Conoce a la mujer inmigrante multimillonaria que quiere vencer a Elon Musk en el espacio

Eren Ozmen incursiona en la industria aeroespacial a través de su compañía. Su nave, la Dream Chaser, ha marcado el despegue de sus sueños de grandeza.

Mientras más crece la tecnología, más competidores se suman a la carrera para conquistar el espacio. SpaceX de Elon Musk y Virgin Galactic de Richard Branson son las empresas más conocidas, pero a la competencia se suma ahora Sierra Nevada Corporation, de la inmigrante turca Eren Ozmen.

Todos, desde Larry Page (Planetary Resources) y Mark Cuban (Relativity Space) hasta Jeff Bezos (Blue Origin) y Paul Allen (Stratolaunch) están en el juego. Y Ozmen se ha sumado con la Dream Chaser, una nave espacial reutilizable diseñada para llevar a los astronautas a órbita.

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Sierra Nevada Corporation

Ozmen es presidenta y propietaria de la empresa aeroespacial y de tecnología de defensa Sierra Nevada Corporation, que junto con la NASA, ha creado un transbordador espacial que promete ser la única nave espacial capaz de aterrizar en pistas comerciales y luego volver a volar (hasta 15 veces en total) a la estación espacial.

Hasta ahora, la única forma en que Estados Unidos puede devolver la carga desde el espacio exterior es a través del SpaceX Dragon de Musk y la Dream Chaser también llega para cambiar eso, dice John Roth, vicepresidente de la División Espacial de la compañía, para la revista Forbes:

Francamente, esa es la razón por la cual la NASA nos tiene en este programa, porque podemos transportar la ciencia y nadie más puede hacerlo.

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Sierra Nevada Corporation

 

Mujer de negocios que llega al espacio

El primer vuelo libre de la Dream Chaser fue en octubre del 2013, cuando la nave fue arrojada a casi 4,000 metros de altura desde un helicóptero. El tren de aterrizaje no funcionó, y el vehículo patinó fuera de la pista al aterrizar. El precio de ese fracaso para Ozmen fue de más de 300 millones de dólares.

A los pocos meses del desaire, la compañía presentó otra oferta para la NASA: transportar carga, incluidos alimentos, agua y experimentos científicos, hacia y desde la Estación Espacial Internacional. Esta vez, ganó.

Eren es una de tantas mujeres que han destacado por su constancia. Llegó de Turquía cuando tenía veintipocos años y mantuvo varios trabajos de medio tiempo mientras asistía a la escuela de negocios, vendiendo baklava casero en una panadería e incluso trabajando como conserje nocturno en Sierra Nevada, años antes de que ella y su esposo la compraran.

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Desde que llegó a Estados Unidos en 1981, Eren Ozmen pasó de conserje a copropietaria multimillonaria de Sierra Nevada Corporation.

Vi los Estados Unidos y lo que las mujeres pueden hacer aquí, en comparación con el resto del mundo.

Hoy, la empresa Sierra Nevada Corporation es el contratista gubernamental liderado por una mujer más grande de Estados Unidos. El 80% de sus ingresos proviene principalmente de la Fuerza Aérea, a la que vende aviones militares, drones, dispositivos antiIED y tecnología de navegación.

Esta ambiciosa aventura tuvo su origen en la humildad, y como muchas otras en el mundo, la historia de Eren es un gran ejemplo para los emprendedores que sueñan en grande.



Un día en la vida de los niños monje (Video)

Un breve cortometraje en silencio relata un día entero en la vida de estos niños que se preparan para ser monjes.

Si lo que se quiere es extraer aprendizaje valioso de una vida, hay que buscar más allá de los libros; hay que dirigirnos a la experiencia cotidiana y observar. Concretamente, aquella que aún resguarda los pilares de un origen, por ejemplo, la experiencia que nos regala la tradición y la cultura.  

El caso de los niños preparados para ser monjes budistas, en lugares como el Tíbet, Tailandia o Sri Lanka, es un ejemplo, y uno muy único. Para muchos loable, para otros habitual, pero todos concuerdan con que sin duda es un acto férreo. Durante semanas, meses y algunos casos toda la vida, estos niños adquieren hábitos como la meditación, la oración y sobre todo la disciplina de madrugar. Costumbres tan simples se transforman en un ritual con la frecuencia, transformando no sólo la manera de concebir el mundo desde pequeños, también su destino.

Si bien esta tradición puede parecernos asombrosa en otros lugares de la orbe, la sorpresa que para este texto interesa no es el acto de convertirse en monjes desde pequeños, sino eso que podemos ver como un “sacrificio“, pero que para ellos es un acto natural en la vida cotidiana. Dicho de otra forma, un sacrificio que destila simplicidad, o encuentra asombro en las cosas más sencillas de la vida. Muchos de estos niños, por ejemplo, se vuelven mojes para hacer méritos por su madre, un sacrificio bastante noble. 

Como una especie de cortometraje, los siguientes videos nos muestran un poco de esa cotidianidad fresca que viven los niños monje (pirivena) durante su preparación. Se mira a un grupo de muchachos de Sri Lanka, levantarse de madrugada para asearse y comenzar a orar antes del amanecer, mientras otro monje mayor les prepara el té. Vemos cómo ofrecen a Buda Pūjā en uno de los principales santuarios, realizan breves sesiones de meditación y siguen sus estudios, que incluyen temas como las matemáticas.

Sin mencionar una sola palabra el día a día de estos niños budistas continua, y se desliza por la simplicidad de actos como barrer y limpiar el templo. 

Aunque a muchas personas no les gusta la idea de que los niños se conviertan en monjes, de hecho sus vidas usualmente suelen ser muy ordenadas, pacíficas y educativas. Durante su preparación también aprenden autodisciplina, el complejo acto de vivir con los demás y cómo enriquecer sus propias vidas y servir a las comunidades en las que viven.



La mujer que más conoce sobre el universo (o un asteroide llamado Virginia Trimble)

Virginia Trimble es hoy en día la mujer que más conoce sobre el universo, y una roca espacial que viaja sola dentro de un cinturón lleno de otras como ella, entre los mares espesos de un espacio (aún) infinito. 

“No suele ser fácil congeniar con quienes se dedican a remover el cimiento de las cosas. Esto sólo se consigue siendo más firme y obsesivo que los amigos y únicamente quienes lo entienden considerarán la relación totalmente razonable”, afirma Virginia Trimble en referencia a la ciencia, y podríamos agregar que mucho menos fácil lo es, y lo ha sido, para una mujer. Y si eso viene acompañado con la “gracia” o prejuicio de la belleza, peor parece el panorama a enfrentar en una sociedad como la nuestra.

A lo largo de la historia, muchos descubrimientos y aportes a la humanidad hechos por mujeres han quedado ocultos. Ya sea a través de la ciencia, el arte, la política o la literatura, pareciera que los registros del trabajo de ellas son nulos u opacados por el área masculina. Sin embargo, historias como la de Trimble demuestran que sin importar la “pequeñez” de pensamiento que se tenga respecto a cualquier tema, siempre se puede profundizar, no siguiendo la corriente en boga sino dudando de ella y no dejándose aplastar por prejuicios y estigmas sociales.

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La doctora Paula Tallal, el doctor Robert P. Rich y la doctora Virginia Trimble

Como se puede leer en un artículo, publicado en Wired y escrito por Sarah Scoles: 

En 1965 el físico Richard Feynman ocupaba su atención en ganar el Premio Nobel por sus esquemas que representan pictóricamente expresiones matemáticas que rigen el comportamiento de las partículas subatómicas, más tarde conocidos como digramas de Feynman, y además de eso, aprendía a dibujar. Un día vio a la estudiante de astrofísica Virginia Trimble caminando por las instalaciones de Caltech –Instituto de Tecnología de California– y pensó: Aquí hay una buena modelo.

Trimble aceptó posar para él. Un par de martes al mes por 5.50 dólares por sesión, más una charla sobre física. Ella estudiaba la nebulosa, y él, a veces, le compartía anécdotas que más tarde aparecerían en alguno de los libros escritos por Trimble, donde contaba de todo, desde su juego de Bongo Balls hasta detalles del trabajo que realizaba en el Proyecto Manhattan. Pero no todo era modelar: esos primeros días de aprendizaje e investigación eran el comienzo de una carrera de 50 años que posicionó a Trimble como una potencia en la astronomía.

El trato a las mujeres profesionistas y académicas ha cambiado de manera significativa en los 60 años de existencia del campus de California. En el tiempo en el que ella se inscribió, era un lugar que aceptaba a pocas mujeres en un área de estudio en el que tenían menos presencia. 

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En su primera época como científica, Trimble era una estudiante de astrofísica que había rastreado revistas científicas y recopilado el progreso cósmico de 1 año, que incluía 13 secciones repartidas en 101 páginas. No sólo era un artículo que daba datos al aire sobre la atmósfera de Júpiter o la formación de masas de estrellas, sino que era un escrito minucioso, completo y amplio, que además empleaba el humor.

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Hoy en día las inteligencias artificiales recopilan datos y los resumen para los científicos, pero antes de que eso existiera los astrónomos tenían a Trimble, que año con año escribía y recapitulaba toda esa información. Durante su carrera, ella evitó investigar con telescopios de avanzada tecnología, para no tener que buscar fondos competitivos y la aprobación de los administradores de la universidad. Se centró en solitario en escribir alrededor de 850 publicaciones, enfocándose en la naturaleza de la astronomía y en el estudio del universo.

En la década de los 60 Trimble se inscribió en UCLA (Universidad de California en Los Ángeles) pero al no poder tomar la especialidad de arqueología optó por la de astronomía, un tema que siempre le interesó. Inscrita como estudiante de astronomía, asistía a clases en un programa de “superdotados” de la universidad. En 1962 un periodista describió a Trimble, en un texto sobre el sistema educativo de California, bajo el título “Detrás del adorable rostro con un IQ de 180”; todos se sorprendieron con la idea de que una bella mujer fuera una genio, pero ella abogó para que las personas dejaran de considerar ese hecho como algo asombroso.

Bien decía su padre que Trimble tenía una atracción por los misterios del universo, tanto, que al terminar su licenciatura fue aceptada para un doctorado en Caltech, donde era poco común que ocurriera eso, ya que sólo se aceptaban mujeres en casos “excepcionales”. Ella decía que ese tipo de excepción significaba estar casada con algún miembro de Caltech, lo que no era su caso. En ese lugar Trimble pudo estudiar la nebulosa cangrejo, el polvo, los gases y el plasma enviado desde una supernova cuya luz llegó a la Tierra en 1054. Para poder trabajar en este gran proyecto tuvo que solicitar un tiempo en el Observatorio Palomar, un icónico telescopio al este de San Diego. Ella fue la segunda mujer en usarlo; la primera había sido Vera Rubin, pionera en materia oscura. Actualmente, ¿seguirá siendo una excepción aceptar mujeres para doctorados en ciencias en Caltech?

¿Seguirá existiendo discriminación por razón de género en la ciencia?

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Sabemos que hoy en día los contenidos de la nebulosa siguen saliendo a la luz, pues transmite radiación brillante a través de un espectro de longitudes de onda. Actualmente los científicos saben que un púlsar es el cadáver de una estrella masiva, tan densa como un núcleo atómico y del tamaño de una ciudad, y que gira 30 veces por segundo, vive en el centro y energiza la nebulosa. En el tiempo en que Trimble realizaba su investigación, los púlsares apenas se estaban descubriendo y nadie sabía que la nebulosa cangrejo tenía uno.

Respecto a la discriminación de género en nuestra época, en una entrevista realizada por Amelia Ortiz-Gil y Vicent J. Martínez para la revista Mètode, Trimble comenta: 

No estoy segura de que exista o haya existido una discriminación deliberada contra las mujeres científicas en los últimos 40 años, aunque me preocupa que mientras sean estudiantes puedan tener menos oportunidades que los estudiantes masculinos de conseguir trabajar en proyectos de tesis excitantes e importantes. También creo que es verdad que cuando te piden que pienses en alguien para un trabajo en particular, es muy probable que pienses en alguien de tu propio sexo y además, si necesitas realizar una pregunta bastante básica, estúpida incluso, es más fácil hacérsela a alguien de tu propio sexo. La mayor parte de los hombres nunca se darán cuenta de esto, dado que siempre han formado parte de una gran mayoría en las ciencias. Sólo he estado en una conferencia de física o astronomía en la que todos los ponentes y miembros del comité organizador fueran de un solo sexo. Ocurrió en la Deutsche Physikerinnen Gesellsch Aftagung y fue enormemente interesante. Todavía parece existir una especie de techo en algunos países con muchas mujeres astrónomas; estoy pensando en particular en Italia, donde durante muchos años Margheritta Hack fue la única mujer catedrática, y, después de su jubilación, Francesca Matteucci ha sido también la única.

Para su trabajo de doctorado, Trimble midió los filamentos de la nebulosa cangrejo y descubrió que el gas había acelerado su vuelo desde el centro de la explosión y desde el inicio de ésta, un comportamiento bastante extraño. Todo eso había ocurrido a 6,500 años luz de distancia. Y aunque parecía que todo estaba bien, tanto trabajo repetitivo, tedioso y exhaustivo, y realizar placas y placas fotográficas, no le parecía especialmente divertido. Trimble pronto se dio cuenta de que no quería pasar el resto de su vida estudiando la nebulosa cangrejo, ni los restos de una supernova, ni nada en realidad. Prefería la independencia. No pensaba entregar su dinero a la subvención de la Universidad donde se convirtió en astrónoma titulada, y por ello, comenzó a publicar artículos con una visión desde arriba del campo de la astronomía.

Como todo gran científico, tenía muchas dudas. Y cuando empezaron a solicitarle que diera grandes conferencias y charlas, comenzó a preguntarse cómo era la idea de la ciencia, cómo se hace y por quiénes. “Siempre pensé que era mi oportunidad de decir algo que de otra manera no podría decirse”. Entonces, en lugar de realizar un resumen de las conferencias, ella se hacía preguntas que analizaba meticulosamente y que daban en el punto de temas complejos como ¿por qué se volvió interesante este subcampo?, ¿por qué nos preocupamos por este tema de investigación justo ahora?, ¿de quién es el trabajo que dejamos en esta reunión?

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Virginia Trimble

Trimble se preguntaba si realmente había pagado una buena escuela de estudiantes de posgrado, (que sí lo había hecho). También se preguntaba qué telescopios dieron origen a la mayoría de los artículos. Descubrió que la mayoría venían de instrumentos no considerados o no tan famosos. Se preguntó sobre la línea narrativa que guiaba el consenso científico y escribió un artículo que rastreaba el progreso de debates científicos tales como la gran mancha de Júpiter y la existencia de la llamada materia oscura.

Luego, escribió algo que movió a sus colegas y los provocó: sugería que la estrella azul al lado de un supuesto agujero negro –que en ese tiempo era el primer candidato real para probar la existencia de los agujeros negros– era más pequeña de lo que se pensaba. Si esto era cierto, significaría que los agujeros negros eran más pequeños de lo que se creía, tan pequeños, incluso, que ya no serían considerados agujeros negros. De inmediato, dos grupos distintos salieron a decir que Trimble estaba equivocada.

Sabía que estaba mal cuando sugerí escribirlo –dijo–; era una manera de hacer que las personas salieran e hicieran sus observaciones.

Un gran porcentaje del trabajo de Trimble promueve y exige que los astrónomos salgan de sus zonas habituales de pensamiento y estructuren todo de forma distinta. Que reflexionen ellos mismos y dejen de imaginar que sus investigaciones son independientes y que no tienen nada que ver o están desconectadas de la cultura. Posteriormente trabajó en una serie sobre cómo la segunda guerra mundial influyó en el desarrollo de la relatividad general, y agregó un capítulo sobre personas que deberían haber ganado el Premio Nobel y no lo hicieron.

¿Divertido? Trimble le responde a Sarah Scoles que es sumamente divertido: “Si no, no lo haría”. 

Algo era cierto: si Trimble se hacía preguntas que otros investigadores no habían formulado antes, era porque sabía más que ellos. Esto era muy claro. Trimble conocía del tema no tanto por erudición, sino por hacer las preguntas correctas frente a temas complejos. Ello, además de situarse en un contexto cultural y ver a la ciencia no sólo desde el área académica, sino como algo que tiene influencia recíproca en la cultura y en la sociedad. Ambas van de la mano, y Trimble se dio cuenta de cómo esto modifica las cosas.

Hoy en día nadie hace el trabajo de Trimble; nadie sabe qué hacen todos los astrónomos del mundo. Y aún más: para cualquier joven científico resultaría difícil retomar el trabajo de ella, debido a la situación actual, pues en la práctica la ciencia académica no valora la amplitud de miras. Es un mundo de publicar y perecer, la inmediatez, la legitimación por colaborar con alguien de renombre, donde se toma más en cuenta la creación del conocimiento que la reflexión en torno a éste.

A pesar de ello, la comunidad astronómica más grande parece estar de acuerdo en que las contribuciones de Trimble son por demás valiosas. Trimble ha sido vicepresidente de la Unión Astronómica Internacional y vicepresidente de la Sociedad Astronómica Americana, que también le otorgó el Premio George Van Biesbroeck. Normalmente, este premio se concede cada 2 años y rinde homenaje a una persona por toda una carrera de servicio extraordinario, desinteresado y a largo plazo en la astronomía (a menudo, más allá de las exigencias de su cargo remunerado), así que es un gran honor que le haya sido otorgado. La Asociación Estadounidense de Maestros de Física le dio su premio Klopsteg Memorial Lecture Award, que “reconoce la comunicación excepcional de la emoción de la física contemporánea para el público en general”.

Quizá lo más extraordinario fue que recientemente la Unión Astronómica Internacional nombró a un asteroide como 9271Trimble. Esta roca espacial viaja sola dentro de un cinturón lleno de otras como ella. Es imposible imaginar toda la información que se habría perdido sin la labor de Trimble. Muchas mujeres de la actualidad podrían tomarla como ejemplo; sin embargo, ella humildemente aboga más por el trabajo que por el reconocimiento.

Actualmente tiene 75 años y vive en Los Ángeles, California. Estuvo casada con el fallecido Joseph Weber, el primer físico en detectar las ondas gravitacionales. Es reconocida mundialmente como estudiosa de la estructura de las estrellas y galaxias y como gran historiadora de la astronomía.

Ella aún bromea sobre esas sesiones de dibujo que tenía con Feynman, de las cuales dice: “era muy callado, pero a la hora de contar las anécdotas daba información muy valiosa”. No podemos entender a cabalidad las situaciones de vida que llevaron a Trimble a convivir con grandes mentes y a, sin inmiscuirse en sus ideales, refutarlos y poner a prueba su capacidad de análisis. Sin duda, esto es algo que podemos aplaudirle, y más en una realidad donde el pensamiento científico pocas veces es puesto en tela de juicio incluso por sus mismos participantes.

Personajes como Virginia Trimble nos demuestran, una y otra vez, que la pasión y la ética personal nada tienen que ver con el prestigio y la lisonja, y tampoco con la acumulación de contenidos para no hacer nada con ellos, sino con el análisis de datos, del momento histórico que estamos atravesando como humanidad y como especie, así como la oportunidad de ver más allá de la información “dura” que arrojan las investigaciones. 

No se trata de generar conocimiento a partir de números y fotografías del espacio, sino de preguntarse qué significan para nosotros. ¿Quiénes son los estudiosos de dichos temas? ¿Por qué es que les interesan? ¿Qué políticas se utilizan para filtrar y transmitir la información al público? Preguntas esenciales y en apariencia simples, pero profundamente complejas. 

¿Qué piensa Virginia Trimble sobre la situación actual de la ciencia frente a la política, de la ciencia frente a la religión, de la ciencia frente a la idea de la naturaleza y de la ciencia respecto de sí misma? Sin duda, nos dejará mucho por resolver y qué decir cuando haga preguntas complejas a respuestas aparentemente sencillas.

Mientras tanto, podemos asegurar que Virginia es hoy en día la mujer que más conoce sobre el universo y una roca espacial que viaja sola dentro de un cinturón lleno de otras como ella, entre los mares espesos de un espacio (aún) infinito. 

 

* Edición de fotografías: Ecoosfera