Mantener el crecimiento de la economía le costará al planeta más de lo esperado. Mientras los gobiernos aseguran que se puede salvar la biodiversidad al mismo tiempo que la economía crece, los datos indican todo lo contrario.

El paradigma que han planteado 22 académicos de instituciones reconocidas como el Centro de Investigación Ecológica de la Universidad de Oxford y otros (todos liderados por la Universidad de Lausana en Suiza) propone un cambio que limite los efectos de la economía en los ecosistemas.

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Marija Zaric

El principal objetivo de los documentos que han reunido estos expertos es resaltar la importancia que tiene salvaguardar la biodiversidad. De acuerdo con el líder de la investigación, Iago Otero, “una naturaleza bien conservada nos protegería de enfermedades como la covid-19”, ya que “detrás de la pandemia está la deforestación, la expansión de la agricultura o el comercio de especies”, asegura en una entrevista para El País.

No obstante, los científicos han ido un paso más allá marcando un camino seguro para la biodiversidad y que, a su vez, es viable para la economía mundial. Este plan se divide en siete puntos extraordinarios que invitan a los gobiernos a plantearse un nuevo panorama con alto valor ecológico:

  • Limitar la explotación de recursos naturales.
  • Prohibir la extracción de recursos naturales en áreas verdes importantes.
  • Restricción de construcción de grandes infraestructuras que interrumpan la integridad de espacios verdes.
  • Apoyar el desarrollo de urbanismo concentrado.
  • Potenciar la agricultura de proximidad.
  • Creación de nuevos empleos a partir de la reducción de jornadas laborales.
  • Dificultar la promoción de productos procedentes de sobreexplotación agrícola y de la naturaleza.

 

Biodiversidad vs economía 

Necesitaríamos mucho más tiempo para analizar las propuestas de estos científicos y definir qué tan viables son. Sin embargo, sabemos que estas iniciativas abrirán un debate tan sólo por el hecho de ir en contra de las expectativas económicas del mundo. Pero ese es el objetivo: buscar un debate que pretenda evaluar el bienestar social y los niveles de protección del medioambiente.

Hasta ahora, el incremento del PIB no se sustenta en una reducción del consumo de recursos naturales. Al contrario, parece ser que el crecimiento de la economía está basado en una degradación ambiental.

El uso de los suelos es el ejemplo perfecto de esta explotación. De acuerdo con el informe El estado de los recursos de suelos en el mundo, elaborado por el Grupo Técnico Intergubernamental de la FAO, alrededor de un 33% de la tierra se encuentra de moderada a altamente degradada.

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Cerca de un 35% de la superficie terrestre libre de hielo es utilizado para cultivar o pastar. La causa principal es la necesidad de alimentar a una población que se acerca los 7,500 miles de millones de personas.

Por estas razones es urgente una gestión más sostenible de los suelos. A medida que los nutrientes y la biodiversidad del suelo se pierdan las temperaturas altas y fenómenos meteorológicos se vivirán con mayor intensidad, así como las pandemias.

El crecimiento económico y demográfico impulsa el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Esto sólo nos guía a la aceleración del cambio climático, el cual terminará por modificar los hábitats y aumentar la frecuencia de eventos climáticos extremos, además de provocar transformaciones en la fauna.

 

Una opción sostenible

Los expertos proponen en este estudio actuar conforme al desacoplamiento relativo. Esto significa que los gobiernos se podrían permitir un crecimiento económico mientras reducen los impactos ambientales sobre la biodiversidad. Pero, ¿cómo se logra este desacoplamiento? La clave está en una transformación en la forma de consumo para transitar hacia el crecimiento económico sostenible. Las políticas de biodiversidad deberán ser diseñadas para regular cualquier tipo de desarrollo insostenible.

Y más allá de fijar nuestros objetivos en el crecimiento económico, el barco tiene que cambiar su curso hacia la reformulación de políticas económicas y de biodiversidad. Cambiar la relación que tenemos con los recursos naturales que necesitamos y los que están en riesgo implicará desafíos notables, pero necesarios. 

Lo que se pretende no es una tarea imposible, son estimaciones científicas que se lograrán a través del esfuerzo de toda la especie humana que habita este planeta y que pretende seguir viviendo en él. Rediseñar nuestros modelos económicos será esencial para equilibrar el panorama que se avecina. No es posible mantener un crecimiento del PIB saludable mientras las bases de este desarrollo, de la vida misma, se tambalean.

 

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