Por qué el color favorito de la tecnología nos está haciendo sentir a todos miserables

La luz azul de las pantallas táctiles modernas produce muchos problemas para la salud. Puede contribuir al cáncer, la diabetes, las enfermedades cardíacas y la obesidad.

La pantalla predeterminada para nuestros iPhones y Androids opera a lo largo del espectro azul, al igual que nuestras computadoras portátiles. Los autos nuevos, especialmente aquellos que como Tesla aspiran a ser “futuristas”, vienen con pantallas de tablero iluminadas en azul, al igual que nuestros electrodomésticos “inteligentes”, televisores, consolas de videojuegos, relojes y… la lista continúa.

Sin embargo, desde el punto de vista de la salud, esa luz azul está llena de problemas. Según un artículo de Harvard Health, dicha luz pone al reloj biológico del cuerpo, el ritmo circadiano, fuera de control. Y peor aún: las investigaciones muestran que puede contribuir al desarrollo de cáncer, diabetes, enfermedades cardíacas y obesidad.

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El efecto nocivo de la luz azul

Las longitudes de onda azules, que son beneficiosas durante las horas del día porque aumentan la atención, los tiempos de reacción y el estado de ánimo, parecen ser las más perjudiciales durante la noche.

La luz azul inhibe la producción de melatonina, la hormona que regula nuestros ciclos de sueño. Un estudio de Harvard sugiere que hay una posible conexión entre esto y el desarrollo de diabetes u obesidad.

En el estudio mencionado, los investigadores colocaron a 10 personas en un horario que gradualmente cambió sus ritmos circadianos. Sus niveles de azúcar en la sangre aumentaron, lo cual les provocó un estado prediabético, y los niveles de leptina, una hormona que hace que las personas se sientan llenas después de comer, disminuyeron.

Y es que, según señala Stephen Lockley (un investigador del sueño de Harvard), incluso la luz tenue puede interferir con el ritmo circadiano de un individuo y la secreción de melatonina.

La luz de noche es parte de la razón por la cual muchas personas no duermen lo suficiente, dice Lockley, y los investigadores han relacionado el sueño corto con un mayor riesgo de depresión, así como de problemas cardiovasculares.

Además, los investigadores de Harvard realizaron un experimento en el que compararon los efectos de 6.5 horas de exposición a la luz azul frente a la exposición a la luz verde de brillo comparable, y descubrieron que la luz azul suprimía la producción de melatonina durante aproximadamente el doble de tiempo que la luz verde y modificaba doblemente los ritmos circadianos (3 horas, en comparación con 1.5 horas).

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La luz azul presente hasta en los focos ahorradores

Si la luz azul tiene efectos adversos sobre la salud, entonces las preocupaciones ambientales y la búsqueda de una iluminación que ahorre energía podrían estar en desacuerdo con la salud personal.

Los focos fluorescentes compactos y las luces LED son mucho más eficientes energéticamente que los antiguos focos incandescentes con los que crecimos, pero tienden a producir más luz azul.

La física de las luces fluorescentes no se puede cambiar, pero los recubrimientos dentro de las bombillas pueden estar hechos de modo que produzcan una luz más cálida y menos azul.

 

Lo que puedes hacer

  • Usa luces rojas tenues para luces nocturnas. La luz roja es la que menos modifica el ritmo circadiano e inhibe la producción de melatonina.
  • Evita mirar pantallas brillantes de 2 a 3 horas antes de acostarte.
  • Si trabajas en un turno de noche o utlizas muchos dispositivos electrónicos por la noche, considera usar anteojos con bloqueo azul o instalar una aplicación que filtre la longitud de onda azul o verde.
  • Exponte a mucha luz brillante durante el día, lo cual aumentará tu capacidad para dormir por la noche, así como tu humor y estado de alerta a lo largo de la jornada.


¿Quieres recordar mejor tu vida? Entonces toma menos fotos

Paradójicamente, tomar muchas fotografías puede tener pronunciados impactos en nuestra memoria…

Existen pocas cosas más estimulantes que ver la foto de un viaje, un concierto o cualquier vivencia pasada. Esto nos trae reminiscencias de los mejores momentos de nuestra vida, los cuales no queremos confiar sólo a nuestra memoria, así que los atesoramos en forma de fotografías.

No obstante, existe un fenómeno que podríamos asociar a la era digital: tomar demasiadas fotos y no vivir el momento. Esto se ha vuelto para muchos una compulsión, que a veces ni siquiera tiene que ver con guardar un recuerdo. Y, más allá de alimentar una actitud atemporal que nos impide vivir el presente y alimentarnos del aquí y el ahora, esta actividad, en su forma obsesiva, puede ocasionar que nuestros recuerdos se limiten a cuando estábamos tomando las fotos, y no a lo que vivimos en sí.

De hecho, esto perjudica la memoria, según lo demostró un estudio del 2013, publicado por la Association for Psychological Science, en el cual se hizo a los participantes visitar una exhibición; algunos de ellos debían tomar fotos, mientras que los otros debían limitarse a ver la muestra. Los que tomaron las fotos recordaron menos de la exhibición (quizá porque confiaron en que podrían revisar las fotografías después), aunque la conclusión del estudio fue que la atención adicional puesta al proceso cognitivo de tomar las fotos es lo que distrajo a los participantes respecto de la propia exhibición.

 

¿Por qué es éste un fenómeno digital?

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Cuando las cámaras eran análogas y dependían de un rollo, la cantidad de fotos que podíamos tomar era finita, sin mencionar que el mismo acto de tener que esperar días para mirar la foto alimentaba positivamente nuestra paciencia, y mirar el recuerdo inmortalizado resultaba más alentador. Ahora, con la tecnología digital podemos tomar las fotos que queramos, con la única condición de vaciar la memoria de vez en vez. Y con las cámaras integradas a los celulares, tomar fotos se ha vuelto casi una compulsión que puede saciarse en cualquier lugar, lo que puede verse sobre todo en el caso de las selfies, y con la aparición de nuevos canales como Instagram que alimentan nuestra sed de inmediatez con sus formatos live

La cuestión no es entonces que esté mal tomar fotos per se, o que éstas no sirvan como accesorio de la memoria. Pero como con muchas otras cosas en nuestra sociedad moderna, parece que nos estamos excediendo también en lo que respecta a las fotografías. Y aunque nos sea difícil admitirlo, muchos momentos especiales están resultando perjudicados por esta compulsión; porque una cosa es tener unas cuantas fotos de un momento, y otra cosa es tener tantas que la vida no te dé para verlas o recordar siquiera por qué disfrutabas ese momento.

Para que puedas reflexionar al respecto a nivel personal, te dejamos una pequeña encuesta y nuestras razones de por qué dejar de tomar tantas fotos puede ser una excelente idea.

 

 

 

 

Si elegiste las primeras opciones en las preguntas 1, 3 y 4, pero no sueles ver seguido las fotos que tomas (segunda pregunta), podría ser que sacar fotos sea más una compulsión que un auténtico (o racional) deseo de preservar los recuerdos. Y si además de tomar muchas fotos las subes inmediatamente a las redes sociales, es posible que incluso padezcas un desorden de ansiedad. Esto puede perjudicar no sólo tu memoria, sino incluso la forma en la que te relacionas con los demás y cómo experimentas los momentos. Puede ser buena idea, entonces, probar no tomar tantas fotos durante algunas salidas y ver lo que sucede: si es mucha la compulsión, apaga tu teléfono.

Verás que si dejas de tomar muchas fotos tendrás pocos pero más valiosos recuerdos, y pasarás más tiempo de calidad con los demás. Pruébalo y comparte con la comunidad de Ecoosfera cómo te fue.

 

*Imágenes: 1) fridasgarden; 2) artnews



5 alimentos que podrían provocarte ansiedad e insomnio

Si bien existen tratamientos farmacológicos y terapéuticos, es importante comprender cómo los orígenes fisiológicos pueden afectar el estado de ánimo –como por ejemplo, la dieta–.

Algunos de los trastornos psiquiátricos y emocionales tienen orígenes fisiológicos, desde la producción excesiva –o insuficiente– de ciertos neurotransmisores, alteraciones en el sistema endócrino hasta una dieta pobre en nutrientes. Algunos de estas afectaciones mentales pueden estar relacionados con los trastornos de la ansiedad – ataques de pánico, bipolaridad– e insomnio. 

Si bien existen tratamientos farmacológicos y terapéuticos, es importante comprender cómo los orígenes fisiológicos pueden afectar el estado de ánimo. Principalmente cuando se relaciona con la dieta, impactando en el sistema digestivo y nervioso.  A continuación te compartimos cinco alimentos que podrían provocarte ansiedad e insomnio:

Cafeína. De acuerdo con un estudio publicado en la National Library of Medicine sobre los ataques de pánico, el café incrementa los niveles de cortisol –neurotransmisor del estrés–, lo cual produce insomnio y algunos trastornos de la ansiedad; así como dolores de cabeza, fatiga y problemas de concentración. 

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Papas, jitomates, pimientas, etcétera. Las plantas llamadas glycoalkaloides, son naturalmente depredadores de insectos y lombrices. Poseen un químico bloqueador llamado acetilcolinerasa, resultando en la sobreestimulación del sistema nervioso en individuos sensitivos; tales como: fécula de patata, chiles, pimientos, pasta de tomate, el pimentón, la pimienta roja y pimienta. 

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Alcohol. Pese a que puede ser un elemento relajante al principio, el alcohol puede provocar serios problemas de sueño; principalmente provocando una sensación de poco descanso y esto, en casos extremos, puede resultar en ataques de pánico. 

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Comidas fermentadas o curadas. Tales como salami, queso brie, sauerkraut, vino rojo, etcétera. Durante la fermentación, la bacteria puede reducir los los niveles de proteínas a pequeñas moléculas llamadas “aminos biogenes” que se acumulan conforme la comida envejece. Junto con los aminos, se encuentra la histamina que puede perjudicar el sistema digestivo, endócrino, cardiovascular y nervioso, provocando ansiedad e insomnio. 

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 – Azúcar, harina y otros carbohidratos refinados – como junk food, chatarra, dulces, papas fritas, etcétera–. Algunos azúcares y carbohidratos refinados pueden producir efectos negativos en nuestro cuerpo; principalmente en una cadena hormonal que afecta en nuestro estado de ánimo, concentración de energía, apetito e  inclusive en la regulación de cortisol. Esto puede producir síntomas de ataques de pánico, como sudor, palpitaciones y vértigo. 

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