El proceso de producción de la cerveza incluye el uso de germinados y otros cereales, así como de levadura. Por eso es tan deliciosa y nutritiva, e incluso ayuda a contrarrestar los procesos neurodegenerativos. Pero hay otro ingrediente fundamental: el CO2, el cual le da su cuerpo burbujeante a la cerveza.

Si bien podríamos imaginarnos que el cambio climático es lo que estaría poniendo en peligro la existencia de la cerveza –al afectar las cosechas de los granos que se utilizan en su elaboración–, lo cierto es que esta bebida está en riesgo (por ahora sólo en Europa) debido a una crisis en el suministro de CO2, lo cual afecta también a la producción de otras bebidas, como los refrescos o la sidra.

 

¿Cómo puede haber escasez de CO2, un gas que se encuentra en la atmósfera?

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La industria alimenticia no saca este gas de la atmósfera, sino que existen plantas manufactureras –por ejemplo, de amoníaco– que como subproducto generan CO2, el cual es disuelto en líquido para ser vendido a las refresqueras y cerveceras.

Así que ahora mismo la cerveza escasea en el viejo mundo porque los mayores productores de gas en el norte del continente han cerrado por problemas de mantenimiento, lo que coincidió –en una especie de complot contra los amantes de la cerveza– con el cierre temporal de plantas productoras de bioetanol y otros químicos que también producen CO2. No obstante, se trata de una crisis que pronto verá su final, y ante la cual ya se han tomado medidas para que la escasez de cerveza y otros productos no afecte a los consumidores europeos.

 

Pero, ¿y si vuelve a pasar?

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Como sea, lo interesante es pensar que una bebida tan cotidiana como la cerveza depende de plantas químicas de todo tipo para existir, pues sin los debidos suministros de CO2 que éstas proveen a la industria, la cerveza no tendría el cuerpo burbujeante que nos deleita, ya que según el método de fermentación puede perder todo el gas después del proceso de producción.

Pero, en un futuro, ¿seguirá siendo necesario que la producción de cerveza esté sujeta a la existencia de plantas donde se generan sustancias tan nocivas como el amoníaco? Lo ideal sería que no, pues aunque hay un gran debate acerca del amoníaco, lo cierto es que es malo a nivel medioambiental, sobre todo para los ecosistemas marinos, pero también para los suelos vegetales (mismos que, aunque lo contienen de manera natural, no soportan el exceso de esta sustancia).

Es por eso que el amoníaco ha sido incluido en

la lista de la Agencia Europea de Medio Ambiente, de contaminantes que es preciso restringir al máximo.

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Así que podríamos pensar que en algún momento no existirán las plantas que hacen el subproducto del CO2 para la industria cervecera. Habrá que aprender entonces de otras formas de elaboración, como por ejemplo, la de la cerveza artesanal. La fabricación casera o artesanal de la cerveza tiene varios métodos para conseguir CO2 no industrial; uno de ellos es usar fermentadores isobáricos que hacen posible conservar el CO2 que se produce naturalmente antes y durante la fermentación, para que se mantenga hasta que sea embotellada la bebida.

No hay que esperar a que haya escasez de cerveza por falta de CO2 industrial, sino comenzar a pensar en otras formas de elaborar y consumir la cerveza que hagan innecesario el uso de este recurso. Por eso aquí la cuestión es si brindamos con cervezas artesanales o con cervezas industriales; las primeras son de gran calidad, mejores para nuestra salud y para el planeta, mientras que las segundas utilizan un subproducto de plantas nocivas y poco ecológicas, así como monstruosas cantidades de agua, y algunas –sobre todo las más “famosas”– usan cultivos transgénicos.

Nuestra recomendación es que no esperemos a la crisis: comencemos a cambiar la manera en la que nos relacionamos con la cerveza, la cual debe ser consumida de manera responsable no sólo por su cantidad de alcohol, sino por su impacto en el planeta. En México ya hay muchas marcas comprometidas tanto con el medioambiente como con nuestra salud, que puedes consumir con tranquilidad.