El egocentrismo está de moda, y no, no todo gira a tu alrededor

Un poco de psicología y una metáfora cósmica bastan para entenderlo.

El egocentrismo consiste en centrarnos en nosotros mismos, un ensimismamiento que, llevado a sus últimas consecuencias, nos aísla de la colectividad.

No obstante, en los seres humanos el egocentrismo es un rasgo innato que se desarrolla conforme crecemos, como demostró brillantemente el psicólogo Jean Piaget.

¿Esto significa que somos ególatras por naturaleza? No exactamente.

En un experimento –mal comprendido por sus contemporáneos–, Piaget demostró que los niños son incapaces de inteligir una perspectiva que no sea la suya, es decir, no pueden salir de un ensimismamiento innato, mismo que desaparece paulatinamente mientras crecen y desarrollan otras nociones y percepciones.

Los niños –aproximadamente hasta los 4 años de edad– no pueden mirar a través de los ojos de otros: los demás son sencillamente incognoscibles para ellos. Pero al crecer van descentralizando su psique y con ello, su ego. Comienzan a entender el medio que les rodea y desarrollan la empatía, pues finalmente pueden comprender eso otro que había permanecido en una especie de tiniebla cognitiva para ellos.

Así, Piaget probó que el egoísmo es innato, por lo menos a nivel psíquico, pero que forzosamente tiene que desaparecer o descentrarse con el tiempo, pues somos seres sociales.

Aunado a esto, el egoísmo tiene explicaciones neurocientíficas: se ha comprobado que el giro supramarginal, que estructura la empatía, no termina de desarrollarse sino hasta la adolescencia. Así que Piaget tenía razón al decir:

La lógica de las relaciones es inmanente a toda actividad intelectual; cada percepción y cada concepción forman juntas nuestras relaciones afectivas.

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sheehijkaul

No obstante, la sociedad moderna se encargó de erigir una especie de supraegocentrismo que se ha convertido en una forma de ser en nuestra época contemporánea.

El egocentrismo como una práctica que nos viene del exterior; una moda o incluso un valor altamente apreciado (cuidar de sí mismo, la autoestima exacerbada) que ha derivado en un culto al individuo, donde todo gira alrededor de la persona: única e indivisible, centro de sí misma pero también, y paradójicamente, del mundo entero.

Es aquí donde una metáfora cósmica puede hacernos comprender cómo, siendo parte de un todo, podemos ser su centro, y que esta es la única forma de no ser insignificantes.

Si esto es difícil de comprender es porque, al parecer, así funciona el universo…

 

Somos y no somos el centro del universo

Existe una teoría física que sostiene la posibilidad de la infinitud del universo, con base en dos principios: primero, que el Big Bang no fue una gran explosión que dio comienzo al espacio, sino la expansión de éste, misma que sigue hasta ahora –como puede verse en la expansión milimétrica que tiene lugar todo el tiempo en el cosmos, y que fue descubierta por Edwin Hubble–. Si no hubo un principio, ¿hay un final?

Esto lleva al segundo principio que explicaría la infinitud del universo: la relatividad. Es en la unión del espacio-tiempo donde la luz es lo único absoluto. Según esta teoría, la percepción de un punto dado por ejemplo, tú es lo único capaz de otorgar validez a la realidad observada.

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Eugenia Loli

De esta forma, el universo es infinito y en esa infinitud, cualquier observador puede ser su centro. Pero a su vez, esa centralidad es dependiente de que exista el cosmos y, con ello, todos los demás seres. Sólo podemos ser el centro de algo más, y únicamente en tanto esa centralidad se base en el hecho de que cualquier otro puede ser –u objetivamente es desde su propia experiencia– el centro del universo tanto como tú.

Así que no todo gira a nuestro alrededor… por lo menos, no todo el tiempo. La centralidad se descentraliza (y viceversa) todo el tiempo, en nosotros como en el cosmos. Tal es un acontecer intrínseco tanto a la psique humana como a las leyes del universo. Así, la convivencia está regida por una infinita simbiosis entre el uno y el todo.

La conclusión inevitable es que todos somos importantes en esta trama universal, y que el egocentrismo como individualismo debe ser suplantado por una empatía y solidaridad de talante cósmico.

 

* Referencias: The concept of egocentrism in the context of Piaget’s theory

Sandra Vanina Greenham Celis
Autor: Sandra Vanina Greenham Celis
Colaboradora del proyecto político Colectivo Ratio. Le gusta potenciar la depresión en su psique consumiendo productos culturales de las postrimerías del siglo XX. Cree teleologicamente en el arribo de la humanidad al comunismo.


El destino es hermoso: a esta joven su novio le salvó la vida (mucho tiempo antes de conocerla)

Una historia que te hará querer salir a donar sangre ya.

Cuando uno escucha ciertas historias, se convence de que todo en el universo está conectado. No puede haber otra moraleja para el curioso caso de la taiwanesa Lin Xiaofen, quien sufrió un accidente automovilístico hace 11 años, tras el cuál necesitó una transfusión de casi 5 litros de sangre.

En aquel entonces no conocía a quien sería su novio, Lian Zhicheng , con quien comenzó una relación 7 años después. Cuando Lin tuvo el valor de revivir la historia de su aparatoso accidente y le contó de éste a su novio, éste le preguntó si acaso no podría haber sido su sangre la que usaron en aquella ocasión. Y es que, por aquel entonces, Lian era un donador regular de sangre.

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Fue entonces cuando Lin decidió pedir información al hospital sobre el donador cuya sangre y plaquetas le habían salvado la vida. Según le contó a Pear Video:

Cuando me dijeron que era Mr. Lian de Hsinchu, me sorprendí. 

El novio de Lin le salvó la vida antes de conocerla. Así, sin saberlo, ya habían tenido un contacto más íntimo que cualquier pareja normal: la sangre de Lian ya corría por las venas de Lin, en una romántica simbiosis que es digna de la literatura.

Aprovechando este hallazgo extraordinario, Lin aprovechó para instar al público a donar sangre de una original manera:

Dona sangre. Tal vez tengas la oportunidad de salvar la vida de tu futura esposa

Además de ser una de esas historias que reviven el ánimo, es también una excusa para recordarnos a todos la importancia de donar sangre. Junto con otras historias extraordinarias, como la del hombre que ha salvado a millones de bebés sólo donando sangre, debería bastarnos para ir a donar sangre ya.

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¿Dónde está el centro de donaciones más cercano?historias-conmovedoras-curiosas-donacion-sangre-pareja-buenas-noticias-4

Wow!! Ahora esto es destino! :o muy inspirador, pero, el amor no es para mi, así que……. sí……. :(historias-conmovedoras-curiosas-donacion-sangre-pareja-buenas-noticias-4

El buen karma le llegó, amo su historia.



Animales que cambian de género (sobre la naturaleza performativa del género)

La sexualidad en muchos animales es más diversa que la nuestra… ¿qué significa esto para las identidades que asumimos?

¿Qué significa que el género sea performativo? Significa que asumimos un rol, y que actuamos de acuerdo a él. Tal cosa vuelve crucial para lo que somos en un momento dado, y significa que una serie de efectos se desprenderán de aquello que la normatividad social y las reglas impuestas obligan a cada uno a ser.

Pero al ser precisamente performativo, el género puede deshacerse para transformarse. Esa es quizá la conclusión más importante de Judith Butler, una de las pensadoras feministas más importantes de hoy, quien ha dado un nuevo giro a la postulación universal de Simone de Beauvoir: no se nace mujer, se llega a serlo.

Según Butler:

Nadie “es” un género desde el principio: sé que es polémico, pero tal es mi postura.

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Es decir que el ser mujer u hombre no es un rasgo “natural”, en el sentido que asumen dichos roles en la sociedad humana. Para Butler, el género es más bien un resultado del devenir cultural y, como tal, forma parte de ciertas regulaciones y normativas que rigen a la sociedad. Por ejemplo, que sólo se puede ser mujer u hombre, y que la orientación sexual debe ser siempre de un género al otro.

Curiosamente, muchos de quienes luchan por conservar el status quo del género, así como las normas imperantes respecto a los cuerpos y a la sexualidad, justifican sus posturas a partir de lo que sucede en la naturaleza. Esto es, que existen géneros porque nacemos con ciertos órganos, y que cumplimos ciertos roles porque así funciona la naturaleza en su más primigenio sentido: el de permitir a la vida surgir.

No obstante, la naturaleza tiene muchos ejemplos contrarios 
a los rígidos roles sexuales humanos.

Es el caso de los animales que son capaces de cambiar de sexo, como el pez payaso, o de procrear sin machos, como las serpientes. También están los que pueden adoptar características del sexo contrario, como los cardinales. E incluso hay especies cuyo macho es el que da a luz, como en el caso del hipocampo, y hay registro fotográfico de que para los leones macho la homosexualidad no es un problema.

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Esta especie de anguila nace macho, y se transforma paulatinamente en hembra.

Pez payaso

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Este pez es un hermafrodita selectivo, que puede cambiar de género cuando lo cree necesario.

Cardinal

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Este cardinal adoptó características de ambos géneros.

Por supuesto que, en la naturaleza, debemos hablar más de sexos que de géneros. Pero haciendo un arriesgado ejercicio de imaginación, pensemos por un momento en la posibilidad de que los humanos pudieramos, naturalmente, cambiar de sexo como estos animales: ¿qué tipo de normas regirían entonces a los cuerpos y a los géneros?

Sin duda serían distintas, pues la permormatividad de la que habla Butler sería parte también de la sexualidad. Por tanto, se admitiría también una performatividad en el género.

Ranas

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Las ranas son un caso interesante: algunas cambian de género espontáneamente, pero los científicos creen que se debe a un efecto de los pesticidas sobre su sexualidad.

Mariposas

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Mariposas como esta pueden ser mitad macho mitad hembra, como lo demuestran sus colores. En este caso se trata de un error genético.
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Algunas especies de serpiente hembra pueden fertilizar sus propios huevos, lo que significa que no necesitan de los machos.

Así, saber que tantos animales son capaces de cambiar o adoptar características del sexo contrario es una fuente de inspiración para repensar nuestros paradigmas, nuestras normas y, en fin: todo el status quo alrededor de los cuerpos, la sexualidad y los roles de género.

Y es que, pese a todos los esfuerzos de Judith Butler y otras pensadoras y activistas, lo cierto es que los estereotipos y los prejuicios nos siguen constriñendo. Aún no hemos logrado subvertir la identidad, lo que sin duda debe suceder en un futuro si queremos evolucionar como especie.