¿Es posible reconectar la empatía en el cerebro y sentir al otro?

La empatía es saber lo que siente el otro. Y se puede estimular.

Es posible sentir al otro en nosotros mismos, transportar sus sentimientos a nuestro organismo y comprenderlo. Eso es la empatía, y es mucho más que sólo una sustancia moral que nos conduce por el mundo.

La empatía es un estado emocional sumamente profundo, que se origina en el cerebro. Es tan misteriosa que existen profesionales de la empatía, llamados “empáticos”, como David Sauvage, quien se dedica a llevar a otros por las vías intuitivas del comprender a los otros.

Pero lo cierto es que la empatía, si bien es una especie de arte cognitivo que no todos tienen de manera innata, se puede desarrollar por cuenta propia. Su origen está en regiones específicas del cerebro que pueden ser más sensibles en unos que en otros, pero también existen estimulantes externos cotidianos que van forjando nuestros sentimientos y que moldean nuestras reacciones para con todo lo ajeno.

 

La empatía: innata pero, también, producida por tu cerebro

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Fotografía: Adeline Mai

Un estudio publicado en el Journal of Neuroscience identificó que el egocentrismo es una parte innata del ser humano: una programática que, durante milenios, nos ha ayudado a sobrevivir. Pero cuando el área del cerebro donde se activan las reacciones ególatras percibe una falta de empatía, se autocorrige. Se trata del giro supramarginal, que sólo suprime la empatía en momentos de adrenalina, y que en una persona normal debe funcionar siempre segregando las dosis correctas de empatía. 

Fuera de toda disertación filosófica, lo cierto es que en el plano material nuestras neuronas nos hacen, en buena medida, lo que somos: moldean nuestras emociones y la manera en la que nos conducimos. Somos seres altamente determinados por nuestras neuronas, y por el funcionamiento de nuestro cerebro en general.

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Fotografía Adeline Mai

Así que, si sabemos que la empatía se reduce sólo en los momentos de adrenalina o cuando buscamos sobrevivir, quizá un método para volvernos más empáticos sería buscar formas más solidarias e intuitivas de experimentar la vida en colectividad, para reconectar los cables empáticos de nuestro complejo sistema neuronal.

Algunos estudios han demostrado que estando en situaciones cómodas, nos cuesta más ser empáticos. Pero no necesitamos buscar sufrimiento para promover la empatía en nuestro giro supramarginal. Sólo valdría la pena reflexionar sobre qué tanto aceptamos el sufrimiento, ya que huir de él –a través de lujos o toda suerte de autoengaños– bloquea nuestra capacidad empática.

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Fotografía: Adeline Mai

Para estimular la empatía hay que ponerla en práctica, procurando una vida sin artificios superficiales ni zonas de confort. Ayudar a otros, aunque ello implique ver cosas que quizá no quisiéramos ver, es de lo mejor que podemos hacer. Y también intentar no pensar la vida como una eterna competencia con los otros, pues eso precisamente activa nuestra egolatría y anula nuestra empatía

También debemos ser capaces de entablar un diálogo interno con nuestros propios sentimientos. Para eso se puede abrir camino con un poco de meditación diaria, o con algo de ejercicio que implique ciertos retos y algo de sufrimiento momentáneo.

Por ahora, sólo pregúntate: ¿cuándo fue la última vez que sentiste a otro? Y si ni siquiera lo recuerdas, ponte en acción de inmediato y reconecta con tu empatía; es más valiosa de lo que crees.



¿Se creen la pareja perfecta? Respondan este quiz y descubran la verdad 🤯

Seis preguntas para reflexionar sobre tu relación actual (o las pasadas)…

 

Para ti, ¿cómo sería un día perfecto? ¿Cómo sería el día perfecto para él/ella? ¿Se parecen? ¿Eso los convierte en una pareja perfecta? 

Quién no se lo ha preguntado: ¿Hasta dónde llegaremos juntos? ¿Qué clase de amor nos representa? ¿Nuestra relación será tóxica? ¿Se trata de una poderosa relación, de esas que parecen perdurar entre la vida y las vidas? Ok no, pero podemos dejar de hacernos tantas preguntas cósmicas y pasar a responder el siguiente quiz: averigua si tú y ese ser que adoras le dan a la pareja perfecta: 

 

 

¿Que no tienes pareja? Entonces tal vez deberías intentarlo, aunque no pase nada, impactará positivamente tu bienestar (te lo aseguramos).



¿Y si hoy practicas la empatía?

La empatía es algo que puedes cultivar incluso con la más minúscula de las acciones. Aquí algunas ideas.

La evolución humana no puede entenderse sin el factor clave de la empatía. Preocuparnos por otros y cuidarlos es lo que nos ha hecho definitivamente humanos. Somos más que sólo inteligencia, y nuestra humanidad depende de mucho más que el mero raciocinio y el frío cálculo.

Ser capaces de ponernos en los zapatos del otro es, hoy, una práctica más necesaria que nunca.

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Evitar nuestra involución depende de ello. Sobre todo, porque nuestra sociedad se ha vuelto terriblemente indiferente y apática: en ella, el egocentrismo se ha arraigado en los sujetos, y la competencia encarnizada se ha vuelto la forma por excelencia de sobrevivir al mundo.

La empatía debe ser una herramienta emocional y primigenia para combatir actitudes que, lamentablemente, están permeando cada vez más nuestras relaciones. Distintas circunstancias políticas y sociales han destapado últimamente interacciones de odio entre los usuarios de redes sociales. Ya no son sólo los haters, esa tribu digital que se aprovecha del anonimato y la protección que brinda Internet. Se trata de un nuevo y desafortunado fenómeno cuyos porqués son difíciles de comprender, pero que tienen que ver con lo difícil que se ha vuelto existir en este planeta.

Un primer acto de empatía colectiva es reconocer, precisamente, que todos estamos pasando por una situación difícil. Sabemos que tenemos en ciernes una catástrofe global, que el fascismo está de vuelta y que la depresión se está volviendo epidémica. Con estos panoramas nacionales e internacionales, no es sorpresa que nuestras actitudes se vuelvan cada vez más cerradas e intolerantes, y que nuestras reacciones sean de discriminación o racismo.

Pero muchos aún no nos rendimos: seguimos practicando la empatía y reconectándonos con los otros, lo más que podemos bajo las circunstancias actuales. Ello no significa que nos hemos vuelto vulnerables o débiles, ni mucho menos implica una falta de amor propio. Al contrario, es una forma de amarnos a nosotros mismos.

Practicar la empatía es reconocernos en el otro, es decir: amarnos, amar y ser amados.

Es posible reconectar con la empatía. Nuestro cerebro está hecho para corregir las actitudes en exceso egoístas, haciendo fluir la empatía como un mecanismo de preservación. Por eso, y según la ciencia, es importante que no busquemos en exceso la complacencia o el confort: necesitamos vivir situaciones difíciles para estimular la empatía en el cerebro.

Por eso, te mostramos algunas ideas para practicar la empatía ya:

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Son microacciones que puedes hacer diariamente para saber cómo se siente el otro: para desbloquear tu empatía y volverla un hábito.

 

Camina en los zapatos del otro

Pregúntale a la gente que conoces qué se siente ser ellos. Así de simple. Verás que aprenderás más en unos minutos que en horas de clase.

 

Salte de tu ambiente cotidiano

Si no sales de tu burbuja no podrás conocer otras situaciones ni, por ende, generar empatía por lo que ocurre en ambientes distintos al tuyo. Prueba conocer comunidades alejadas de donde vives, que tengan completamente otra forma de vida. Hazlo con todo el respeto que una acción así merece –y así, también estarás desarrollando tu gratitud–.

 

Desenvuelve tu curiosidad

No des nada por hecho. Investiga, pregunta, corrobora, y desarrolla una genuina curiosidad por todo lo que no conozcas.

 

Conoce a tus (verdaderos) enemigos

No pienses que los demás te están atacando todo el tiempo. Parte de desarrollar empatía es comprender una mala actitud de un compañero de trabajo, de tu pareja o amigos. No se supone que permitas cualquier actitud sumisamente, sino que la empatía te permita distinguir los porqués de ciertas actitudes.

 

Aprende a debatir 

Existen 7 maneras de argumentar. Todas involucran escuchar al otro. Pero las mejores son en las que no sólo se contradice o se descalifica, sino que se contraargumenta y se refuta. Esto quiere decir que no sólo se quiere “ganarle” al otro, sino que se es capaz incluso de tomar parte de sus argumentos.

 

Ponte del otro lado

Habrá ocasiones en que incluso puedas ponerte completamente del lado del otro. ¿Por qué no? Normalmente no lo hacemos por falta de empatía, y porque vemos al otro como un potencial enemigo. Pero inténtalo: ponte del otro lado en tu mente, reflexiona, y quizá descubras que ese lado es mejor.

 

* Imágenes: Philipp Igumnov