Es real: ni la ciencia puede salvarnos de la estupidez humana

Vivimos tiempos de grandes avances científicos y, sin embargo, la estupidez humana sigue siendo la principal amenaza planetaria. ¿Por qué?

¿Es la estupidez inherente al ser humano? ¿O podemos erradicarla? A riesgo de proclamar la estupidez como parte de la condición humana, lo cual puede llevarnos a laberintos filosóficos sin salida, sin duda es más realista resignarnos a la idea de que la estupidez es algo con lo que tenemos que convivir querámoslo o no. Y más aún, porque lo estúpido es el necesario contrario de eso otro que llamamos inteligencia.

Bien dijo Einstein, tan profuso en la ciencia como lúcido en asuntos humanos, que:

Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y no estoy tan seguro respecto al universo.

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La estupidez sería en ese caso algo inherente, y más todavía, infinito; una conducta presente a lo largo de nuestro desenvolvimiento como especie y que, sin duda, ha modelado gran parte de nuestra realidad. Pero por ello, más que erradicar la estupidez, hay que contrarrestarla de manera eficaz. ¿Cómo? A través de la producción de conocimiento humano, y sobre todo de un conocimiento científico, pues es éste el que nos ha traído una gran cantidad de avances que son, indudablemente, precursores de nuestra evolución como colectividad.

No obstante, la estupidez humana parece siempre ganar –y avasalladoramente– por sobre cualquier intento de combatirla, incluso a través de la producción de conocimiento. Tanto es así que Brian Cox, el icónico físico y actual presentador del programa The Infinite Monkey Cage, le dijo a IFLScience que:

La verdadera amenaza al planeta es la estupidez humana.

Y esto pese a que ha habido avances significativos en la física, como el descubrimiento del bosón de Higgins, y de que se siguen planteando hipótesis fundamentales que ponen en entredicho todo lo que creemos sobre nuestros orígenes –por ejemplo: ¿alguna vez nuestros ancestros se cruzaron con los Neandertales antes de su extinción?–. Más aún: la tecnología, ya tan vital en nuestras vidas, es un correlato de los avances científicos.

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Aun así, la estupidez humana no ha sido suficientemente contrarrestada. La prueba de ello, para Cox, es que nuestra extinción podría deberse a algo tan absurdo como un accidente nuclear, ya ni siquiera a una guerra declarada. Un planeta entero, con su biodiversidad y sus civilizaciones, podría desaparecer porque alguien apriete un botón accidentalmente. ¿Qué sentido tiene eso en una sociedad tan avanzada?

Es por esto que podemos decir que la ciencia no es algo neutral, y que también ha abonado a la estupidez humana, pues ¿qué son las bombas atómicas sino el resultado de los avances científicos, fundamentalmente de aquel hombre que dijo que la estupidez humana es infinita? Y él, nos queda claro, no tenía como objetivo crear instrumentos de erradicación masiva… pero bastó con que algunos –estúpidos– sí quisieran hacerlo, para que los descubrimientos de Einstein fueran utilizados para ello.

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Así, parece que la vida es un discurrir de permanentes tensiones y paradojas, en el cual la ciencia se inserta como un actor principal. Pero la ciencia es, como la define Cox, “una búsqueda humana”. Como tal, debe seguir buscando hacernos evolucionar, sin dejar atrás la importancia que tienen para ello otras disciplinas (o “búsquedas humanas”) tan esenciales como puede serlo la filosofía, que puede abonar a que dejemos de ser tan radicalmente estúpidos.

De esta manera, con un toque de suerte –la magia necesaria en todo proceso humano–, quizá podamos combatir definitivamente la estupidez y dejar de estar amenazados de muerte por ella.



Capturan por primera vez una imagen de un entrelazamiento cuántico

El fenómeno al que Einstein llamó una “fantasmagórica acción a distancia”

Una de las propiedades físicas más poéticas, el entrelazamiento cuántico, acaba de ser fotografiado por primera vez. Científicos de la Universidad Tecnológica de Delft, en Holanda, captaron en imagen el fenómeno que Einstein describió como una “acción fantasmagórica a distancia”.  

La acción fantasmagórica a distancia se refiere al fenómeno durante el cual dos partículas interactúan y comparten estados físicos, sin importar la distancia espacial o temporal que les separe. Apenas en 2015 se comprobó su existencia, de la cual por cierto Einstein dudaba, y ahora ya forma parte del imaginario visual, con esta imagen.

Paul-Antoine Moreau, de la Escuela de Física y Astronomía de la Universidad de Glasgow, describió la fotografía como

Una elegante demostración de una propiedad fundamental de la naturaleza.

 Más allá de las implicaciones prácticas de esta imagen en el desarrollo científico, también es un recordatorio de que  la ciencia es poesía. De hecho, el entrelazamiento cuántico de ha utilizado como una metáfora (o quizá descripción palpable) de ciertos lazos amorosos que pueden generarse entre dos seres.

 Según reporta la BBC, la imagen se logró gracias a un sistema que los investigadores diseñaron para emitir un rayo de fotones entrelazados desde una fuente cuántica de luz hacia “objetos no convencionales”. Esto era reflejado en materiales de cristal líquido, que alteran a los fotones a su paso. 

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Autor: Omar Rodríguez


“Space Oddity” de David Bowie: el himno que nos llevó a la luna cumple 50 años

En julio de 1969 sonó por primera vez “Space Oddity” de David Bowie, lanzamiento que coincidió con la llegada del hombre a la luna.

A finales de la década de los 60, la música dio un giro con la explosión del space rock. La psicodelia que inundaba la radio de la época comenzó a tomar un rumbo espacial. La música no fue la única que se dejó llevar por los misterios del cosmos. En 1969 llegó al cine 2001: Odisea del espacio, la obra maestra de Stanley Kubrick. Ese mismo año llegaría otro clásico cuyo aniversario celebramos este mes: Space Oddity del gran David Bowie

Los primeros acordes y el Ground control to major Tom, entonado en la suave voz de Bowie, seguro seguirán provocando escalofríos por medio siglo más. No es para menos, pues la complejidad lírica y composicional de esta pieza es tan brillante como el momento en que llegó al mundo. Space Oddity fue el soundtrack de la misión Apollo 11, aquel fatídico viaje que culminó con la llegada del hombre a la luna. 

La emoción que generó esta pieza de Bowie tiene todo que ver con su belleza, pero también con el instante en que fue lanzada. Inspirada en la película de Kubrick, Space Oddity pasó a ser parte de un kaleidoscopio artístico que surgió en un momento de gran confusión. El idealismo de los primeros años de la década comenzaba a desvanecerse y la Guerra Fría ya figuraba en el mapa. Este momento clave en la historia humana tal vez explique la ambigüedad que inunda varias partes de la letra:

“La Tierra es azul / y no hay nada que yo pueda hacer”

¿Se trata de una canción festiva, o hay en ella un miedo oculto? Las tensiones, manifestaciones y protestas que hervían en el panorama internacional crearon un contexto muy particular. La posibilidad de llegar a la Luna surgía como un parangón de luz entre la violencia, pero al mismo tiempo, como una invitación a la oscuridad. Es quizá por eso que la épica historia que describe Bowie en Space Oddity no tiene un final feliz. Después de todo, el Major Tom se lanza al espacio para perderse y no regresar jamás. 

Bowie confirmó esta interpretación en una entrevista para el libro Strange Stars. A pesar de querer crear un “himno a la luna”, Space Oddity viene “de un lugar triste, deshumanizante”. Esta poderosa canción es tanto un himno a la valentía de la humanidad como el testimonio de una época de completa incertidumbre. Es por eso que, aun hoy, Space Oddity resuena en nuestros oídos con la misma fuerza que hace 50 años. 

Además, te dejamos una playlist para seguir recordando a David Bowie en toda su grandeza:

 

*Imagen destacada: Consequence of Sound