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En una conexión única, hay animales que perciben el campo magnético de la Tierra

Algunas especies de animales dependen de traslados a través de grandes distancias para poder subsistir. Las pardelas sombrías, por ejemplo, a traviesan alrededor de 64 mil kilómetros al año desde Nueva Zelanda hasta el Pacífico Norte para encontrar comida. Las mariposas conocidas como cardos vuelan hasta 12 mil kilómetros en su circuito migratorio desde el Mediterráneo hasta África. Estas rutas han sorprendido a los etólogos que intentan comprender cómo es que logran orientarse sin perderse del camino. Recientes investigaciones sugieren que el secreto no es exclusivo de las aves, sino que varios animales son capaces de percibir el campo magnético.

A menos que se tenga un súper poder que lo convierta en una brújula humana, el hombre no posee la capacidad de orientarse por sí mismo en la inmensidad de la Tierra. En un inicio se utilizaron las señales del cosmos como método de orientación. Pero luego los antiguos pobladores hicieron un descubrimiento que revolucionó para siempre los sistemas de orientación; la brújula. Nos tomó milenios descubrir cómo funciona el campo magnético del planeta, no obstante, los animales lo hacen por mero instinto.

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Einstein y el sentido de orientación de las aves

Albert Einstein ya había desarrollado la hipótesis de que las aves podían percibir de alguna manera el campo magnético y gracias a esto tener rutas migratorias tan extensas. Más tarde se confirmó su hipótesis y se descubrió que los ojos de las aves funcionan como brújulas cuánticas. Pero conforme avanzan las investigaciones se ha ido revelando que no son los únicos animales magnetoreceptores.

Un equipo de investigación de la Universidad de Pekín, descubrió de dónde proviene tal habilidad; en una proteína. El equipo de expertos halló tal elemento en la mosca de la fruta, sin embargo, la estructura de la proteína también se encuentra presente en los ojos de las palomas, en las mariposas, las ballenas y otros animales.

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Hasta ahora no se tenía claro dónde se alojaba la habilidad de los animales para orientarse con el campo magnético. Existían dos teorías principales que apuntaban hacia dos elementos distintos. Por un lado, se propuso que las moléculas que aglutinan el hierro eran las responsables, mientras que por el otro, se apuntaba hacia la proteína criptocroma, que percibe la luz.

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Corinna Langebrake[/caption]

Una brújula proteica 

El aporte de los investigadores de la Universidad de Pekín es que miraron en ambas direcciones y descubrieron que forman parte de un mismo sistema. Al analizar genéticamente a las moscas de la fruta, hallaron una proteína llamada MagR que al unirse al criptocroma forma una especie de bastón. Y es justamente este bastón el que se comporta como un sensor magnético complejo que es capaz de descifrar la dirección, intensidad e inclinación del campo magnético terrestre.

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Ambas moléculas están presentes en distintos animales como ya hemos mencionado antes. Por lo tanto, no sólo las aves han desarrollado la capacidad de alinearse con las líneas magnéticas, sino que muchas otras especies utilizan este sistema de orientación. En ese sentido, los animales nos llevan milenios de ventaja.

Referencias:
Qin, S. Yin, H. A magnetic protein biocompass. Nature Materials. DOI

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