Para los seres humanos ha sido especialmente complicado poner en práctica el distanciamiento social. Sin embargo, todo será más sencillo cuando entendamos que esta acción parece tener su nacimiento en las profundas raíces de la evolución animal.

Más allá de una cuestión de vida o muerte, el distanciamiento o aislamiento es parte de la génesis humana, un proceso de evolución que nos permite preservar la especie. La pandemia por el nuevo coronavirus ha provocado, entre muchas otras cosas, el distanciamiento de las personas.

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Esta no es la primera vez que las circunstancias obligan a la naturaleza y algunas de sus especies a alejarse. Una variedad de animales se han visto forzados a transformar su comportamiento con el fin de reducir el riesgo de propagar alguna enfermedad. Y si no lo crees, pon atención a las siguientes especies que han efectuado el distanciamiento social por supervivencia y de forma natural.

 

Abejas

Las abejas melíferas son uno de los insectos eusociales más famosos, es decir, son un grupo o una sociedad que se caracteriza por tener un cuidado cooperativo de las crías y división de trabajos. Estos grupos o colmenas de abejas son especialmente víctimas de muchas bacterias, parásitos, hongos o virus.

La ventaja de estas especies eusociales es que tienen una detección y acción rápidas para evitar que una enfermedad acabe con todo el grupo. En el caso de las abejas, los adultos son capaces de oler a las larvas infectadas e inmediatamente las eliminan de la colmena.

 

Ranas

En el caso de las ranas, una investigación logró determinar que los renacuajos son muy hábiles para eludir infecciones. Al igual que las abejas, los renacuajos son capaces de descubrir a otros renacuajos que albergan una infección. De esta forma pueden cambiar su comportamiento e incluso la forma de su cuerpo para reducir la posibilidad de morir.

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Monos

Para otras especies la decisión final sobre el integrante infectado dependerá de qué tan social es el grupo. En el caso de los mandriles o monos, éstos identifican las infecciones a través de las heces. Después de eso, algunos deciden aislar a los miembros o disminuir el aseo grupal, mientras que otros abandonan el grupo definitivamente.

 

Murciélagos

Las colonias de murciélagos pueden llegar a tener miles de integrantes y dependen de cada miembro para sobrevivir. La red social de los murciélagos es un sistema de apoyo y cooperación casi perfecto, cuentan con comportamientos beneficiosos, aseo recíproco e intercambio de alimentos.

Considerando que estos individuos algunas noches comparten alimento, un estudio analizó las posibilidades de contagio y las afectaciones en su dinámica social. Los resultados indicaron que los murciélagos enfermos evitan el contagio con otros, y de igual forma dejan de compartir alimento durante algunos días.

 

Hormigas

Las hormigas son reconocidas por contar con grandes redes de trabajo bien organizadas. En el caso de las hormigas negras, los miembros de la colonia infectada por hongos pasan poco tiempo dentro de la colonia para evitar el contagio.

Ante la falta de estas hormigas el resto reorganiza las actividades para que los miembros sanos salgan por comida, mientras que las hormigas nodrizas llevan al fondo del nido a las más jóvenes para evitar el contacto.

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Recordemos que no somos los únicos en el planeta con interacciones. Hay otros seres que modifican sus comportamientos con el fin de evolucionar y sobrevivir en un mundo lleno de riesgos. Si sabemos que estos patógenos actúan con rapidez y pueden extenderse sin límites a través de una población, resulta necesario tomar el distanciamiento social con seriedad y hacerle caso a lo más cercano a nosotros: la naturaleza.

 

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