Entre el cuento de hadas, la rebeldía ontológica y la física avanzada, recién nos enteramos de que los habitantes de Sommarøy (cuyo nombre significa “isla de verano”), en Noruega, decretaron eliminar el tiempo. Sus poco más de 300 habitantes acordaron en una asamblea abolir el tiempo y reemplazar los relojes por hilados de flores.

Ubicada cerca del círculo polar, en Sommarøy no se pone el sol durante más de 2 meses (del 18 de mayo al 26 de julio). Proporcionalmente, pero en sentido inverso, durante el período invernal y parte del otoño, las noches son eternas. Por eso, en la temporada veraniega todos quieren aprovechar al máximo sus días, y el reloj se vuelve completamente ajeno a la vida cotidiana.

Uno de sus habitantes, Kjell Ove Hveding, compartió en un comunicado: 

Hay luz del día constantemente y actuamos en consecuencia. En medio de la noche, lo que la gente de la ciudad podría llamar ‘2 a. m.’, puedes ver a niños jugando al fútbol, gente pintando sus casas o cortando el césped y adolescentes nadando. 

El acuerdo entre los habitantes ya fue enviado al parlamento noruego para ser oficializado. Pero lo cierto es que esta abolición del tiempo ya ocurre, en la práctica, en la vida diaria de la isla:

Para muchos de nosotros, obtener esto por escrito simplemente significaría formalizar algo que hemos estado practicando durante generaciones.

En caso de confirmarse la autorización, Sommarøy se convertiría en la primera zona del mundo en ser libre de tiempo –lo cual nosotros en Ecoosfera celebramos, porque nos recuerda que el tiempo lineal es, hasta cierto punto, una arbitrariedad cultural–.