¿Dónde sientes cuando sientes? Un estudio clasificó las emociones y en qué parte del cuerpo se alojan

Este es un auténtico mapa que ubica las emociones en el cuerpo y nos permite navegar la condición humana.

No hay nada más esquivo que las emociones… y menos propenso a ser cartografiado, porque en el mapa de nuestro cuerpo, las emociones no son una “X” definida que marca el hipotético sitio del tesoro. Más bien, están en perpetuo movimiento, como la palabra emoción indica. Siempre estamos experimentando una e-moción que nos lleva, incesantemente, de un estado anímico a otro.

Sin embargo, algo es indudable: los sentimientos se sienten en diversas partes del cuerpo.

¿Quién no ha experimentado cosquilleos ante el asombro, o un seco espasmo de miedo?

Aun así, el lugar específico que cada emoción ocupa en el cuerpo permanece en el misterio. Más allá de lo psicosomático, o de lo atinada que pueda ser la medicina oriental ancestral –que vincula las enfermedades en los órganos con los estados anímicos–, esa conexión entre los estados del alma y el cuerpo sigue sin poder ser explicada.

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¿Está el amor realmente en el corazón? ¿No estará, acaso, en el hígado?, ¿no se llevará en la piel?

Un grupo de investigadores finlandeses se dio a la tarea de resolver –o intentar resolver– esta intrincada cuestión.

Empezaron con la titánica labor de clasificar y categorizar los sentimientos humanos y todas sus tonalidades –pues sin duda existen cientos, hasta identificar 100 sentimientos “centrales”. Para poder hacer esto y ligar los sentimientos a las diversas partes del cuerpo, los investigadores reunieron las respuestas de 1,000 participantes, quienes contestaron cuestionarios en línea.

Después, con ayuda de una base de datos neuronal, se cotejaron las similitudes entre lo expresado por los participantes y lo recopilado en más de 9 mil estudios previos que involucraban psique y emociones.

Así se creó el primer organigrama de emociones, dividido en cinco grupos de sentimientos:

  • Emociones positivas // felicidad, amor, orgullo, relajación y simpatía
  • Emociones negativas // enojo, miedo, disgusto, vergüenza y soledad
  • Procesos cognitivos // pensar, soñar despierto, razonar, estimar y recordar
  • Estados somáticos y enfermedades, que incluyen tos, picazón, escalofríos, dolor físico
  • Estados homoestáticos // incluyendo hambre y sed por un lado, y comer y beber por el otro

Con la información y el organigrama, los investigadores crearon el primer mapa emocional del cuerpo con base en el calor, dando a cada grupo de emociones un color. Curiosamente, algunos de los resultados empatan con las creencias más arraigadas en la cultura:

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* Ver mapa zoom

El amor se siente poderosamente en el corazón, aunque se extiende por toda la caja torácica y llega hasta la cabeza.

Pero quizá lo más bello es que la memoria, contrario a los demás procesos cognitivos, no sólo enciende la cabeza, sino también una parte del corazón. Pero, ¿por qué?

Probablemente este estudio deje, otra vez, más preguntas que respuestas… Ya sabemos dónde se alojan las emociones, pero, ¿por qué ocurre así? Para averiguarlo, habrá que seguir navegando los misterios de la psique y el cuerpo con ayuda de la ciencia.



Johnson & Johnson sabía desde hace décadas que su talco para bebé era cancerígeno

Difícil imaginar algo más siniestro que un grupo de ejecutivos persiguiendo ventas a costa de vidas humanas.

Sicarios, terroristas, genocidas, asesinos seriales y psicópatas activos. Uno pensaría que este breve listado de “roles” englobaría a lo más nocivo de la fauna humana, pero ¿dónde quedan esos ejecutivos que a costa de millones de vidas humanas, del futuro del planeta y de la salud colectiva, persiguen obscenamente mayores ganancias?

El pasado 14 de diciembre se confirmó, vía un reporte publicado por Reuters (que puedes consultar aquí), que la monumental Johnson & Johnson sabía por décadas que su masivamente popular talco para bebé contenía asbesto, una sustancia potencialmente cancerígena, y que en lugar de enmendar su fórmula –suponemos que en detrimento de sus ganancias–, hizo todo lo posible por ocultarlo.

El reporte de Reuters se basa en cientos de documentos internos de esta compañía, además de otros obtenidos a lo largo de juicios contra esta corporación y otros recopilados por periodistas y organizaciones. Todos estos documentos también fueron hechos públicos y puedes consultarlos aquí.

La pulverización de la ética y la moral

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¿Qué nos ha ocurrido como sociedad, incluso como especie, para llegar a escenarios como el que dibuja el caso Johnson & Johnson? ¿En qué momento permitimos el cultivo de grupos que privilegian el margen de rentabilidad de sus respectivas compañías por encima de la vida humana? ¿Cómo vamos a frenar a estos grupos e intereses para erradicarlos a la mayor brevedad posible? ¿Cómo pueden vivir, dormir y reproducirse personas que practican o solapan este tipo de políticas corporativas ? 

Un cambio de paradigma

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Más allá de clamar por un castigo proporcional al daño cometido –si es que existe una pena de esas dimensiones–, y de condenar categóricamente el anti-espíritu que reina detrás de acciones como las de Johnson & Johnson, valdría la pena hacer de este funesto precedente un parteaguas en el papel que juegan las marcas y las compañías en el destino de nuestra especie y en la forma de relacionarnos con el planeta. 

Si los consumidores, es decir todos nosotros, castigamos a las marcas y compañías que atentan contra nuestra salud y la de nuestro entorno, que explotan a sus empleados y recurren a procesos productivos absolutamente irresponsables, que ponen su patológica búsqueda de ganancias por encima de cualquier otro factor y repercusión, entonces estarán irremediablemente condenadas a la extinción. Además, si en cambio premiamos a aquellas marcas y productos que abiertamente están esforzándose por cambiar el paradigma de ganancia a toda costa –aún cuando tengan una historia poco loable pero, hasta cierto punto, “entendible” por la falta de conciencia de momentos anteriores en la historia–, y sobretodo a aquellas iniciativas que desde su misma esencia están orientadas a ser sustentables, entonces este proceso podría acelerarse.   

No se trata necesariamente de inaugurar una cacería de brujas, aunque si de exigir legislaciones que impidan que estas prácticas sigan ocurriendo y castiguen, con toda severidad, a los infractores. En realidad se trata de hacerles entender a las grandes trasnacionales, y a las marcas en general, que si quieren aspirar al privilegio de nuestro consumo, entonces tienen que asegurarnos que el bienestar de todos los involucrados –empleados, consumidores, medioambiente– es prioritario en su operación. 

Esperamos pues que Johnson & Johnson, y muchos otros, paguen por el daño, por cierto irreversible, que le han ocasionado a la sociedad en su persecución de más jugosas ganancias; pero sobretodo deseamos que casos como este alimenten sustancialmente los nuevos y urgentes paradigmas de consumo responsable, ética corporativa y humanización del mercado.   

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Sólo ser feliz puede romper tu corazón: tips para lo inconcebible

El síndrome del corazón roto puede ser ocasionado por situaciones felices: ¿qué nos dice esto sobre cómo transitar la vida?

Tal vez no sepamos tanto sobre la felicidad como creemos. Hasta ahora, sabemos que es un estado del ser al que todos aspiramos. Pero en la vida contemporánea le hemos perdido un poco la pista a la felicidad, y en lugar de buscarla en nuestras acciones la buscamos en momentos de éxtasis que, quisiéramos, duraran para siempre. No obstante, la buscamos porque la necesitamos, pero ¿dónde está realmente?

Una extraña condición cardíaca podría hacernos

volver sobre la pista de la felicidad.

Takotsubo es el síndrome del corazón roto, también llamado “discinesia”. Se trata de una extraña condición cardíaca que debilita los músculos del miocardio y que es desencadenada por estados emocionales negativos que persisten a largo plazo. Pero contrario a un infarto, el Takotsubo no es desencadenado por un instante de ira o estrés: sus síntomas, aunque parecidos –dolor en el pecho, presión arterial alta, náuseas–, se presentan en etapas de duelo.

Existen muchos casos donde una persona desarrolla el síndrome del corazón roto después de que su pareja muere. Este fue el caso de Margarita, una paciente cuyo testimonio recogió el portal SinEmbargo, que perdió a su esposo en un accidente automovilístico tras 40 años de matrimonio. 1 mes después la diagnosticaron con Takotsubo, lo que nos hace preguntarnos si es posible morir de amor… o de alguna otra emoción, como la felicidad.

Porque en un estudio reciente, en el cual participaron 1750 pacientes con el síndrome del corazón roto, se concluyó que esta condición puede ser motivada también por situaciones de felicidad, como una boda. Sólo un 4% de los pacientes desarrolló el síndrome tras un evento que involucraba felicidad, pero aun así es un resultado extravagante que sorprendió a los científicos y que viene a demostrar que el efecto de las emociones sobre el cuerpo es algo que aún desconocemos.

El síndrome del corazón roto nos hace preguntarnos:
¿se traduce la felicidad en bienestar? ¿deberíamos sólo aspirar a la dicha, al goce y al placer?

Todo esto depende de cómo concebimos las emociones y a los distintos estados del ser. O, más holísticamente: cómo todo esto confluye en nuestra experiencia vital. Lo cierto es que, como nos han enseñado antiguas disciplinas orientales como el vipassana, vivir es un arte. Y el arte siempre está mediado por distintas emociones y contradicciones, como la existencia misma. Ese es su equilibrio fundamental.

El verdadero bienestar se encuentra en saber equilibrar lo externo y lo interno: cultivar el amor propio sin aislarnos, aprender a estar en silencio sin que ello implique volverse intolerante a cualquier pequeño ruido. Esto significa que debemos ser capaces de lidiar con emociones tan antagónicas como el amor y el odio, así como fluir entre estados de tristeza y felicidad. Porque nada está dicho: la felicidad puede desencadenar el síndrome del corazón roto, así como el estrés puede ser benigno.

Quizá, no entender esto es lo que ha ocasionado que la felicidad esté a la baja en el mundo –o por lo menos que esa sea la percepción colectiva–, pues nuestras concepciones de felicidad y bienestar podrían estar siendo incapaces de empatar con un mundo contradictorio en el que no sabemos fluir. En ese sentido deberíamos ver la vida, sus placeres y desgracias, como ese momento en el que podemos satisfacer el hambre: sin duda, el acto de comer es delicioso y provoca bienestar, pero no lo sería si, en principio, no tuviésemos hambre.

El ligero equilibrio de la vida consiste en saber lidiar con el hambre al tiempo que gozamos el momento de saciarla.

 

* Ilustración principal: A. C. Arbeláez