Esta podría ser la respuesta al mayor problema que enfrenta la humanidad

Priorizar a las personas antes que al capital y promover el modelo de cooperativas debe ser la apuesta de un país que quiere crecer.

La economía social probablemente sea la pieza clave para resolver la desigualdad en el mundo. De acuerdo con Joseph Stiglitz, Nobel de Economía, “si un país quiere crecer, debe apostar por la economía social”, ya no basta con usar índices como el PIB (producto interno bruto) para definir el estado de bienestar de un país:

La economía social va más allá de eso, se trata de cómo esos recursos llegan a la población para atender la desigualdad, principalmente, y esto beneficiará la expectativa de vida, el empleo y en general, la calidad de vida de los ciudadanos.

La ecuanimidad económica es un tema que ha ido cobrando más fuerza en esta época. La palabra ‘proporción’ es básica para encontrar el equilibrio y en este sentido, la desigualdad que ha aumentado en países como Estados Unidos desmiente la promesa del anhelado ‘sueño americano’.

 

¿Qué está pasando en la distribución del ingreso y la riqueza? 

Otra manera de considerar y medir la desigualdad en un país es comparar los ingresos de los que están más arriba con los del trabajador promedio de clase media.

En el documental Desigualdad para todos (Inequity for all), Robert Reich, experto en política económica, explica que en 1978 el trabajador varón típico ganaba $48,000 dólares anuales (con el ajuste por la inflación) mientras que, en promedio, alguien del 1% de la capa más alta ganaba $390,000.

En el 2010, el típico trabajador ganaba aún menos que en 1978, pero quien estaba en la cima ganaba más del doble que antes. Desde hace 5 años, 400 estadounidenses tienen una riqueza mayor que la mitad de la población de Estados Unidos.

Reich señala que una economía estable sólo se logra con una sólida clase media: “El consumo representa el 70% de la economía en EE.UU, y el corazón de ese consumo es la clase media, sin una clase media dinámica y creciente, no se puede sostener”.

¿En qué momento la desigualdad se vuelve un problema?

Si 400 estadounidenses son cada vez más ricos, mientras que la mitad de la población permanece estancada salarialmente, no hay forma de tener una clase media activa y mucho menos hay posibilidad de reducir la brecha de ingresos.

 

La productividad no es proporcional al desarrollo

La productividad continúa al alza en varios países del mundo, incluido Estados Unidos, y eso es visto con buenos ojos, pero el problema es quién se beneficia de esa mayor productividad.

Existe una desconexión entre la productividad de la fuerza laboral y el dinero que se paga al trabajador por cada hora. La desigualdad y el poco enfoque social han llevado a indicadores no deseados para la economía norteamericana.

Y es así como Stiglitz promueve el modelo de cooperativas -que, como figura legal, va cobrando más fuerza a nivel mundial-.

Esto es un síntoma de la llegada de la economía social, la cual busca priorizar a las personas antes que al capital y promover valores de democracia y solidaridad a través del trabajo organizado

Actualmente, hay alrededor de 1,926 cooperativas de 65 países, con una facturación total de 2,623.1 millones de dólares anuales.

Cuando las personas trabajan juntas, se pueden mitigar algunas debilidades del mercado (…) Las cooperativas hacen que los individuos cooperen más, mientras que el mercado los hace más egoístas.

 

Acciones para un futuro mejor

La economía social ha tomado valor en otras esferas como la de la tecnología, en donde Google plantea construir economías circulares en las ciudades como una suerte de proyecto colectivo donde no haya consumidores pasivos, sino agentes activos en todo el proceso económico.

En México existen cooperativas muy conocidas, como la Cooperativa La Cruz Azul o la Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual, y algunas otras de carácter más comunitario, como la Unión de Cooperativas Tosepan o la Unión de Comunidades Productoras Forestales Zapotecos-Chinantecos de la Sierra (UZACHI), entre otras.

Las fracturas comienzan desde la inequidad, desde la falta de oportunidades para acceder a la educación, lo que provoca más fragmentaciones, como la xenofobia. El poder corrompe y cuando la cantidad de dinero no tiene límite puede degradar, socavar y corromper una democracia.

Tal vez no exista una fórmula para resolver la desigualdad en un instante, pero si somos quienes mueven la economía y ponen las reglas, tenemos el poder para cambiarlas, empezando por la organización y la cooperación que lleven a una economía social.

 

* Collage: Ecoosfera



Youtuber reseña unos tenis hechos a mano por esclavos

¿Sabías que una buena parte de tu ropa podría haber sido elaborada por personas que trabajan en condiciones de esclavitud?

El youtuber norteamericano Jacques Slade, acostumbrado a desenvolver artículos deportivos para reseñarlos frente al público, se quedó impresionado al ver el mensaje grabado en la cubierta de una misteriosa caja:

“Hecho a mano por esclavos”.

Slade leyó el resto del mensaje, que decía:

La esclavitud no fue abolida hace siglos. Hay gente que trabaja en todo el mundo por un salario inexistente o ínfimo, bajo amenazas, deudas o violencia. Podemos llamarlo de múltiples formas, pero todas equivalen a una misma cosa: la esclavitud moderna.

Según la información que estaba distribuida en cada parte de los tenis, el 71% de las empresas del sector de la moda señalan que existe esclavitud en sus cadenas de suministro y que los beneficios ilegales generados cada año gracias a la esclavitud moderna ascienden a 150.000 millones de dólares.

De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 40 millones de personas son víctimas de la esclavitud moderna y 152 millones de niños entre 5 y 17 años realizan trabajo infantil.

El trabajo infantil sigue concentrado principalmente en la agricultura (70,9%). Casi uno de cada cinco niños trabaja en el sector de los servicios (17,1%) mientras que el 11,9% lo hace en la industria.

 

Un consumo responsable sin esclavitud moderna

Aquello que tomas en cuenta a la hora de elegir un producto o servicio por sobre otro, envía un mensaje contundente para la industria y el mercado.

Por eso debes preguntarte: ¿de dónde viene y a dónde irá lo que estoy comprando o consumiendo?

Si millones de personas consumen una cierta marca porque garantiza que en sus procesos de producción se respeta el medioambiente, se cuidan los recursos naturales, se pagan sueldos justos y están garantizados ciertos estándares de calidad, entonces se obliga a que el resto de marcas de ese mercado comiencen a adoptar medidas similares, en el afán de lograr que se consuman sus productos.

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Reuters

La sociedad tiene que entender el poder que hay detrás de su decisión de consumo, y premiar con dinero a los productos y servicios que hacen las cosas bien es un motor fundamental para que las industrias y mercados adopten prácticas sanas.



La economía budista: una propuesta para comenzar a cultivar bienestar por encima de la productividad

Un modelo de economía budista, según Clair Brown, busca cultivar la prosperidad compartida

El mundo no tiene suficientes recursos como para que todo seamos millonarios, pero tal vez sí suficientes para que todos podamos vivir moderadamente. La economía tradicional cree que más es más, mientras que la economía budista considera que menos es más.

El trabajo y el dinero son sólo una parte de la vida; existen otras cosas en qué involucrarse. Así es como los economistas interesados en el budismo traducen la ecuación de las finanzas. Crecimiento y desarrollo basado en principios espirituales (incluso naturales) como la felicidad misma, sería la premisa de una economía budista, en vez de adquisición de bienes materiales; en esencia, darle prioridad a lo que es importante, las personas.

La doctora Clair Brown es profesora de economía y la directora del Centro para el Trabajo, la Tecnología y la Sociedad de Berkeley. Interesada en estudiar la pobreza y formas alternativas al capitalismo escribió Buddhist Economics: An Enlightened Approach to the Dismal Science, donde el planteamiento fundamental es que necesitamos, en todo el mundo, un modelo holístico de economía.

El budismo es el camino de no excederse, el camino medio; en términos del dinero y los bienes, esto implica “tomar lo suficiente”. Si el capitalismo se basa justamente en generar oferta y demanda y tomar más de lo que necesitas, ¿quién y cómo decidir cuánto es suficiente?

Lo que mueve y ha movido la actividad económica es generar necesidades que no lo son, gastos basados en la apariencia y en una idea de realización dependiendo de cuántas cosas se pueden comprar. La publicidad y la economía pueden llegar a manipular miedos y deseos para hacernos adquirir cosas por estatus o para llenar un vacío.

Muchas veces la gratificación y el éxito se miden por bienes materiales y la idea de obtener éstos casi sin importar los medios; con ello, se genera un ambiente de competitividad y oportunismo insaciable.

Desde temprana edad la doctora Brown se dio cuenta de la distribución desigual y la segregación, y esto la inspiró a buscar nuevos modelos de economía.

Un modelo de economía budista estaría enfocado en cultivar “prosperidad compartida” (es decir sustentabilidad, pero con un marco espiritual). Una vida con sentido y propósitos menos egocéntricos genera bienestar y el bienestar, de acuerdo con los especialistas, también genera riqueza.

Se ha llegado a reducir la idea de generosidad; pensar en las generaciones futuras, en qué mundo y con qué recursos los vamos a dejar, es pensar con prospectiva y reciprocidad, un grado de conciencia que se plantea en el budismo.

El óctuple noble sendero es la “guía” del budismo hacia la liberación. Uno de estos ocho puntos consiste en llevar una correcta manera de vivir, contemplar lo que recibimos y lo que damos: ¿quién lo hizo, cómo lo hizo, dónde lo vende, a quién se lo vende… qué se hace con las ganancias? Si todos aplicáramos esta conciencia, podríamos contrarrestar el derroche y la avaricia.

Más bienes compartibles y compartidos y mejores servicios para una mejor calidad de vida serían principios fundamentales que el budismo podría aportar a la economía.

En resumen, ahorro, empatía, austeridad y moderación, serían las nobles verdades para una economía que nos permita vivir con menos, pero con mayor bienestar entre todas las naciones.

Hay motivaciones psicológicas detrás de las decisiones económicas, pero en la medida en que somos éticamente maduros, es posible una vida menos centrada en el consumismo y más en la cooperatividad.

En el video a continuación puedes encontrar más información sobre la economía budista de Brown: