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El Ojo de Dios, la nebulosa que nos observa a 650 años luz

A 700 años luz de la Tierra hacia la constelación de Acuario, se encuentra una estrella similar a nuestro Sol, salvo porque está muriendo lentamente. Sus últimos años de vida han generado un fenómeno cósmico asombroso, una obra de arte vista desde nuestros telescopios, se trata de la Nebulosa de la Hélice, mejor conocida como el Ojo de Dios por su forma espectacular que da la impresión de estarnos observando.

Según la NASA, el Ojo de Dios es en realidad una nebulosa planetaria cuyo nombre es NGC 7293. Este tipo de objetos celestes se forman a partir de los restos de estrellas que alguna vez se parecieron mucho a nuestro Sol, reactores nucleares enormes de fusión cuya actividad en sus núcleos es la responsable de tremendo brillo. Gracias a la fusión es que obtenemos toda la luz que propició la vida en la Tierra, así como el calor que nos mantiene en equilibrio.

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¿Cómo se formó la nebulosa Ojo de Dios?

Eventualmente el Sol de nuestro sistema planetario algún día agotará su combustible por completo, convirtiéndose en una enana blanca. Una estrella que posee una gran cantidad de masa contenida en un área mucho menor a la de la estrella inicial. Eso fue precisamente lo que le sucedió a la nebulosa del Ojo de Dios, luego de tener una vida longeva se convirtió en una enana blanca. Luego la intensa radiación de ultravioleta proveniente de la estrella en agonía, calentó las capas de gas expulsadas que los telescopios ven como luz infrarroja sumamente brillante.

Precisamente este gas caliente es el que le da forma a la nebulosa de la Hélice y le da su apariencia de ojo. El círculo más brillante es el resplandor ultravioleta e infrarrojo, la combinación de un disco polvoriento que rodea a la enana blanca. Los astrofísicos creen que este polvo probablemente es el resultado del caos provocado justo en su lecho de muerte.

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Y reinó el caos 

Al igual que el Sol, probablemente muchos planetas orbitaron alrededor del Ojo de Dios. Sin embargo, cuando esta se quedó sin hidrógeno para seguir consumiendo y arrancó sus capas exteriores, el caos reinó dentro del sistema. De esta forma, los planetas y demás cuerpos que giraban ordenadamente a su alrededor fueron arrojados unos contra otros. Provocando una tormenta de polvo cósmico en consecuencia. El mismo disco polvoroso que podemos observar en las imágenes magistrales captadas por distintos telescopios que vigilan de cerca a la nebulosa desde hace más de dos décadas.

Las diferentes imágenes de la nebulosa captada desde diferentes telescopios, nos muestran lo asombrosos que pueden resultar los objetos cósmicos, que si bien ahora conocemos con mayor detalle, no dejan de evocarnos al misterio y despertar la curiosidad. Además nos recuerdan la constante búsqueda del hombre por encontrar respuestas en lo divino pues el simple nombre de Ojo de Dios, nos remite a lo místico, sea lo que sea que signifique esto para usted.

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