Albert Einstein y Niels Bohr, dos grandes pensadores del siglo XX, defendieron visiones de cómo es que aprehendemos la realidad. Y aunque ambas intentan explicar cómo se entreteje la teoría cuántica en las espirales de la realidad, sus visiones del mundo son muy diferentes. ¿Podremos algún día descifrar la naturaleza de esta intrincada visión cuántica?

teoría cuántica

El debate sobre cómo percibimos la realidad se balancea constantemente entre lo científico y lo filosófico. Así que los científicos no pueden estar apartados de los cuestionamientos sobre la realidad y cómo la mente logra percibirla. Para Einstein, el mundo tenía que ser racional, es decir, el orden de las cosas debía tener un sentido lógico y no podría escapar al determinismo. Bohr, por el contrario, se encaminó más hacia la vía de la rareza.

La teoría cuántica en la naturaleza de la realidad 

Ambos científicos de renombre pasaron décadas intentando explicar el impacto de la física cuántica en la naturaleza de la realidad. Einstein y su círculo de seguidores entre los que estaban Max Planck y Erwin Schrödinger, no estaba de acuerdo con la rareza cuántica descrita por Bohr. El segundo grupo, seguidores de Niels estaba conformado por Max Born y Paul Dirac, entre otros.

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La discrepancia original entre ambas corrientes se centra en el debate de si las ecuaciones cuánticas son una herramienta computacional que utilizamos para dar sentido a los resultados de los experimentos (Bohr). O, por el contrario, son una representación objetiva de la realidad cuántica, pero que no podemos ver porque escapa a nuestros ojos. Es decir que uno defendía el hecho de que la física cuántica era únicamente un mapa útil que nos ayuda a comprender la realidad, mientras que el otro está convencido de que se trata de la realidad en sí misma, pero que no podemos observar.

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Einstein creía que la teoría cuántica, tal como estaba en su época, era una descripción incompleta del mundo cuántico (diminuto). Y tendría que existir un nivel de concordancia con la realidad a macroescala, aunque todavía desconocido para nosotros. Por su parte Bohr y sus seguidores se inclina más hacia una realidad que no tendría que obedecer a estos determinismos.

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Superposición cuántica

Como ejemplo más claro para entender ambas perspectivas tenemos la superposición cuántica. Naveguemos por un escenario de superposición cuántica, imagina que has entrado en un armario donde existen decenas de pantalones idénticos, salvo que cada uno es de diferente color. Según la física cuántica, cuando entras en este armario se despliega la superposición cuántica, así que te divides en muchos yos y cada uno de ellos se coloca un pantalón de diferente color. Así, tus yos estarán conviviendo simultáneamente, y cada uno usará un pantalón de distinto color. Sin embargo, cuando sales del armario o alguien decide abrir la puerta, únicamente emerge uno de tus yo, con un pantalón específico de color.

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Dentro del armario estás en estado de superposición cuántica donde hay muchos tus. No obstante, en el mundo ‘real’, existe una sola copia tuya vestida de un solo color. La pregunta aquí es si todas tus copias son tan reales como aquel que emerge cuando algo o alguien, lo determina así. O peor aún, si existen decenas de realidades y en cada una de ellas existe un tú vestido diferente. ¿Esto podría ser real? Desde la lógica de Einstein, sí.

Pero la corriente de Bohr se inclina más hacia que los eventos se definen por las interacciones entre los objetos involucrados. En otras palabras, el color del pantalón es la propiedad en juego en este ejercicio de superposición, cuando el observador lo determina, se vuelve real. El precio a pagar en esta corriente es desde luego, renunciar a la esperanza de comprender lo que sucede en el mundo cuántico.

¿Algún día lograremos descifrar la teoría cuántica? La moneda está en el aire y podríamos estar viviendo una superposición cuántica de universos paralelos donde la respuesta es un sí y un no. Como quiera que sea, en esta realidad seguiremos intentándolo.

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