10 estados emocionales que no sabías que podías sentir (y nombrar)

¿Sabías que eso que sientes cuando miras a alguien a los ojos tiene nombre?

Ningún idioma es tan rico ni vasto como para poder nombrar todas las emociones que los seres humanos somos capaces de sentir. Porque existe la tristeza, la felicidad o el enojo, pero entre todas ellas hay enormes mediaciones que no son tomadas en cuenta en ninguna lengua.

De hecho, ni siquiera somos conscientes del total de nuestras emociones, precisamente porque muchas no tienen nombre. Aunque recientemente algunos expertos, como Tiffany Watt Smith, investigadora del Centre for the History of the Emotions, se han interesado en esto que parece un vacío entre las emociones y el lenguaje.

En sus investigaciones ha descubierto que hay maneras de llamarle, por ejemplo, a eso que sentimos cuando un visitante deja nuestra casa y experimentamos un extraño vacío. Por lo menos en francés, a eso se le llama L’appel du vide,que podría traducirse como “el vacío después de la partida de los visitantes”.

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Fotos: Olivia Basile

Como este ejemplo, hay otros. Muchas de las maneras de nombrar ciertas emociones provienen de otros idiomas, como el francés, pero incluso de lenguas originarias, como la de los baining de Nueva Guinea (ellos también pueden nombrar el vacío cuando alguien se va: le llaman Awumbuk).

Pero en lo personal, saber cómo nombrar algunas emociones puede ayudarnos a comprendernos mejor a nosotros mismos y a los demás. Por eso también hay quienes se han dedicado específicamente a nombrar emociones, como John Koenig, creador del Diccionario de dolores oscuros, basado en investigaciones etimológicas, y con el cual este investigador busca poder llenar los vacíos que a veces deja el lenguaje.

Aquí te presentamos otras emociones y sus nombres… ¿las habrás sentido ya?

 

Greng Jai / Ser reticente a aceptar ayuda, por el fastidio que podría causar

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Del tailandés.

Es decir: puedes realmente necesitar ayuda, pero no pedirla para no molestar a nadie.

 

Opia / Esa ambigüedad cuando vemos a alguien a los ojos

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Del Diccionario de dolores oscuros.

Es decir: cuando ves a alguien a los ojos y sientes esa vulnerabilidad mezclada con confianza u otros sentimientos ambiguos.

 

Depaysement / Sentirte un extranjero en tierra ajena

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Del francés.

Es decir: lo que siente cualquier viajero o migrante fuera de su tierra natal.

 

Kenopsia / Percepción extraña de un lugar

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Del Diccionario de dolores oscuros.

Es decir: experimentar cognitivamente el misterio de un lugar abandonado y en quietud que normalmente está repleto de gente, ruido y movimiento.

 

Kaoukokaipuu / Ansiedad por una tierra distante

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Del finlandés.

Es decir: el sentimiento de anhelo por un lugar que nunca has visitado; desear profundamente estar en otro lugar. Pasión por viajar.

 

Chrysalism / La amniótica tranquilidad de estar en casa durante una tormenta

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Del Diccionario de dolores oscuros.

 

Malu / Sentirse extraño entre otros

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Del indonesio.

Es decir: la repentina experiencia de sentirse inferior y extraño entre gente de mayor estatus. Como el momento cuando ves al dueño de tu empresa y no sabes qué decir.

 

Occhiolism / Estar consciente de la pequeñez de tu perspectiva

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Del Diccionario de dolores oscuros.

 

Rubatosis / Cuando estás consciente de los latidos de tu corazón

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Del Diccionario de dolores oscuros.

Es decir: cuando sientes el palpitar de tu corazón aunque no pongas la mano en el pecho, la muñeca o el cuello.



Puedes aplicar para viajar gratis a Finlandia en verano y aprender a ser feliz

Al grito de “Encuentra tu calma, conecta con la naturaleza” los finlandeses recibirán a visitantes de todo el mundo para compartirles sus secretos a la felicidad.

Otra vez Finlandia ha ocupado el primer lugar en el ranking del World Happiness Report. Así, se corona en 2019 por vez consecutiva con la distinción “el país más feliz del mundo”, por arriba de otros 156 países. En este índice, que toma en cuenta variables como ingreso, expectativa de vida y “libertad”, el segundo y tercer puestos también fueron para países escandinavos, Dinamarca y Noruega. 

Para celebrar la noticia, Finlandia lanzó un curioso programa que se llama Rent a Finn (renta un finlandés). Consiste en ofrecer viajes gratis a visitantes de otros países para hospedarse con habitantes locales que se han ofrecido a compartir sus respectivas llaves a la felicidad.

Los ocho habitantes voluntarios, que radican en diversos pueblos o ciudades de Finlandia, mostrarán por ejemplo “la simplicidad de la vida en el Arquipiélago”, llevando a su huésped a acampar y navegar en un pequeño velero, o también podrás visitar un pueblo de Laponia donde acompañarás a Esko a recoger moras en el bosque o jugar juegos tradicionales finlandeses.

Por cierto, llama la atención de que las llaves que aparentemente llevan a la felicidad a los habitantes de Finlandia, todas tienen algo en común: la simplicidad y la naturaleza (y esta podría ser una buena pista). 

¿Quieres aplicar para visitar Finlandia?  

Si tras leer esto has sentido el llamado a buscar la felicidad en las latitudes del norte, regocijándote en la generosidad finlandesa, esto es lo que debes hacer:

1. Llena una forma en línea aquí

2. Grábate en video y explica por qué te gustaría ir y cómo te conectas tu con la naturaleza (agrega el video a tu forma).

3. Espera la lista de los elegidos.

 



Nuestro futuro, ¿sensibilizar la máquina o tecnificar el cuerpo?

El auge de los dispositivos tecnológicos en nuestra vida plantea preguntas de urgente relevancia.

Al menos hasta el siglo pasado, la categoría de lo humano era lo suficientemente amplia como para albergar toda la variedad de intereses, procedencias e ideas que pudieran surgir del homo sapiens, este homínido que seguimos siendo; sin embargo, con el avance mismo de la tecnología, la especie se dividió en dos grandes grupos: aquellos que tienen acceso a los gadgets de la economía de consumo y aquellos que no.

 
 
 
 
 
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Esta diferencia es importante no sólo desde un punto de vista económico sino desde un punto de vista ético: ¿es más humano aquel que puede comunicarse en tiempo real de un lado a otro del mundo, y por lo tanto decidir los destinos de las personas que no pueden hacerlo, o bien se trata simplemente de una sociedad de fetiches, donde los objetos (y el poseerlos) se vuelven más importantes que las relaciones sociales que tenemos con otras personas?

Por ejemplo: una persona de clase media o media-alta se encuentra asediado en nuestros días por gran cantidad de información que apela y exige su atención: notificaciones del smartphone, actualizaciones de la tablet, toneladas de correo electrónico (basura o de trabajo, lo mismo da), con lo cual el tiempo destinados a interrelacionarse con otras personas en el universo 1.0 (offline, o en “el mundo real”) se reduce considerablemente. Probablemente esa persona no quiera pasar demasiado tiempo en el universo 1.0 debido a que cree que tiene mayor control sobre su tiempo y su atención mientras está conectado. Pero la realidad es que el universo 2.0, con todas las ventajas y fascinantes vías de desarrollo y aprendizaje que ofrece, no es sino una interfaz de comunicación, una vía o un medio, si se quiere, para conseguir un fin: comunicarse, informar o estar informado; pero esto no es un fin en sí mismo.

 
 
 
 
 
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Hoy en día tenemos más herramientas que nunca para estar comunicados, pero hemos dejado de tener algo que comunicar. Las computadoras son nodos que integran información, pero que hasta hace poco eran incapaces de producirla; ellas eran la heramienta y nosotros la fuente. ¿Seguirá siendo así durante el presente siglo?

Puede ser que los seres humanos en las sociedades desarrolladas o en vías de desarrollo nos vayamos pareciendo cada vez más a nuestras preciadas máquinas: siempre despiertas, siempre conectadas, siempre listas para responder con más información de salida a la información de entrada que recibimos sin parar. Estamos programándonos inconscientemente para reaccionar a la información en lugar de para pensar: para discernir qué tanto de la información que recibimos es valiosa y cuánta es sólo basura. 

Al decir esto no nos consideramos dentro de la tendencia “apocalíptica” que Umberto Eco señaló en su famoso libro, Apocalípticos e integrados, sino que nos proponemos pensar hasta qué punto ya no somos capaces de ubicarnos espontáneamente en ninguno de los dos parámetros señalados por el escritor italiano. El humano de hoy en día se parece más a una interfaz autónoma que recibe y procesa información, en lugar de una mente capaz de crearla y darle forma: somos cada vez más una máquina sensible respondiendo a impulsos del entorno, una computadora humana que aprende a resolver problemas, a contestar correos, a tuitear a velocidades vertiginosas sin detenerse un momento a pensar sobre dónde está parado, o hacia dónde desemboca este tren del progreso.

La impronta de nuestro tiempo parece ser, como bien apunta Douglas Rushkoff, “programa o prepárate para ser programado”: ¿en qué lugar de la balanza nos colocaremos? ¿Dónde te situarás tú?

 

*Fotografías: Nirav Patel