“¿Por qué está mal ser gordo? No veo nada malo en ser gordo”. Eso dijo Jim Morrison en una entrevista en 1969, cuando en el imaginario colectivo se implantaba cada vez con más raigambre un ideal de belleza nocivo: el de la delgadez extrema.

Hacía apenas 3 años había estallado el fenómeno de Twiggy, la supermodelo británica que se convirtió en el ícono de la delgadez, y que obsesionaría en las décadas posteriores a la industria de la moda con dicho estereotipo. Por supuesto, Twiggy sólo era una chica delgada; pero años después, el ideal de tener un cuerpo como el suyo afectaría a las mujeres de todo el mundo. Y a los hombres también, pues en el caso de los varones la estética impuesta por aquel entonces era la de la delgadez al estilo de Robert Plant.

Los estereotipos corporales también afectaron a Jim Morrison
cuando era niño.

Pero cuando el cantante aumentó de peso en los últimos años de su vida, ya no le dio la misma importancia. Había hecho algunas reflexiones respecto de los estereotipos, las cuales compartió en una entrevista con Howard Smith en Los Ángeles, y que el estudio Blank on Blank convirtió en una divertida animación:

Morrison no sólo elogió la gordura, sino que comprendió lo innecesario de los estereotipos.

Aunque, como recuerda la fotógrafa Linda McCartney en su libro The Sixties: Portrait Of An Era, Jim Morrison le había contado que “había crecido como un niño gordo del que nadie quería saber” y que eso le había causado mucho dolor emocional. Pero en la entrevista es evidente que logró romper esas cadenas, aplastando los estereotipos a la manera que la ideología del rock siempre ha invitado a hacer.

Es algo que realmente me molesta. ¿Por qué está mal ser gordo? No veo nada malo en ser gordo.

Además, Jim cuenta de manera magistral cómo cuando estaba en la preparatoria subió algunos kilos, y se sintió muy bien al respecto:

Así, unos 3 meses después pesaba 83 kilos. ¿Y sabes qué? Me sentía genial. Como un tanque. Como un gran mamífero, una gran bestia.

Ojalá más personas pensaran como Jim, para dejar de atarnos a los estereotipos y ver la belleza más allá de lo que nos dicen que es bello.