Viaja con conciencia: las mejores opciones de ecoturismo en México

No dejes de viajar y disfrutar de los tesoros naturales y culturales de México. Sólo hazlo con conciencia (aquí te decimos cómo).

Viajar es desconectarnos de la rutina: una oportunidad para relajarnos y conocer nuevas experiencias, lugares y personas. No obstante, en estos tiempos extraños no está de más cuestionarlo todo… Incluso nuestra manera de viajar. Esto porque, en muchos lugares del mundo, es indudable que el exceso de turismo está arruinando todo. Y no querrás contribuir a ello, ¿o sí?

El turismo ha hecho de los viajes una lucrativa industria que es muy dañina para el medioambiente y las comunidades humanas; entre otras cosas, por la gran cantidad de recursos que demanda y la enorme cantidad de basura que genera. En el caso de México tenemos un lamentable ejemplo de lo anterior en muchas playas, como Tulum.

Una alternativa al velado ecocidio que nuestros viajes pueden provocar está en el ecoturismo: una forma de turismo ideal para conocer los paradisíacos territorios de México mientras contribuimos a su conservación.

 

Qué es el ecoturismo (y cómo ser un ecoturista)

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El ecoturismo es una práctica que promueve la sustentabilidad tanto medioambiental como social e incluso la económica, ya que estimula la economía local y comunitaria en zonas ejidales y reservas naturales, en las cuales son los propios habitantes –a veces comunidades indígenas– quienes administran el territorio y el turismo. Además, el ecoturismo fomenta una auténtica reconexión con la naturaleza, y es una oportunidad inigualable para re-conocer nuestras raíces, pues nos permite interactuar con los habitantes del México profundo. ¿Te imaginas cuánto puedes conocer de una experiencia como esta?

Si quieres conocer entrañablemente las riquezas naturales y los patrimonios culturales de México, así como probar la tradición culinaria de cada lugar de manera auténtica, el ecoturismo es la opción. Por eso, aquí te dejamos cuatro increíbles opciones de verdadero ecoturismo –ya que también existen experiencias que buscan simularlo, pero que no lo son–, así como un extra hack para que hagas tu propia hoja de ruta de ecoturismo en México. 

5 opciones de ecoturismo en México
(y un hack para organizar tus viajes)

Sierra Gorda Ecotours (Querétaro)

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Se trata de un proyecto fundado por los pobladores del territorio de la Sierra Gorda queretana, el cual se dedica a dar recorridos por bosques, selvas, pueblos y vestigios arqueológicos de esta zona prístina. Entre los tesoros que podrás conocer se encuentran los apabullantes jardines surrealistas de Edward James. Las ganancias están dedicadas no sólo a la sustentabilidad de los pobladores de la zona, sino a la noble labor de devolver la fertilidad a los desgastados suelos de la Sierra y normalizar los ciclos de agua que fueron rotos debido a las actividades humanas.

En el portal digital de Sierra Gorda Ecotours puedes enterarte de todas sus opciones de alojamiento y las experiencias que ofrece este proyecto.

Teléfonos: 01 441 296 0218.

 

San Juan Raya (Puebla)

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Alexis Nava

Esta comunidad de agricultores y artesanos se encuentra en la zona de la Reserva Tehuacán-Cuicatlán, ni más ni menos que la cuna de la agricultura mesoamericana, pues se dice que fue ahí donde por primera vez se cultivó el maíz. Además cuenta con el Museo Arqueológico y Paleontológico y una zona desértica repleta de gigantescas cactáceas como quizá nunca hayas visto, así como una variedad boscosa casi infinita.

En el portal digital del Centro Ecoturístico San Juan Raya puedes ver paquetes, recorridos y opciones de alojamiento, y uno que otro dato sobre este insólito territorio que te hará convencerte de que debe ser tu próxima parada.

Teléfonos: 237 106 2065 y 238 409 5279.      

Mail: contacto@sanjuanraya.com.

 

San José de los Laureles (Morelos)

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Adam Wiseman

Cerca del pueblo mágico de Tlayacapan se encuentra San José de los Laureles, un paradisíaco entorno rocoso en el que podrás descansar entre silenciosas montañas, o bien practicar senderismo o hasta casarte. En el corazón de San José está la Casa de la Mujer Campesina, un hospedaje administrado por mujeres campesinas indígenas que promueven la educación ambiental y el estudio y práctica de la medicina tradicional.

En la página de Facebook de la Casa de la Mujer Campesina puedes pedir informes.

Teléfono: 01 735 357 6773.

 

Selva Lacandona, Canto de la Selva (Chiapas)

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Comisión Mexicana de Filmaciones

Hospedarse en este hotel peculiar es dormir arrullado por los sonidos de la selva y despertar para contemplar la evanescente neblina del amanecer. Canto de la Selva está ubicado junto a la Reserva de la Biósfera Montes Azules, en Chiapas, un auténtico paraíso biodiverso. Las instalaciones de este hotel son sustentables, pero cuentan con todo lo necesario: desde agua caliente hasta terraza privada con vista a la selva. Todas las utilidades que genera el hotel se reparten entre los ejidatarios, quienes velan por la conservación de este ecosistema que es su hogar y su sustento.

En el portal digital de Canto de la Selva puedes conocer más sobre las actividades, las instalaciones y cómo llegar a esta reserva.

Teléfono: 01 55 5550 1191.

Mail: contacto@cantodelaselva.com.mx.

 

Ruta de los Pueblos Mancomunados de Oaxaca (Oaxaca)

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Se trata de una ruta que pasa por una de las arterias naturales que recorren Oaxaca: la Sierra Norte. Los Pueblos Mancomunados de Oaxaca es el nombre que adoptó este proyecto de turismo alternativo, administrado por ocho pueblos indígenas zapotecas de las comunidades de Benito Juárez, La Nevería, Cuajimoloyas, Llano Grande, Latuvi, Lachatao, Amatlán y Yavesía. En este ecotour se pueden hacer deportes extremos en la naturaleza, avistamiento de aves y excursionismo a parajes recónditos de este territorio asombroso.

En el portal digital de Expediciones Sierra Norte puedes planear tu viaje. 

Teléfono: 01(951) 5148271 o 2064531.

Mail: info@sierranorte.org.mx.

 

Rutopía: la plataforma para hacer ecoturismo

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Rutopía es una red en línea a partir de la cual te pueden poner en contacto con diversos anfitriones a lo largo y ancho del territorio, en diversas comunidades que te esperan con los brazos abiertos. Se trata de un directorio digital que permite a los pobladores indígenas ofrecer servicios de ecoturismo sin intermediaciones, mientras que el usuario puede hacer la reservación en línea y afinar los detalles de su viaje sin problema alguno y de manera completamente segura.

En el portal digital de Rutopía puedes elegir entre diversos destinos, en una red de anfitriones que se encuentran en Baja California Sur, Chihuahua, San Luis Potosí, Hidalgo y gran parte del sur y sureste de México.

 

* Imágenes: 1) Ecoturismo en la Sierra Juárez/Foto: JLP; 2) Visit Mexico; 3) CC; 4) Alexis Nava; 5) Adam Wiseman; 5) Comisión Mexicana de Filmaciones; 6) Aire Libre 7) Rutopía 



El hombre tortuga y las mareas del futuro (II de II)

Bucear es lo más parecido a volar y al extender las alas cada luminosa presencia que nos cruza nos arrebata el aliento; un éxtasis que sólo podemos compartir con las miradas.

Narrativa: Jesús Vergara-Huerta

Ilustración de portada: Otan Chulel

Fotografías: Karen Vega, Andrea Solis y Otan Chulel

Edición: César Alan Ruiz Galicia

“¿Porqué el gobierno abandona estos proyectos?”… La pregunta de Roberto es retórica, la privatización es la política de estado y desplazar los centros tortugueros facilitaría la entrada de la industria hotelera y turística. El maestro lo matiza pero lo describe con precisión, “Cierto, aparecen empleos, aparecen hoteles, restaurantes, pero a costa de eliminar el medio ambiente”.

Acapulco es un caso emblemático para los conservadores. Ahí las tortugas ya no llegan, a pesar de ser una zona donde se veían prácticamente todas las especies que salen a desovar por la región (laud, carey, prieta, verde, ). El turismo desplazó a las tortugas y a otras muchas especies, Robertito incluso asegura que hace algunos años se veían grandes cantidades de delfines y ballenas en su pasos migratorios, pero ya no se acercan más. No hace falta explicar porqué, la respuesta la dan las propias tortugas.

“Aquí hemos detectado que en las zonas que cuidamos, sale más tortuga. Es decir, hay zonas que no alcanzo a cubrir por los limitados recursos y son zonas que ya sé que me van a ganar los depredadores, es competir con 20 o 30 saqueadores de tortuga, así que ya no voy. Pero en la zona que más vigilo es la que más tortuga tiene. Ellos se preguntan por qué pasa esto, pero no es una casualidad, ellas saben que aquí las vamos a cuidar y por eso vienen”.

Continúa señalando que hoy se tiene que ir más allá del “yo no las daño”, se requiere compromiso en cada una de nuestras actividades cotidianas, eso es ser conciente. Reconocer que cada paso, cada bocado, cada elección se sitúa en un momento histórico que es a la vez una línea roja que divide el futuro en devastación o continuidad.

En esta región el mar es bravo, las olas se levantan y lanzan un llamado que es a la vez lamento y advertencia. Pero aún así produce una calma espiritual innegable. “Cuando venía de la ciudad al campo (es decir, a la playa) sentía total tranquilidad. Cuando regresaba a la ciudad me sentía en otro mundo, muchos ruidos, mucha gente, muchas compras, mucho movimiento de recursos y más trabajo. Aquí hay trabajo, muchas cosas por hacer, pero la tranquilidad lo convierten en otra cosa. He ido a las ciudades e incluso se me dificulta caminar, desplazarme, comunicarme, cuando en las zonas tranquilas es otra forma de vida”.

De nuevo, es importante situarnos en esta historia, para saber actuar en estos tiempos es importante aceptar nuestro papel. Quizá lo más perverso del sistema dominante es que nos ha convertido a todos en ecocidas, sobre todo a las personas citadinas. Los conflictos que se viven aquí son consecuencia de nuestra forma de vivir en las ciudades, son nuestros hábitos y la enajenación que produce el modo de vida urbano lo que degrada en última instancia los últimos relictos naturales, así que le pregunto su opinión sobre este tema; “Hemos visto como cuando se acercan a este espacio hay un cambio significativo en esas personas, no necesitan venir mucho. Esperamos que eso no se pierda, que siga viniendo gente, ya sea por unas horas pero que siga viniendo. A veces con una visita de un sólo día hacen más que algunas personas locales en meses. Ha sido gratificante encontrarnos y sobre todo ha sido favorable para las tortugas”.

Mientras platico con Roberto, hago un cálculo rápido según los datos que me da y ahora sé que ha llevado más de un millón doscientas mil tortugas al mar, así que pienso que las lecciones que nos da el maestro también son enseñanzas de esas pequeñas acorazadas. Mientras describe este desolador panorama, lleno del egoísmo decadente que caracteriza nuestras formas de relacionarnos cuando aceptamos los valores del sistema de consumo, las tortugas dan ejemplo de comunidad; “Por el contrario las tortugas se apoyan entre sí, se ha documentado que en algunas especies hay individuos que actúan como nodrizas. Esas tortugas no vienen a poner huevos, se encargan de acompañar a sitios seguros a las tortuguitas recién nacidas”.

Así también funciona este campamento, por medio del apoyo mutuo. Robertito y la familia que le acompaña (su esposa, sus tres hijas, su hierno y en ocasiones su hermano) apelan al intercambio para agradecer a las pocas personas que en ocasiones le ayudan. “Si al campamento llega algo de apoyo, se los damos a esas personas, palas, carretillas, impermeables”, objetos que funcionan para fortalecer el proyecto por medio del trueque.

Apoyar a “los tortugos” (como burlonamente les llaman, aquellos habitantes del pueblo que son incapaces de entender el poder y la magia que aquí se gestan) es una labor que conlleva riesgos, porque aunque hasta ahora hay una política de respeto para la primer persona (protector o saqueador) que llega a un nido, en ocasiones las personas que apoyan a Robertito son desconocidos por los habitantes de la playa. Por otro lado, al no tener el apoyo suficiente su labor requiere de mucho ingenio, ya que incluso tiene que regular la temperatura con un sistema propio para simular lluvias en diferentes épocas.

Según lo que me explica la situación en Oaxaca es diferente, ahí se transformó de fondo a una buena cantidad de población que antes vivía al depredar a las tortugas y que hoy se dedican a cuidarlas, pero en esta zona del país no sucede lo mismo. Incluso hay estadísticas alarmantes, uno de los pocos estudios que analizaron la situación de las tortugas en la zona, arroja resultados desesperanzadores; al ritmo actual de explotación que se da en estas playas, las poblaciones de tortugas van a desaparecer en 20 años. Si no se encuentran respuestas inmediatas este campamento está condenado a desaparecer.

En los 22 años de trabajo, aquí se han movido las conciencias de casi 200 mil personas. No sólo hacen la labor de divulgación en el campamento, también han llevado la plática a escuelas, desde preescolar hasta universidad, en periodos vacacionales hay muchos visitantes, y además la han replicado en muchos espacios y proyectos. Aún así la respuesta sigue siendo baja. Pienso que en cierta forma somos como las tortugas, supongo que de las miles de personas que vienen a este campamento, sólo unas pocas habrán de sortear todos los obstáculos que impiden que miremos de forma profunda, que abracemos ese inmenso océano que es la vida.

Y es que algo pasa que no todas las personas alcanzamos a entender lo que expresa Roberto cuando le pregunto justo lo que para él es la vida. “La vida es un regalo, que si no se valora se convierte en otra cosa. Aparentemente estás vivo pero es otra cosa”. ¿Qué es entonces la vida si no se le abraza como ese regalo, que cosa es esa que se escapa a las palabras? He preguntado a varias personas lo mismo ¿Qué es la vida? y ni los científicos de mirada más reduccionista limitan la respuesta a los mecanismos fisicoquímicos de la materia que confronta al caos, nadie me habla de los procesos celulares o las dinámicas epigenéticas de los organismos, lo que contestan al plantear esta cuestión responde al campo de las emociones.

Tiene sentido que tratemos de resolver desde esas sensaciones los grandes misterios que nos dieron forma; el origen de nuestro Universo, el paso de lo inerte a lo vivo y la emergencia de la conciencia. De esas mareas venimos, hoy la vida se aferra a cualquier espacio pero proviene de esas profundidades. Somos resultado de esos tres procesos altamente improbables, los cuales demuestran que el curso de la historia puede dar giros inesperados y tornar la oscuridad en una luminosa fuerza. Mi esperanza está ahí, en la imagen futura donde nuestro propio sentido de autodeterminación hallará las respuestas a los problemas que hoy nos agobian. Ese día en que seremos tantos rompiendo los muros que nos contienen, que sentiremos el salvaje oleaje como un melodioso llamado.

Más información sobre el campamento y formas de apoyar:

El campamento requiere del apoyo de todas las personas que se sientan convocadas. Además de acercarse y colaborar en la liberación de tortugas, el apoyo puede darse de múltiples formas, desde apoyos económicos hasta en equipo y material para el campamento. En particular, a Roberto le interesa adquirir equipo electrónico para continuar con la labor de investigación y facilitar el monitoreo en su área de trabajo. Una computadora y un drone con un sistema de visión nocturna integrado, facilitarían mucho la labor, además de que ya no pondrían en riesgo a quienes deben recorrer kilómetros de distancia en la búsqueda de tortugas. Si gustan apoyar al campamento, agendar visitas o llevar grupos de apoyo pueden pueden ponerse en contacto directo con el Campo Tortuguero Las Playas (ctlasplayas@gmail.com) o hacer depósitos a la cuenta de Banco Azteca: 81871354372639.

 



El hombre tortuga y las mareas del futuro (I de II)

Bucear es lo más parecido a volar y al extender las alas cada luminosa presencia que nos cruza nos arrebata el aliento; un éxtasis que sólo podemos compartir con las miradas.

Narrativa: Jesús Vergara-Huerta

Ilustración de portada: Otan Chulel

Fotografías: Karen Vega, Andrea Solis y Otan Chulel

Edición: César Alan Ruiz Galicia

Todo lo que está vivo palpita y el mar no es la excepción. Esta importante lección se la debemos a un investigador sueco llamado Stig Lundbäck, que observó las similitudes en los fenómenos físicos que determinan el oleaje marino y el bombeo de los corazones humanos, un vínculo místico que nos unifica desde el oscuro abismo que vio emerger a la vida misma.

Las olas se levantan y rompen con furia y así también laten nuestros cuerpos para llevar lo vital a cada centímetro que nos compone. Por eso los océanos están cargados de amorosas historias, de pechos que se encontraron al escuchar su canto; esa melodía que no permite indiferencia. Debo confesar que a mí me agradan las montañas y que prefiero el frío, pero siempre que llego al mar siento la misma sensación profunda, una especie de llamado ineludible que se experimenta como un retorno. Una de esas experiencias que se repite y se vive siempre como si fuera la primera vez.

Esta es una primera vez de esas que lo contienen todo, y con ello me refiero a cada paso de esta experiencia vital que aun sin buscarlo me ha llevado a los fondos marinos de los océanos que tocan los extremos del país. Y es que no muy lejos de aquí, hace algunos años miré por primera vez la biota que habita los horizontes azules. Llevo grabado con fuego el recuerdo de miles de organismos que pintan los paisajes más bellos que se pueden mirar; tal vez porque son paisajes donde lo humano no está presente. Tan sólo nuestros cuerpos burdos, equipados con pesados artefactos que nos proveen la resistencia de unos pocos minutos, pero que desprovistos de las palabras nos elevan a esos otros cuerpos que sólo están ahí, contemplando la belleza inmanente que nos sostiene.

Bucear es lo más parecido a volar y al extender las alas cada luminosa presencia que nos cruza nos arrebata el aliento; un éxtasis que sólo podemos compartir con las miradas. Pero ahora no lo haré, esta vez sólo aspiro a postrarme frente al mar y palpitar a su ritmo. Nunca había estado en esta playa, pero había escuchado sobre el campamento tortuguero en muchas ocasiones. Barra de Coyuca es un tema recurrente para un biólogo porque hay una especie de sentido mítico sobre el trabajo que realizan en este lugar pero que no se puede dimensionar hasta estar presente. El campamento Las Playas, es un ejemplo de que las grandes respuestas pueden emerger de nuestras propias manos, si tenemos paciencia y amor por lo que hacemos. Aquí, Robertito y su familia salvan a miles de tortugas del peor depredador de la historia evolutiva, el Homo sapiens, y al hacerlo también nos salvan de nosotros mismos.

El maestro Roberto Lugardo Quevedo, conocido por acá como Robertito, tiene 22 años rescatando tortugas pero ni la parálisis facial que en fechas recientes padeció (y derrotó) han mermado su espíritu. Su labor es de una entrega total y podría decirse que sin ella, ese glorioso momento en que una tortuga guerrera pisa este lado del mundo para depositar su descendencia, sería tan sólo un tenue recuerdo en la memoria de este pueblo.

Visitar este campamento es toda una experiencia, además de la tranquilidad que significa caminar por zonas costeras que presentan poca presencia turística, la importante labor de la familia de Don Roberto genera un ambiente de suma calma. Vengo con un grupo de visitantes que ayudarán a liberar tortugas y con los cuales recibo una de las mejores pláticas de conservación que he escuchado. Como era de esperarse, la experiencia del maestro Lugardo es excepcional, relata aspectos variados de comportamiento de 9 o 10 especies de tortugas, sus dinámicas poblacionales, migratorias y reproductivas, así como algunos interesantes mecanismos genéticos que podrían definir sus dinámicas de anidación.

Después de la charla, me apresuro a entrevistarlo y lo primero que me comenta son las razones por las cuales decidió venir a vivir aquí hace 22 años. “Al principio me interesó hacer un poquito de investigación. Me quedaba cerca y estaba realizando un estudio en cuanto al proceso de siembra, utilizando separación de nidadas en cantidades distintas, para ver cual de las cantidades era la óptima en nacimiento”, me comenta mientras nos sentamos frente al mar, debajo de una sólida estructura de unos 300 metros cuadrados, que construyó con sus propias manos.

Y es que cuando las tortugas dejan su carga de huevos, pueden perder más de la mitad en procesos naturales de depredación por otras especies y tortuguitas que no eclosionan. La especie que más visita esta zona (la golfina) “pone de 100 a 120 huevos y pierde hasta 60”. Eso es de forma natural y el absurdo es que en momentos de declive poblacional, los programas gubernamentales pretenden implementar programas de cuidado que mantengan esos mismos niveles, cuando lo necesario es mejorar la eficiencia en cada nidada.

“Eso me llevó a realizar tres años de investigación, tratando de buscar cuál era la mejor cantidad. Hemos plantado nidadas de 45, 50, 70 y 80 y hemos detectado que con que sea divida en partes iguales tiene un mejor rendimiento”, me explicó. Con la importante labor de difusión que realizan han llevado la técnica a cuatro campamentos más y no es poca cosa; con el rendimiento que se tiene en este campamento, replicar sus métodos significa la salvación de decenas de miles de tortugas al año.

Se puede decir que el trabajo de este campamento es mayoritariamente autogestivo, aunque a veces han batallado por conseguir recursos gubernamentales. Pero cuando han llegado a conseguirlos, lo hacen bajo condiciones indignantes. “Para recibir los apoyos te piden que firmes un convenio donde aseguras que recibiste 500 mil pesos, pero sólo te entregan 10 mil pesos”. Además, esos bajísimos recursos los entregan en material y se trata de material que muchas veces no necesitan. Todo es parte de una simulación para desviar los recursos designados a la conservación del ambiente y es en estos espacios donde se encuentran los absurdos de un sistema minado por la corrupción y la impunidad.

Sólo como ejemplo de lo que tiene que soportar Roberto y otros conservacionistas de la región, los programas de apoyo por un lado solicitan el cumplimiento de tediosos trámites burocráticos que deben ser elaborados a computadora, sin importar que cuando se les solicitan computadoras para trabajar se limiten a entregar maderas y materiales básicamente inservibles para el cuidado del campamento.

Por eso al maestro Roberto, se le nota una enorme frustración cuando habla de los funcionarios públicos, la marina y las instituciones encargadas de proteger a las tortugas. De hecho se podría escribir una historieta con la serie de errores que representantes de la SEMARNAT, CONANP y otras dependencias, supuestos expertos en conservación de especies, han cometido frente a Roberto. Él las relata y se lleva las manos al rostro, son esas anécdotas que serían muy graciosas si no representarán una tragedia tan grande, si no se tradujeran en miseria y muerte para todos.