¿Los museos pueden robar cultura? Comunidad indígena exige al Museo Británico devolver estatua robada

Miembros del pueblo rapanuí de la isla de Pascua exigen la devolución de una estatua de más de 2 metros exhibida en el Museo Británico.

En 1868, el moái Hoa Hakananai’a fue robado del centro ceremonial de Orongo en la isla de Pascua por Richard Powell, comandante de la fragata inglesa Topaze, quien después regaló la estatua a la reina Victoria de Inglaterra. En la actualidad, la estatua de 2 metros y medio se encuentra exhibida en el recibidor del British Museum.

Para los occidentales, se trata solamente de una de las conocidas estatuas de la isla de Pascua; pero para los rapanuís, quienes siguen habitando la isla, se trata no sólo de un fragmento de su historia, sino de un miembro de su familia.

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En agosto de este año, una delegación del pueblo rapanuí, con apoyo de Felipe Ward, Ministro de Bienes Naturales de Chile, partió rumbo a Londres con la finalidad de reclamar la devolución del moái a quien consideran uno de sus ancestros. Para los rapanuís, los moái conservan el alma de sus familiares y los mantienen unidos como comunidad.

“Queremos que el museo entienda que Hoa Hakananai’a es nuestra familia, no sólo una roca”, declaró Anakena Manutomatoma, integrante de la delegación.

Desde entonces, diversas campañas en Chile han apoyado el regreso del moái a su lugar de origen, y el apoyo en redes sociales no se ha hecho esperar:

 

El pasado 20 de noviembre, Ward dio a conocer que una comisión de representantes del British Museum acudiría a la isla de Pascua con la finalidad de entablar diálogo con el pueblo rapanuí. Aún no se llega a un acuerdo, pero voceros de ambas partes han declarado estar en la mejor disposición de negociar.

En caso de lograrse la devolución, luego de 150 años de su robo, sentaría un precedente histórico para el resto de los pueblos indígenas del mundo cuyos objetos sagrados son exhibidos en museos, así como una reparación considerable para la memoria de los colonizados.

El nombre “Hoa Hakananai’a” significa, en lengua rapanuí, “amigo extraviado” o “robado”.



El cuarto de alguien que sufre depresión es un reflejo de su mente (estas fotografías lo demuestran)

Para entender a alguien con depresión debes ser capaz de entrar en su mente. Aunque quizá baste con echar un vistazo a su cuarto.

Muchas veces, el desorden psíquico y emocional decanta en el desorden de los espacios que habitamos. La relación puede ser inversa, y que sean los espacios desordenados los que desordenan nuestra mente. Como sea, ambas situaciones promueven un circulo vicioso de depresión: una condición que se ha vuelto casi epidémica en nuestra era, que se caracteriza por estar saturada de estímulos baratos que no satisfacen nuestras necesidades más primigenias.

La depresión afecta a más de 300 millones de personas en el mundo, según la OMS. Entender esta condición es por ello un imperativo de nuestra época. Estimular nuestra empatía es necesario para ello, lo que requiere de que nos sumerjamos en la mente del depresivo y aprendamos a ver el mundo con sus ojos. Aunque puede que baste con echar un vistazo a su cuarto o a cualquier de sus espacios vitales, que es como entrar a su mente por otra vía.

Y es que nuestra mente y nuestra realidad tienen nexos indiscutibles. Eso es lo que creen algunos monjes zen, para quienes limpiar su espacio es equivalente a limpiar su mente. Las fotografías que te presentamos a continuación son un ejemplo de ello. Usuarios de internet muestran en ellas el antes y después de la depresión, que a su vez ejemplifican con el antes y después de sus cuartos. Una oportuna curaduría realizada por Šarūnė Mac para el portal Bored Panda.

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Tutuma, el hombre que ha recolectado basura durante 7 años en la Isla de Pascua

Con el paso de los años, Francisco Picco, mejor conocido como Tutuma, se dio cuenta que el paraíso del que se había encariñado empezaba a destruirse por el número creciente de los desechos plásticos que llegaban a la isla , como una meta personal se dedico a recoger los residuos que llegaban a las costas.

Hace 15 años Francisco Picco, mejor conocido como Tutuma, llegó a la Isla de Pascua, Chile, proveniente de Francia para tomar unas cálidas vacaciones, pero nunca se fue. La razón fue una mujer local que se convirtió en su esposa y un nuevo ideal que no podía cambiar por otra cosa.

Con el paso de los años Tutuma se dio cuenta de que el paraíso del que se había encariñado empezaba a destruirse por el número creciente de los desechos plásticos que llegaban a las costas de las playas. La basura llegaba de todas partes del mundo arrastrada por las corrientes marítimas

Y en vez de mirar hacia otro lado, como muchas personas lo hacen, decidió limpiar las playas con la ayuda de su esposa.

Durante 7 años Tutuma se ha dedicado a recoger en la Isla de Pascua todo tipo de desechos, llantas, cajas, redes de pesca inservibles, botes de plástico, etc. Sin embargo, después de haber limpiado toneladas de materiales tóxicos que no sólo hicieron de la isla menos atractiva para los turistas, sino también una amenaza para la salud de la fauna y los lugareños, sus esfuerzos no han recibido suficiente reconocimiento y apoyo por las autoridades locales.

El municipio le paga un sueldo modesto por limpiar las playas un par de veces a la semana, y un hotel de la localidad le proporciona bolsas de basura grandes para colocar los residuos. Pero Tutuma dice que necesita a más personas que le ayuden y un transporte adecuado para hacer el trabajo.

El ambientalista dice que disfruta del ejercicio que hace durante sus jornadas de limpia en las playas de la Isla de Pascua y no puede salir de su conciencia que su trabajo beneficia a la comunidad y hace que en una parte del mundo las cosas están cambiando gracias a su trabajo solitario.

[Tree Huger]