sentido de que son genéticamente transmitidos, pero requieren información ambiental para su activación.

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Maya Beano

 

El miedo que se adapta al entorno

En este aspecto, el sistema humano del miedo está configurado para la calibración ambiental. Los humanos evolucionaron para adaptarse.

No tiene sentido que un niño esquimal le tenga miedo a los tigres o a los escorpiones, mientras que un niño de la India rural no tiene que preocuparse por los osos polares. Y debido a que nuestros genes no pueden saber en qué tipo de clima y ecología creceremos, esos genes nos hacen adaptables al entorno.

Los temores preparados incluyen el miedo a las serpientes, las arañas, las alturas, la sangre, los espacios cerrados, la oscuridad, los truenos, los espacios públicos o abiertos, el escrutinio social y las aguas profundas. Estos son objetos típicos de la fobia, bastante fáciles de adquirir y muy difíciles de extinguir.

 

¿Y sobre los miedos que tenemos que aprender?

Vale la pena preguntarse, en el contexto que te rodea: ¿a qué le debo temer? ¿A ser adicto al celular? ¿Al futuro? ¿A que se acabe el agua? ¿Al cáncer? ¿A la composición de los alimentos? ¿Al desequilibrio atmosférico? ¿Al cambio climático? ¿Al cambio tecnológico? ¿A los movimientos migratorios?…