El futuro es una posibilidad que se reescribe todos los días, porque se modifica con las intervenciones humanas en la Tierra. Actualmente estamos en una lucha contra el tiempo para mitigar los efectos del cambio climático. Y migrar a las energías renovables es un gran esfuerzo de nuestra especie por sobrevivir (que debemos apoyar, pero de la forma adecuada)

Los proyectos de energías limpias no son buenos en sí mismos. Necesitan estar bien implementados y ubicar a la justicia social y los impactos ambientales en el centro de su diseño. El problema es que estos proyectos siguen operando bajo los estándares del capitalismo depredador que sólo se disfraza de verde. Pero antes de revisar estos temas más a fondo, hay que entender qué son las energías renovables y cuál es panorama del cambio climático actual.

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¿Es urgente apostar por las energías limpias? 

Revisemos algunos datos del contexto actual para dimensionar el problema del cambio climático y el papel que podrían tener estos tipos de energía. 

No sólo está aumentando la temperatura global, también hay una tendencia creciente y preocupante en cuanto al consumo de energía y los niveles de dióxido de carbono, entre otras cosas. Según datos de la NASA, “19 de los 20 años más cálidos han ocurrido desde 2001, con la excepción de 1998. El año 2016 se ubica como el más cálido registrado”. El dióxido de carbono es un gas que atrapa el calor y se libera a través de actividades humanas. Hoy, sus niveles en el aire están en su punto máximo desde hace 650,000 años. Este drástico aumento en la temperatura global ha tenido otros efectos preocupantes. El hielo marino del Ártico está disminuyendo a una tasa de 12.85% por década, en relación con el promedio de 1981 a 2010. La extensión más baja en el registro satelital de la NASA es de 2012.

Todos estos datos se traducen en desastres naturales que terminan por afectar a las poblaciones más vulnerables del mundo. Según lo revisado en el Acuerdo de París, se estima que si no logramos mantener el aumento de la temperatura a 2 (idealmente 1.5) grados centígrados, en el mundo sólo habrá más inundaciones, huracanes, tormentas, etc. Incluso con ese parámetro, parece que no será suficiente, porque la brecha del cambio climático seguirá siendo muy grande. 

En las siguientes gráficas del Banco Mundial, podemos ver el aumento del consumo de energía en contraste con la disminución de áreas forestales de 1960 hasta 2014. 

 

¿Qué son las energías renovables?

Son energías procedentes de fuentes no fósiles. Esto quiere decir que aprovechan recursos naturales como el viento, el agua o el sol, entre otras cosas, para producir energía. Hay varios tipos de energías renovables que tienen dos divisiones básicas: las intermitentes y las no intermitentes.

Los ejemplos más comunes incluyen energía eólica, solar, geotérmica, biomasa e hidroeléctrica. Las energías intermitentes corresponden, por ejemplo, a la eólica y a la solar, porque éstas dependen de la cantidad de sol o viento que haya en un día o una temporada. La energía hidroeléctrica es el caso contrario; es decir, no intermitente, porque siempre tiene disponible la posibilidad de generar la misma cantidad de energía. 

El dilema de la intermitencia tiene que ver con dos cosas principalmente: el almacenamiento de la energía y la demanda. Actualmente, las formas de almacenar energía son muy caras. Por eso, parte de las investigaciones más relevantes del campo tienen que ver con la generación de baterías, que permitan guardar la energía de fuentes solares y eólicas para responder a los cambios en la demanda.

Por este motivo, un sistema eléctrico no puede depender sólo de una fuente de energía. Necesita estar bien conectado y ser diverso. Sobre este punto hay otras discusiones respecto a la efectividad y eficacia de las energías renovables, en comparación con la energía nuclear (que tiene mala reputación por experiencias como las de Chernóbil o Fukushima). Un ejemplo de estas dos apuestas es Alemania, que optó por energías 100% renovables, y Francia, que sigue usando energía nuclear. 

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Energías renovables: bienestar social 

No se trata de cuestionar la importancia de las energías renovables, pero sí el sistema bajo el que operan. ¿De qué sirve implementar estos proyectos si a su paso algunos afectan el ecosistema y vulneran los derechos humanos de las personas? Deberíamos pensar que cualquier proyecto que no tenga como base la justicia social y los análisis de impacto ambiental, no puede ser realmente serio. Esto quiere decir que las energías limpias tienen que pensarse de forma integral, para mejorar la calidad de vida de las personas y cuidar al planeta al mismo tiempo.

Los impactos sociales, según la Asociación Internacional para la Evaluación de Impactos, son cambios en uno o más ámbitos como la forma de vida de las personas, su cultura, la cohesión comunitaria, los grados de participación en el sistema político y la salud y bienestar de las personas. 

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Un proyecto mal implementado puede derivar en el despojo de tierras y territorios de comunidades, vulnerando sus derechos fundamentales. En México varios proyectos, como es el caso los parques eólicos, han resultado en la polarización social. En otras ocasiones, la intervención de algunas empresas en las comunidades ha alterado sus usos y costumbres. Un ejemplo de esto es Juchitán. Cerca de esta zona se  encuentra el conjunto de parques eólicos más grande de América Latina (con alrededor de 20 parques que producen 2,359.97 MW de energía eléctrica). En esta región del sur del istmo de Tehuantepec, las comunidades indígenas huaves y zapotecas han tenido problemas con la Consulta Previa, Libre e Informada, que es un dispositivo jurídico derivado del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). 

En México las evaluaciones de impactos (positivos y negativos) deben ser reportadas por los actores interesados en implementar proyectos de energías renovables. Según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), las evaluaciones de impacto:

“permiten medir, mediante el uso de metodologías rigurosas, los efectos que un programa puede tener sobre su población beneficiaria y conocer si dichos efectos son en realidad atribuibles a su intervención. El principal reto de una evaluación de impacto es determinar qué habría pasado con los beneficiarios si el programa no hubiera existido”. ​

El problema es que muchas empresas no saben realizar evaluaciones de impacto social y ambiental. Como consecuencia, estos mecanismos se han vuelto en ocasiones sólo una simulación. No se implementan medidas serias para garantizar la equidad de género ni los derechos de las comunidades indígenas y no indígenas, a pesar de que así lo contemplan los acuerdos y leyes hechos por México para lidiar con el cambio climático. En el siguiente diagrama podemos ver el flujo de responsabilidades y tiempos para hacer las evaluaciones de impacto. 

 

 

Los otros impactos de las energías renovables

Estos proyectos no sólo han discriminado a diversas minorías de forma directa, sino también de forma indirecta. Según la Universidad de Berkeley, el acceso a las energías limpias tiene grandes brechas. En Estados Unidos, las comunidades blancas con mayor nivel socioeconómico cuentan con más energía solar. Las comunidades latinas y afroamericanas tienen la mitad o menos de la mitad de acceso a este tipo de energía. 

Esta brecha se vuelve más relevante cuando entendemos que, como dice Chiara Soletti (asesora de derechos humanos y política climática para la Red Climática Italiana), “el acceso a la electricidad sostenible está en el corazón del bienestar económico y social”. Según datos publicados en 2017 por Soletti, en ese entonces más de 1,000 millones de personas no contaban con acceso a la electricidad y más de 3,000 millones debían cocinar con combustibles contaminantes e ineficientes, como la leña. Esto, como explica Soletti:

“plantea problemas y consecuencias particulares para los derechos humanos y la salud de las personas, y especialmente de las mujeres, que permanecen culturalmente designadas para administrar la economía familiar”. 

Los impactos ambientales los discutiremos en otro momento a profundidad. Sin embargo, a manera de resumen, hay que tener en mente que las energías renovables pueden afectar negativamente el ecosistema y la biodiversidad. Por ejemplo, las hélices de los parques eólicos pueden matar a pájaros y murciélagos. Según un estudio realizado por la Universidad de Ciencias Pedagógicas Enrique José Varona de La Habana, Cuba, la energía geotérmica (que se desarrolla mediante el aprovechamiento del calor interno de la Tierra) “puede ser nociva si se arrastran a la superficie metales pesados y gases de efecto invernadero”. 

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Rutas alternas en las energías renovables 

Es difícil que un proyecto satisfaga las necesidades de todas las y los actores involucrados. Cada caso, cada país tiene sus particularidades y se tiene que evaluar su viabilidad tecnológica, económica, ambiental y social. Pero, si queremos que las energías renovables tengan un rol relevante en la lucha contra el cambio climático, la justicia social no debe ser sólo una recomendación o aparecer vagamente en cláusulas legales, sino que tiene que ser parte de la columna vertebral de los proyectos. 

Hay muchas rutas que se podrían explorar para mejorar el panorama de las energías renovables en México y el mundo, usando una perspectiva multidisciplinaria. Sin embargo, hoy, hay tres cosas que queremos poner sobre la mesa: 

  • Primero, debería existir más apoyo para que se creen proyectos de energía renovable comunitaria, donde los miembros de la comunidad son propietarios del proyecto y ejercen cierto control sobre él. 
  • Segundo, según el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, necesitamos adoptar medidas legislativas apropiadas para proteger y respetar los derechos humanos de las personas afectadas por cualquier proyecto de energía renovable. Además, falta actualizar las leyes secundarias y las normativas técnicas, para garantizar altos estándares de respeto a los derechos humanos. 
  • Tercero, se tiene que garantizar el acceso a información veraz, fidedigna, oportuna y completa sobre el proyecto y sus posibles impactos. Sólo así las comunidades podrán tomar mejores decisiones y las personas responsables del proyecto podrán implementarlo de manera adecuada.

Contamos con buenas tecnologías que podrían salvar al planeta, pero no lo van a lograr si el sistema de explotación, consumo y discriminación bajo el que operan no se transforma. Necesitamos modificar los paradigmas que motivan a los proyectos actuales y diseñarlos para fomentar la pluralidad de voces y construir un mundo de bienestar común. 

 

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