En el mundo hay 2,500,000 millonarios, en su mayoría hombres, que tienen más riqueza que 4.6 mil millones de personas, que representan el 60% de la población. Este es sólo uno de los relevantes datos que, como tradición, presenta la organización sin fines de lucro Oxfam en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, en su reporte anual de inequidad.  Hoy queremos hablar del sistema económico y dejar que los datos revelen las historias ocultas de la desigualdad. 

 

El sistema económico y sus dimensiones

Cuando se piensa en miles de millones o billones de dólares, es difícil dimensionar lo que esas cifras quieren decir. Con eso en mente, el reporte de Oxfam ofrece unas comparaciones que ayudan a poner las cosas en perspectiva. Por ejemplo, los 22 hombres más ricos del mundo poseen más riqueza que todas las mujeres de África. Y este dato se puede desglosar un poco más. Este continente representa cerca de 16% de la población mundial. Según datos de la ONU, actualmente África tiene una población de 1,300 millones de personas, de las cuales cerca del 50% son mujeres. 

Los hallazgos de este reporte también muestran que el 1% más rico de la población mundial posee más del doble de riqueza que 6,900 millones de personas. Y, por si fuera poco, se explica que si una persona hubiese ahorrado 10,000 dólares diarios desde el momento en que se construyeron las pirámides de Egipto, ahora poseería tan sólo una quinta parte del promedio de la fortuna de los cinco multimillonarios más ricos del mundo. Aunque las brechas entre países históricamente han sido distintas, hay una constante: las mujeres, sobre todo de escasos recursos, siempre son las más afectadas. 

 

Economía de (y para) los hombres

Los hombres poseen 50% más de riqueza que las mujeres, y no por casualidad. El sistema económico, político y social está conformado por hombres y articulado por ellos. Se establecieron reglas del juego que benefician a unos pocos. El modelo capitalista se ha equivocado, porque la competencia no es justa. El terreno nunca ha sido parejo. El reporte asegura que el modelo actual “se aprovecha activamente de las creencias y valores que restan autonomía a las mujeres, especialmente a aquellas que viven en situación de pobreza y a las que pertenecen a determinados grupos étnicos y religiosos”. 

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Todavía existen países donde se prohíbe que las mujeres sean titulares de tierras, de acciones y otros activos de capital. Incluso en los países en los que esto se permite, son más hombres los que poseen estos bienes. Por eso, para Oxfam, el sistema neoliberal es, en esencia, sexista. Ha impulsado salarios mal pagados que afectan los derechos laborales, especialmente de las mujeres. Sólo en África subsahariana, las mujeres que trabajan en los sectores de la elaboración de productos, servicios y comercio perciben el 70% del salario que obtienen los hombres por el mismo trabajo. El modelo económico actual favorece la acumulación y concentración de riqueza en una élite que explota a las mujeres y a las niñas. 

 

Lo que no se ve del sistema

La economía diseñada por y para los hombres se sostiene al invisibilizar mecanismos que hacen que la economía del día a día opere gracias a todo el trabajo no remunerado que hacen las mujeres, como el de cuidados. Esta labor equivale a 12,500 millones de horas diarias (sin considerar las que no se pueden contabilizar, a cambio de salarios pobres). Oxfam ha calculado que este trabajo aporta a la economía un valor añadido de al menos 10.8 billones de dólares. Y este dato, ¿es grande o es pequeño? En 2019 el Fondo Monetario Internacional calculó que el producto interno bruto (PIB) de China sería de 25.3 billones de dólares, y de 20.5 billones para Estados Unidos. Y, sin embargo, el cálculo de Oxfam es una subestimación muy por debajo del valor real de las actividades no remuneradas. 

El trabajo del economista Thomas Piketty y su equipo sirve para ver que la historia de la humanidad es una de desigualdades. Sus investigaciones, citadas en el reporte de Oxfam, demostraron que entre 1980 y 2016 el 1% más rico de la población recibió 27 centavos por cada dólar de crecimiento de los ingresos a nivel mundial. Eso representa más del doble del porcentaje recibido por el 50% de la población más pobre, que tan sólo obtuvo 12 centavos por cada dólar. El mundo es rico, pero la riqueza se distribuye de forma desigual. Si no se hacen cambios al modelo actual, Oxfam estima que jamás se logrará erradicar ni reducir de forma significativa la pobreza. 

Fernando Rosales Valenzuela

 

Algunas aclaraciones sobre los datos

Para hacer esta publicación sobre desigualdad, Oxfam usa los datos del reporte global de Credit Suisse. Dicho reporte analiza la riqueza de los hogares de 5.1 mil millones de personas en todo el mundo. Aunque el número parece enorme, hay algunos problemas de medición que Oxfam reconoce.

Hay una percepción generalizada de que los datos que se usan subestiman la magnitud de la riqueza. Esto sucede por varios motivos: falta de transparencia de los países para compartir datos y la inexistencia de cifras oficiales o la falta de confianza en ciertas cifras, debido a que no son tan representativas (por un mal muestreo o recolección de datos). En conjunto, esto puede afectar la calidad de los datos. Otra barrera que se tiene que tomar en cuenta cuando se mide la desigualdad de ingresos es que muchas personas tienen riqueza negativa, es decir, sus deudas son mayores a sus ingresos. Un ejemplo de esto podrían ser las deudas de los estudiantes universitarios en países ricos como Estados Unidos. 

 

Ahora, aterricemos las ideas

Ahora hay que entender cómo afecta la riqueza negativa los datos, para saber cómo interpretarlos. Las personas que experimentan este fenómeno pueden aparecer dentro de los porcentajes de pobreza más bajos. En el reporte de 2019, por ejemplo, el 10% inferior incluía a un grupo de europeos y norteamericanos.

Sobre esto, habría que decir dos cosas. Primero, que la pobreza no se está interpretando bajo los mismos criterios y, segundo, que este grupo de personas suele ser un número bastante reducido. Sin embargo, desde 2015, Oxfam ha defendido su metodología de las diferentes críticas afirmando que:

los 2,800 millones de personas que componen los deciles 2-5 (la mitad más pobre del mundo) poseen colectivamente sólo el 1% de la riqueza mundial, alrededor de 2.6 billones de dólares. Eso es aproximadamente la misma cantidad de riqueza que poseen los 147 multimillonarios más ricos del mundo.

En otras palabras, es una forma de decir que la manera en la que se incorpora la riqueza negativa dentro de las mediciones no distorsiona de forma significativa el panorama de desigualdad que hay en el mundo. Además, la riqueza negativa es un ejemplo de otra falla importante que hay en el sistema económico actual. 

 

¿Un nuevo sistema económico?

Entre la teoría y la práctica siempre hay desfases. Así lo demuestra la literatura sobre políticas públicas, e incluso algunas críticas sobre estudios antropológicos. Pero la teoría sirve como punto de partida para imaginar nuevos panoramas y desarrollar estrategias hacia un horizonte de expectativas comunes.

Siguiendo con algunas de las ideas propuestas por Piketty que ha logrado posicionar el tema de la desigualdad con libros como El Capital Oxfam hizo un cálculo menos agresivo de un sistema tributario progresivo que el sugerido por el economista. Si se incrementara sólo 0.5% adicional en el tipo de impuesto que grava la riqueza del 1% más rico de la población, en los próximos 10 años se podrían recaudar los fondos necesarios para invertir en la creación de 117 millones de puestos de trabajo en diferentes sectores como educación o salud. Y si se aplicase un impuesto de 1% completo, podrían recaudarse miles de millones de dólares para luchar contra la pobreza y reducir la desigualdad en el mundo. 

 

Empecemos por lo general

Cada país tiene distintas necesidades y márgenes de acción. No obstante, hay algunas cosas que todos pueden considerar. Desde una perspectiva feminista, el reporte propone la adopción de ciertas medidas que podrían contribuir a cerrar la brecha entre ricos y pobres, mientras se garantizan los derechos fundamentales de las personas y se reconoce la importancia de los cuidados para el bienestar de las sociedades y las economías, que ha estado a cargo principalmente de las mujeres. En síntesis, algunas de las propuestas son las siguientes:                                        

  1.  Invertir en sistemas nacionales de atención y cuidados que permitan atender la desproporcionada responsabilidad de trabajo de cuidados que recae sobre las mujeres y las niñas. Se debe incluir la provisión de acceso universal a agua potable, servicios de saneamiento y sistemas de energía domésticos.
  2. Los gobiernos deben adoptar medidas valientes y decididas, gravando la riqueza y las rentas más altas. 
  3. Los gobiernos deben garantizar la adopción de políticas jurídicas, económicas y laborales que protejan los derechos de todas las personas que llevan a cabo el trabajo de cuidados no remunerado, tanto en el sector formal como en el informal, así como vigilar la aplicación de éstas. 
  4. Los sistemas nacionales de atención y cuidados creados por los gobiernos deben destinar recursos a combatir estas normas sociales nocivas y las creencias sexistas, por ejemplo, a través de campañas publicitarias.
  5. Los gobiernos deben facilitar que tanto las personas que se ocupan del trabajo de cuidados no remunerados como las trabajadoras y los trabajadores del hogar participen en los procesos y foros de elaboración de políticas a todos los niveles. 

                                                                                                                                

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