La medicina más eficaz que recetan los médicos en Escocia: un poco de naturaleza

En Escocia, recetar naturaleza se ha vuelto una medida oficial para sanar pacientes.

Cuando nos enfermamos, no dudamos en asistir al médico. Escuchamos con atención sus palabras y, si queremos curarnos rápido, seguimos religiosamente sus recomendaciones. Vamos a la farmacia y compramos todo tipo de pastillas, ungüentos y, en casos extremos, algunas inyecciones. Pero ahora, en Escocia, los doctores pueden recetar una medicina singular y alternativa a sus pacientes: un poco de naturaleza.

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Desde octubre es oficial: los doctores en Escocia están autorizados para recetar viajes a entornos naturales, así como caminatas constantes en parques o bosques urbanos y actividades cotidianas que involucren a la naturaleza, como puede serlo el bello arte de la observación de pájaros. Se trata de una medida inédita en el Reino Unido –y probablemente en toda Europa–, con la cual se busca reducir algunos males que se están volviendo lamentablemente comunes. Por ejemplo, la presión arterial alta, las enfermedades cardiovasculares y la diabetes.

 

La ecoterapia: el remedio que muchos necesitamos

Muchos problemas de salud pública están siendo causados por malos hábitos, producto de dinámicas laborales extensivas, del estrés rutinario, del ruido y los ambientes insalubres de las ciudades. Una solución lógica es contraponer a todo esto lo contrario: mayor disfrute, menos rutinas estresantes, menos ruido y aire más limpio. Cosas que sólo podemos encontrar, justamente, en la naturaleza. Además:

Estar 90 minutos al día en áreas boscosas reduce la depresión, y pasar 1 día en la naturaleza de manera recurrente mejora el sistema inmunológico, activando proteínas anticáncer.

 

Baño de bosque, inspiración japonesa

Recetar entornos naturales es algo que ya se ha hecho en Japón. Ahí, esta práctica se conoce como shinrin-yoku, “baño de bosque”, y tiene la intención de hacer que el bosque entre a nuestro organismo, limpiándolo y curándolo. Son las propias empresas las que lo están promoviendo, como una forma de reanimar a sus empleados –sujetos a trabajos sumamente demandantes–.

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Pascal B.

Diversos estudios hechos en Japón han demostrado que la hormona cortisol, causante del estrés, desciende un 12,4% en quienes se dan baños de bosque más seguido, y que la posibilidad de sufrir un infarto se reduce más del 5%. Incluso ayuda a tener una mejor digestión, gracias al contacto con bacterias y aceites esenciales presentes en los bosques.

Otros estudios han comprobado que interactuar con la naturaleza reduce nuestra sed de inmediatez: nos hace poder ir más allá de los placeres inmediatos y nos ayuda a proyectar un mejor futuro.

 

La originalidad de la propuesta escocesa

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Si un doctor escocés te recetara un poco de naturaleza y no pudieras salir de la ciudad, te daría algunas recomendaciones que poco a poco abonarían a tu salud. Te mostramos algunas para que las pongas en práctica:

  • Dar paseos con tu perro. Una excusa para salir… además, ¡las mascotas promueven una mejor salud y una menor ansiedad!
  • Enterrar tu cara en el pasto o masajear tus manos en la tierra. Si no quieres ensuciarte, puedes simplemente mirar dos hojas de pasto distintas durante un rato
  • Preparar un comida en tu patio o en el parque
  • Acostarte a ver el cielo
  • Alimentar pájaros en el jardín o palomas en el parque
  • Hacer una manga de viento o un rehilete para contemplar el viento de vez en cuando. Esto, además, te proporcionará una excusa para hacer manualidades, lo que constituye una forma de meditación en movimiento

 

Así como éstos, hay muchos otros hábitos que podemos adquirir para tener a la naturaleza más cerca de nosotros en lo cotidiano, mejorando así nuestra salud física y mental y promoviendo la felicidad. No necesitamos que un doctor nos lo recete, ni tampoco salir de la ciudad.

No obstante, festejamos que en Escocia la naturaleza ya sea un remedio oficial, y esperamos que sirva de ejemplo al mundo, pues es una forma de expandir la conciencia contemporánea.



¿Sabías que interactuar con la naturaleza combate nuestra sed de inmediatez?

Un estudio de VU University comprobó que las personas que tienen más contacto con la naturaleza, son más proclives a tomar decisiones pensando a largo plazo, y también a ser menos impulsivas.

Quizá una de las grandes facturas que ha cobrado la cultura del consumismo y el espectáculo, es que encontramos una gran satisfacción en placeres o sensaciones inmediatos. La rapidez que demanda el gusto por el instante, también permea nuestras decisiones, pues se vuelven más cortoplacistas. Incluso en nuestras relaciones amorosas, quizá, nos entregamos a aquello que parece atractivo, sin tomarnos un tiempo para conocer más a fondo a las personas.

¿Pero qué tiene qué ver lo anterior con la naturaleza? Considerando que actualmente más de la mitad de la población mundial vive en ciudades, un grupo de investigadores holandeses de la VU University realizó una investigación para contrastar los efectos del contacto con la naturaleza. En los resultados encontraron, además de respuestas positivas como una mayor concentración y capacidad de autocontrol por parte de las personas en contacto con la naturaleza, una propensión a la proyección a largo plazo en la toma de las decisiones de los participantes.

Lo más sorprendente, es que estos cambios no los mostraron únicamente aquellos que estuvieron en contacto directo con la naturaleza, también aquellos que contemplaron una fotografía de esta, o bien, las personas que tras su ventana contemplaban un paisaje natural. Como si la misma naturaleza al contemplarla nos transmitiera un mensaje sobre el ritmo de la vida, que no necesariamente sincroniza con nuestros relojes, la interacción con lo natural refuerza en nosotros una especie de inteligencia biológica.

Hasta cierto punto, el tiempo, al menos en su faceta lineal, es un recurso cultural. Y quizá la noción que tenemos de la inmediatez, y la satisfacción de necesidades efímeras, responde a ese llamado artificial pero, consecuentemente, nos distancia de los ritmos que rigen al universo del que somos parte.

 

*Ilustraciones: Mali Fischer