El Sahara, el desierto más grande y caluroso del mundo, se cubrió de una capa de hielo que nos invita a un viaje iridiscente para admirarlo. Este paisaje extraordinariamente bello es conocido por ser extremo, pero muy singular. En medio de los patrones formados por la arena, parece ser un lugar inhóspito moldeado por la historia geológica de millones de años atrás.

Es un espacio que no presupone nada y sólo adentrándose en él es que podríamos desvelar los secretos que guarda. Aunque la peligrosidad de la aventura está vaticinada; con las altas temperaturas que alcanza de día y la tempestuosa noche fría.

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Karim Bouchetata

Calor es quizá el sustantivo que se cuela en el imaginario colectivo al pensar en el Sahara y con justa razón, de día alcanza los 55° C a la sombra. Imaginar la superficie arenosa del desierto cubierta de hielo va en contra de la lógica, pero la naturaleza siempre ostenta un grado de impredecibilidad.

Un paisaje iridiscente 

Así es como las condiciones meteorológicas nos permiten apreciar un viaje iridiscente a través de finos cristales de hielo que recubren el Sahara. Un fenómeno que se ha presentado sólo por cuarta vez en 42 años.

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Karim Bouchetata

Cuando el hielo aparece, no tarda mucho tiempo en sucumbir a las temperaturas del imponente desierto. Afortunadamente, Karim Bouchetata estuvo presente para capturar a través de su lente el paisaje iridiscente cubierto de hielo del Sahara.

El fotógrafo documentó a detalle el fenómeno en las afueras de la ciudad de Ain Sefra, en el noreste de Argelia, muy cerca de la frontera con Marruecos. Gracias a la altura del terreno de mil pies sobre el nivel del mar, la nieve es una posibilidad. Se han registrado fuertes nevadas en dos ocasiones en diciembre de 2016 y enero de 2018.

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Karim Bouchetata

En esta ocasión sólo se aprecia una ligera capa de hielo, no obstante, es suficiente para admirar la inefable belleza que nos muestra la madre tierra, desafiando toda posibilidad. 

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