Aunque no estemos utilizando nuestros teléfonos inteligentes, eso no quiere decir que no están conectados. Cada teléfono (incluso cuando está apagado) está diseñado para transmitir información que puede ser utilizada para localizar físicamente el dispositivo, así como para recabar información del usuario. 

El célebre informante Edward Snowden participó en el podcast de Joe Rogan para detallar todas las formas en las que tu teléfono transmite información sobre ti de manera legal e incluso con tu consentimiento (aunque tú no estés al tanto). El núcleo de su mensaje es este: las apps que utilizas, las compañías de telefonía y de Internet gracias a las cuales estás leyendo estas palabras, se benefician de toda la información que puedan recolectar de tu dispositivo móvil, aunque tú pienses que está apagado.

 

Snowden se pregunta: “¿Cómo sabes que tu teléfono está realmente apagado?”

El hecho de que apagues tu celular no quiere decir que tu teléfono no esté activo. La prueba empírica es que los servicios de localización de celulares robados o perdidos pueden funcionar aunque los ladrones apaguen el dispositivo. No se trata solamente de apagar el GPS: el hecho de tener una tarjeta SIM y un plan de datos hace que tu teléfono automáticamente se comunique con las torres de radiocomunicación que te ofrecen ese servicio, monitoreo que se realiza automáticamente más o menos cada 3 segundos. Lo mismo ocurre con el modo avión, el cual ni siquiera apaga completamente la antena de wifi.

Esto es así porque la batería de tu celular sigue almacenando energía, y mientras exista energía eléctrica en él, todos los permisos que le has dado a las apps y servicios (incluido el uso de cámaras y micrófonos) siguen disponibles.

Cuando trabajaba para la CIA, Snowden utilizaba teléfonos antiguos (“dumb phones” o “teléfonos tontos”, para contrastarlos con los “teléfonos inteligentes”), los cuales ofrecen mayor privacidad al remover su batería. Sin embargo, las nuevas generaciones de móviles vienen de fábrica con una batería que no es posible sacar, por lo que, en teoría, si tu teléfono tiene batería, entonces está transmitiendo.

 

Ok, pero, ¿por qué una compañía o gobierno quiere espiarme?

Tampoco se trata de ponernos paranoicos: no todos somos informantes de alto nivel en temas de seguridad como Snowden. El negocio de la recolección de datos no está en las particularidades de lo que tú en específico usas o llevas en tu teléfono, sino en lo que se puede recabar a través de la información de miles o millones de usuarios. Digamos que tus datos personales sirven para que las compañías te envíen anuncios o contenidos según tus intereses y hábitos; pero en el caso de personas de interés para el gobierno (o para grupos más oscuros aún), los periodistas, activistas y defensores de la Tierra, llevar un smartphone con ellos es el equivalente a revelar su ubicación y ponerse en riesgo.

¿Cuáles son los verdaderos riesgos para la persona promedio, preguntas? Bueno, según Snowden:

Necesitamos identificar el problema. Y el problema central con el uso de los dispositivos móviles hoy es que no tienes la menor idea de lo que están haciendo la mayor parte del tiempo.

Proponiendo una comparación un poco riesgosa, el argumento de Snowden sobre el uso de móviles se parece a la lucha por el correcto etiquetado de los alimentos. Necesitamos etiquetas que le den información a los consumidores sobre los riesgos y beneficios potenciales incluidos en cada producto. De la misma forma, Snowden plantea que los usuarios necesitan educarse a sí mismos y entender (al menos en cierta medida) que sus teléfonos inteligentes no garantizan por defecto la privacidad de sus comunicaciones, y que de hecho no pueden saber el destino final de su información. Información que, recordemos, nos pertenece.

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El futuro de la privacidad en las telecomunicaciones

Para Snowden, el problema es la “inequidad de la información disponible”. Por un lado, tú pagaste por ese dispositivo: en teoría, tu teléfono y tu información almacenada en él te pertenecen. Por otro, ni tú ni la mayoría de los usuarios de móviles saben qué es exactamente lo que las compañías y los gobiernos hacen con la información que recaban de cada dispositivo.

En su libro Permanent Record, Snowden cuenta que desde el principio (esto es, desde las fases más tempranas de desarrollo de la tecnología que moldeó el mundo como lo conocemos hoy), las compañías y los gobiernos construyeron una infraestructura que les permitía tener un control casi absoluto de la información de los usuarios.

La realidad del espionaje hoy en día es mucho más sutil que en una película de James Bond. No se trata de agentes humanos colocando micrófonos o cámaras en tu casa, sino de una estructura de recolección de datos en masa (data bulk collection) de la cual nunca nos preguntamos si queríamos ser parte. Esto tiene que ver con una perspectiva tecnológica, pero también con una perspectiva legal. Esta recolección de datos es legal puesto que cada uno de nosotros ha dado su consentimiento para ello en los términos y condiciones que aceptamos cada vez que descargamos una nueva aplicación o contratamos un servicio de telefonía celular.

Por lo pronto, lo que podemos hacer es informarnos y educarnos como usuarios acerca de la enorme inequidad que existe en nuestra relación con aplicaciones y dispositivos de uso cotidiano. Estas compañías están haciendo emporios millonarios y no están cuidando nuestra información lo suficiente. Cambiar estas condiciones no está en manos de los usuarios particulares por el momento, pero la generación actual, que nació y creció en el contexto tecnológico contemporáneo, tiene frente a sí la enorme tarea de decidir si la información personal es suficientemente valiosa como para cambiar el sistema actual, o bien, si es solamente el precio que pagamos por apps y servicios “gratuitos”.

 

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